Preocupa a los "aliados" de Washington la discusión sobre erradicar el opio afgano

4 de febrero de 2009

2 de febrero de 2009. (LPAC).— Después de años de la explosión del opio en Afganistán, paralelo al crecimiento de la insurgencia en Afganistán y en el vecino Paquistán, ha empezado a discutirse seriamente en Washington la prioridad de las medidas tendientes a identificar al opio como el estímulo decisivo del terrorismo en la región. Esto, sin embargo, no he la caído en gracia ni a George Soros, ni a algunos de los aliados de Estados Unidos involucrados en la guerra en Afganistán.

Luego del exabrupto instigado por los británicos en Europa, en contra del comandante supremo estadounidense, general John Craddock, quien le había subrayado a los comandantes de la OTAN la necesidad de aniquilar a los "narco-kans" de Afganistán, el diario Washington Post publicó un artículo editorial el 2 de febrerol, firmado por Fareed Zakaria, jefe de redacción de Newsweek International, que pedía resolver el embrollo afano con un enfoque de cuatro aristas: hacer contrainsurgencia; volver creíble al gobierno afgano; hablar con el Talibán y resolver lo de Paquistán. Absurdo, pero el artículo cumplió con su objetivo: evitar el tema del opio.

En otro artículo en el Financial Times de Londres del 2 de febrero, Anatol Lieven, deseoso de encontrarle una salida a los estadounidenses de Afganistán, dijo que "el nuevo plan debe incluir la legitimización de las fuerzas políticas representadas en el Talibán, como con el Sinn Fein en el norte de Irlanda". Aunque el Sinn Fein y el Talibán no son fuerzas comparables, y apostaría que Lieven lo sabe, lo que interesa a Lieven es resolver el asunto sin tocar en lo absoluto el mar de amapolas en Afganistán.

Quines están hablando de entregarle Afganistán al Talibán, dejando intactos sus campos florecientes de amapola, son también los enemigos de Irán y de Asia central. A pesar del hecho de que le han "lavado el cerebro" a la comunidad mundial con la campaña de un "Irán malo" que busca armas nucleares, en los últimos años Irán ha sido destruído sistemáticamente por los 8,300 efectivos británicos que protegen la producción y tránsito de las 4,500 toneladas de opio que se cultivan anualmente en las provincias del sur de Afganistán, frontera con Irán.