Freeman renuncia a presidir la CIN: ataca al Cabildo Israel

11 de marzo de 2009

11 de marzo de 2009 (LPAC).— Chas Freeman retiró hoy su nombre de la candidatura para presidir el Consejo de Inteligencia Nacional, luego de semanas de ataques calumniosos implacables por parte del derechista Cabildo Israel. Horas después de que el Director de la Oficina de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, hizo el anuncio de que había aceptado con pesar la solicitud de Freeman, Freeman dió a conocer la siguiente declaración, que con seguridad va a poner como locos a los de la camarilla del AIPAC:

Para estos momentos habrán visto la declaración del Director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair, informando que he retirado mi aceptación previa de su invitación a presidir el Consejo de Inteligencia Nacional.

He concluído que la andanada de distorsiones difamatorias de mi servicio público no van a cesar cuando tome posesión. Por el contrario, continuará el esfuerzo por difamar y destruir mi credibilidad. No creo que pueda funcionar efectivamente el Consejo de Inteligencia Nacional mientras quien lo preside está bajo constante ataque por parte de personas inescrupulosas con un apego apasionado a las visiones de una facción política de un país extranjero. Yo acepté presidir el CIN para fortalecerlo y protegerlo en contra de la politización, no para meterlo enmedio de los esfuerzos de un grupo de interés especial para ejercer control sobre él, mediante una prologada campaña política.

Como bien lo saben quienes me conocen, he gozado enormemente de la vida desde que me retiré del gobierno. Nada estaba más lejos de mi pensamiento que regresar al servicio público. Cuando me pidió el almirante Blair que presidiera el CIN, respondí que entendía que me estaba pidiendo que renunciara a mi libertad de expresión, mi tiempo libre, la mayor parte de mi ingreso, que me sujetara a la colonoscopía mental de un polígrafo y reasumiera tener que viajar diaramente a un trabajo con enorme cargas y una ración diaria de abuso político. Agregué que me preguntaba si su oferta no tenía una especie de lado oculto. Yo estoy consciente de que nadie es indispensable; yo no soy la excepción. Me tomó semanas de reflexión para concluir que, dadas las circunstancias de desafíos sin precedentes que enfrenta nuestro país, interna y externamente, no tenía otra alternativa más que aceptar el llamado para regresar al servicio público. Por consiguiente renuncié a todas las posiciones que había ocupado y a todas las actividades en las que me había visto envuelto. Ahora espero con ansia regresar a la vida privada, libre de todas mis obligaciones anteriores.

Yo no soy tan presuntuoso como para creer que toda esta controversia era por mí en vez de asuntos de política pública. Estos asuntos tenían poco que ver con el CIN y no formaban parte central de lo que yo esperaba contribuir a la calidad del análisis para el presidente Obama y su gobierno. Aún así, me entristece lo que esta controversia y la manera en la que la virulencia pública de aquellos que se dedicaron a sostenerla, revela sobre el estado de nuestra sociedad civil. Parece que nosotros los estadounidenses ya no somos capaces de sostener una discusión pública seria o ejercer capacidades de juicio independientes sobre temas de gran importancia para nuestro país así como también para nuestros aliados y amigos.

Los libelos en contra mía y sus correos electrónicos fácilmente rastreables muestran concluyentemente que existe un cabildo poderoso determinado a evitar que se ventile ninguna otra perspectiva que no sea la suya, y menos aún en hacer que la población estadounidense entienda las tendencias y eventos en el Oriente Medio. Las tácticas del Cabildo Israel se hunden en lo más profundo del deshonor y la indecencia e incluyen destrucción de personas, selección de citas equivocadas, distorsión deliberada de registros, fabricación de falsedades y un profundo desprecio por la verdad. El objetivo de este cabildo es controlar el proceso político mediante el ejercicio de veto sobre el nombramiento de personas que puedan disputar la sabiduría de sus perspectivas, sustituir lo que es políticamente correcto en vez del análisis, y excluir todas y cada una de las opciones de decisión de los norteamericanos y nuestro gobierno que no sean aquellas que ellos favorecen.

Hay una ironía especial en haber sido acusado de no considerar adecuadamente las opiniones de gobiernos y sociedades extranjeras, por un grupo que pretente tan claramente imponer adhesiones a las políticas de un gobierno extranjero, en este caso, el gobierno de Israel. Yo creo que la incapacidad de la población norteamericana de discutir, o del gobierno de considerar, cualquier opción en las políticas estadounidenses en el Medio Oriente que no sea la de la facción gobernante en la política israelí, ha permitido que esa facción adopte y sostenga políticas que, en última instancia, ponen en peligro la existencia del estado de Israel. No se permite que nadie en Estados Unidos lo diga. Esto no es solo una tragedia para los israelíes y sus vecinos en el Medio Oriente; sino que también le está causando un daño inmenso a la seguridad nacional de Estados Unidos.

La agitación violenta que se produjo cuando se filtró mi posible nombramiento le planteará serias dudas a muchos sobre si el gobierno de Obama será capaz de tomar sus propias decisiones sobre el Medio Oriente y temas relacionados. Lamento que mi voluntad de servir al nuevo gobierno haya terminado arrojando una duda sobre su capacidad de considerar, no digamos decidir, las políticas que mejor sirven a los intereses de Estados Unidos en vez del intento de un Cabildo por imponer la voluntad y los intereses de un gobierno extranjero.

En el juicio de la opinión pública, a diferencia de un juicio legal, uno es culpable hasta que se prueba su inocencia. Los discursos de donde se sacaron de contexto las citas están disponibles para todos aquellos que queran leerlos. La injusticia de las acusaciones en mi contra han sido obvias para aquellos con la mente abierta. Aquellos que buscan impugnar mi persona no tienen ningún interés en refutación alguna de mi parte o de cualquier otra persona.

Sin embargo, para que quede registro: nunca busqué que me pagaran o acepté pago alguno de ningún gobierno extranjero, sea Arabia Saudita, o China, por servicio alguno, ni he hablado nunca a favor de un gobierno extranjero, sus intereses o sus políticas. Nunca he cabildeado en ninguna rama de nuestro gobierno por ninguna causa, extranjera o interna. Yo soy mi propio dueño, no de alguien más, y con mi retorno a la vida privada, volveré de nuevo, para mi propio placer, a servir a ningún amo que no sea yo mismo. Continuaré dando mi opinión conforme lo considere sobre temas que me preocupan a mí y a otros estadounidenses.

Mantengo mi respeto y confianza en el presidente Obama y en el director de Inteligencia Nacional Blair. Nuestro país enfrenta ahora desafios terribles en el exterior así como tambien internamente. Al igual que todos los patriotas estadounidenses, continuaré rezando porque nuestro Presidente nos pueda conducir con éxito a superarlos.