Fascistas de entonces y de ahora, al achecho del legado de FDR

15 de marzo de 2009

Este artículo se publicó en EIR #8, del 27 de febrero de 2009

Fascistas de entonces y de ahora, al achecho del legado de Franklin Delano Roosevelt

por Jeffrey Steinberg y John Hoefle

El 31 de octubre de 1936, el presidente Franklin Delano Roosevelt (FDR), quien hacía campaña para su primera reelección, pronunció su discurso de cierre de campaña, antes de las elecciones de noviembre, ante una nutrida y entusiasta multitud en el Madison Square Garden en la ciudad de Nueva York.

"Durante doce años" declaró el Presidente, "esta nación se ha visto afligida por un gobierno que no oye nada, no vé nada y no hace nada. La nación volteaba a ver al gobierno, pero el gobierno desviaba la vista. ¡Nueve años de mofa con el becerro de oro y tres largos años de calamidades! ¡Nueve años de sufrimiento y tres años viviendo de limosnas! ¡Nueve desquiciados años de espejismos y largos años de desesperación! Poderosas influencias luchan hoy por restablecer este tipo de gobierno, con su doctrina de que el mejor gobierno es el más indiferente".

"Por casi cuatro años, han tenido ustedes un gobierno que en vez de cruzarse de brazos se ha remangado la camisa. Continuaremos con nuestra camisa remangada.

"Tuvimos que pelear en contra de los viejos enemigos de la paz, los monopolios financieros y empresariales, la especulación, una banca imprudente, antagonismo de clases, sectarismo, lucro con las guerras. Han llegado a considerar al gobierno de Estados Unidos simplemente como un apéndice de sus propios asuntos. Ahora sabemos que el gobierno del dinero organizado es igual de pligroso que un gobierno del crimen organizado".

FDR afirmó orgullosamente: "Nunca antes en toda nuestra historia han estado tan unidas estas fuerzas en contra de un candidato, como lo están hoy. Son unánimes en su odio en contra mía, y yo les acepto ese odio".

La American Liberty League

FDR no hablaba en abstracto de alguna conspiración amorfa de los peces gordo de Wall Street. Se refería específicamente a la American Liberty League (ALL, o Liga Americana por la Libertad), una organización fundada en 1934 con el objetivo explícito de destruir el Nuevo Trato, derrotar a FDR en su campaña por la reelección en 1936 e imponer abiertamente el fascismo en Estados Unidos, valiendose de lo que fuera, boletas electorales, golpe militar o asesinato de ser necesario.

Los dirigentes de la Liga Americana por la Libertad no eran chusmas camisas pardas o racistas sureños, aunque sin dudarlo financiaron a esos pandilleros pretendientes a fascistas. Eran los gigantes de Wall Street y los grandes monopolios industriales y de materias primas estadounidenses: los Morgan, los du Pont, los Pew, los Harriman, los Mellon, los Weir, los Warburg, los Rockefeller. Están clasificados, por su odio a FDR y todo lo que él representaba, como enemigos del pueblo estadounidense y de la Constitución Federal, con su cláusula sobre el Bienestar General.

Para cuando Roosevelt pronunció su discurso en el Madison Square Garden, el Comite McCormack-Dichstein (oficialmente, la Comisión Especial de la Cámara de Representantes para Investigar las Actividades Nazis en Estados Unidos) había dado a conocer su informe final. Ese documento de febrero de 1935, basado ampliamente en el testimonio del general Smedley Darlington Butler, concluye: "Se ha obtenido evidencia que muestra que ciertas personas han hecho intentos por establecer una organización fascista en este país. No hay dudas de que estos intentos se discutieron, se planearon y pudieron haberse llevado a cabo cuando y si, sus partidarios financieros lo consideraran conveniente".

Aunque el informe final de la comisión McCormack-Dickstein no menciona por nombre a la American Liberty League —en gran parte debido a que temían represalias— uno de los principales conspiradores, mencionado por Butler y otros testigos, en sus testimonios ante la comisión, ampliamente publicitados, fue Grayson Mallet-Prevost Murphy, tesorero de la Liga.

Murphy, director de Guarantee Trust, Anaconda Copper, Goodyear y Bethlehem Steel, controlados por Morgan, había estado en París en 1919 para la fundación de la Legión Americana, y le había metido $125,000 dólares de su propio bolsillo a la organización, varios de cuyos dirigentes fueron después mencionados por Butler como parte medular del plan para montar un golpe de Estado fascista en Washington, a favor de los intereses Morgan y sus círculos aliados industriales y en Wall Street.

Ya para 1922-1923 el comandante nacional de la Legión Americana, coronel Alvin Owsley, declaraba: "Si alguna vez fuera necesario, la Legión Americana está lista para proteger las instituciones e ideales de nuestro país, así como los Fascisti le hicieron frente a los destruccionistas que pusieron en peligro a Italia. No se olvide que los Fascisti son para Italia lo que la Legión Americana es para Estados Unidos".

Uno de los agentes desplegados por Murphy y Robert Sterling Park, heredero de la fortuna de la máquina de coser Singer, a quien se le asignó la tarea de reclutar al condecorado general Butler al complot del golpe de Estado fascista, fue Gerald MacGuire. A fines de agosto de 1934, según el testimonio de Butler ante la comisión McCormack-Dickstein, se reunión con MacGuire en el Hotel Bellevue en Filadelfia, en donde MacGuire, recién desempacado de un extenso viaje por Europa, dió más detalles sobre el complot de golpe de Estado y desplegó plenamente su carácter abiertamente fascista. MacGuire le dijo a Butler que la "organización de veteranos" que querían que él presidiera, estaba modelada en la Croix de Feu (Cruz de Fuego) francesa, un grupo notorio de veteranos franceses de la I Guerra Mundial profascistas. "Ahora, esa es nuestra idea para Estados Unidos, levantar una organización como esa" le dijo MacGuire a Butler.

Para mejorar sus credenciales con el general, que todavía tenía sus dudas, MacGuire se jactó de que, cuando estaba en Europa, buscando una organización que fuera modelo de su plan, estuvo trabajando desde las oficinas centrales de J.P. Morgan Y Harjers en París, la sucursal francesa del Banco Drexel Morgan original, establecido en el siglo 19.

Aunque los intereses Morgan pretendían imitar el modelo de la Croix de Feu —que fracasó en varios intentos de golpe de Estado en Francia en los 1930— su objetivo indisputable era establecer una dictadura de financieros fascistas al estilo de Mussolini, en los Estados Unidos. El senador republicano por Pensilvania, David A. Reed, un personaje prominente en la Liga, había pronunciado un discurso en el pleno del Senado estadounidense en mayo de 1932, en donde declaraba: "Yo no envidio con frecuencia a otros países por sus gobiernos, pero yo digo que si hubo un momento en que este país necesitara un Mussolini, ese momento es ahora".

Durante un tiempo, la ALL estuvo estigmatizada por sus vínculos con el complot de golpe de Estado fascista puesto al descubierto por el general Butler y la comisión McCormack-Dickstein. Pero, en vísperas de las elecciones presidenciales de 1936, la Liga lanzó una campaña propagandística viciosa en contra de FDR y el Nuevo Trato.

Orígenes contra la prohibición

La American Liberty League era aparentemente una organización nueva cuando se anunció su fundación mediante un comunicado de prensa, en agosto de 1934, cuando el presidente Roosvelt regresaba de sus vacaciones en Hawaii. Pero, de hecho, la ALL no era más que un refrito de la Asociación en Contra de la Enmienda Prohibicionista (AAPA por siglas en inglés), una organización patrocinada por los grandes negocios y Wall Street, dedicada a revocar la Enmienda 18ava, que prohibía la producción y venta de bebidas alcohólicas. La AAPA fue el frente de los mismos intereses británicos y de J.P. Morgan que después habrían de lanzar la Liga por la Libertad.

¿Por qué atacar la prohibición? Según los propios materiales y avisos publicitarios de la AAPA, y una investigación del Senado de E.U., la prohibición de las bebidas alcohólicas en Estados Unidos había ocasionado que se dispararan hasta las nubes los impuestos a los ingresos personales y de las corporaciones, para compensar por la pérdida en los ingresos fiscales del licor legal. La pandilla de Wall Street detrás de la AAPA alegó que se debía legalizar de nuevo el licor e imponerle impuestos altos, lo que permitiría eliminar los impuestos a los ingresos y de todas las corporaciones.

El 5 de diciembre de 1933 se ratificó la Enmienda 21ava a la Constitución, aboliendo la Enmienda 18 ava., que había establecido la Prohibición en enero de 1919. La AAPA cerró unos pocos meses después, y poco después de esto, abrió sus puertas la Liga de la Libertad Americana, prácticamente con los mismos funcionarios y los mismos patrocinadores de Wall Street, en un piso completo del edificio de la Prensa Nacional en Washington D.C., llegando a tener un equipo de 200 personas de tiempo completo en sus mejores tiempos. Esta vez, el objetido de la pandilla Morgan no era rechazar los impuestos a los ingresos personales y de las corporaciones, sino el Presidente de los Estados Unidos y sus odiadas políticas del Nuevo Trato.

La pandilla de Morgan

Entre 1934 y 1940, la Liga de la Libertad Americana libró una campaña de calumnias sin cuartel en contra de Roosevelt. Financiados por algunas de las familias anglófilas más ricas de Estados Unidos, encabezados por los du Pont, los Mellon, los Pew y los Morgan, se dice que la Liga recabó $1.2 millones de dólares, especialmente en sus primeros años de operación. En términos de dólares de 2008, medidos en PNB per cápita nominal, esos $1.2 millones valdrían hoy más de mil millones de dólares.

Treinta por ciento de todos los fondos de la Liga de la Libertad provinieron de Irénée, Lammot y Pierre du Pont. El cuarto gran financiador de la Liga fue John Raskob, el director ejecutivo de J.P. Morgan, General Motors, y du Pont, quien se había convertido en el presidente del Partido Demócrata (1928-32) y había encabezado la campaña para negarle la candidatura presidencial a FDR en la Convención de Chicago en junio-julio de 1932.

El presidente de la Liga era el protegido de Raskob, Jouett Shouse, subsecretario del Tesoro con Woodrow Wilson, dirigente de la Asociación en Contra de la Enmienda Prohibicionista, junto con Raskob, y que había encabezado la pelea en contra de FDR en la plenaria de Chicago en 1932. El secretario de la Liga era el capitan William H. Stayton, fundador de la AAPA y su presidente, y presidente honorario de J.P. Morgan. El tesorero era el ya mencionado financiero promotor del golpe fascista, Grayson Mallet-Prevost Murphy.

El comité ejecutivo de la Liga incluía a Irénée du Pont, y John W. Davis, abogado de J.P. morgan y candidato presidencial por el Partido Demócrata en 1924, a quien Eugenics News de la familia Harriman calificó de "mejor dotado por herencia" a ser presidente.

Otros directores fueron: Alfred E. Smith, exgobernador de Nueva York, y precandidato presidencial en el partido Demócrata en 1928 y para entonces, un agente propiedad total de J. P. Morgan, quien también encabezó la campaña para bloquear el nombramiento como candidato de FDR en 1932; Pauline Sabin, heredera de Sal Morton y esposa de Charles Sabin, presidente de Guarantee Trust; y el banquero de Nueva York James Wolcott Wadsworth, Jr.

La Junta Nacional de Asesores estaba encabezada por Frederic Reneé Coudert, fundador del bufete jurídico de J.P. Morgan. Coudert Brothers; Edward Francis Hutton, fundador de la casa de corretaje E.F. Hutton, presidente de General Foods, y director de Manufacturers Trust Company y de Chrysler Motors; y el abogado de Filadelfia James Montgomery Beck, quien también estuvo implicado en el complot de golpe de Estado fascista denunciado por el general Butler. Beck, un adversrio del federalismo y promotor radical de los derechos de los estados (frente a la nación), era un anglófilo tan rabioso que, en 1914, había sido elegido al asiento Inglés en Gray's Inn, Londres, el primer extranjero en recibir ese honor en 600 años.

Coudert, Beck y Davis habrían de lanzar la Comisión de Vigilancia de los Abogados de la Liga de la Libertad Americana, junto con Raoul Desvernine, asesor jurídico de U.S. Steel, y después, presidente de Crucible Steel. La Comisión de Vigilancia era un grupo de 50 a 60 de los más prestantes abogados de Wall Street, que encabezaron el asalto en contra del Nuevo Trato acusándolo de anticonstitucional, lo cual solo se puede caracterizar como un repudio escandaloso a la claúsula sobre el Bienestar General contenida en el Preámbulo de la Constitución de Estados Unidos.

La manipulación de los forjadores de la opinión pública

Mientras que financiaba toda una sopa de letras de grupos populistas "de base" por los derechos de los estados y otros grupos racistas contrarios a FDR, la American Liberty League centró la mayor parte de sus energías en un ataques propagandísticos contra FDR, aprovechando su acceso a los medios informativos, a los poderosos bufetes de abogados de Wall Street y las enormes capacidades de cabildeo en el Congreso contra el Nuevo Trato.

Con cofre de efectivo relativamente inagotable, la ALL imprimió unos 135 panfletos de distribución masiva entre agosto de 1934 y septiembre de 1936. Los panfletos se enviaron a los despachos en Washington de 350 periódicos, a todas las asociaciones de prensa, a los directores de periódicos y editorialistas claves, a todos los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, y a 7500 bibliotecas universitarias. Innumerables estaciones de radio ofrecieron tiempo gratis a los voceros de la Liga.

Para el 15 de enero de 1936 los ataques al Prsidente Roosevelt iban en crescendo, cuando en vísperas de la campaña electoral presidencial de ese año, la Liga patrocinó un banquete en el Hotel Mayflower de Washington, D.C. Se anunció como el inicio de un ataque frontal contra FDR y el Nuevo Trato, con el objetivo de negarle a Roosevelt la postulación presidencial del Partido Demócrata en 1936, o garantizar su derrota en las elecciones de noviembre. El orador principal fue el otrora aliado polítido de FDR, Al Smith, convertido ahora en títere de Morgan. El salón del Mayflower se llenó por completo, con unas 2000 personas, que se acomodaron hasta la entrada del hotel, y la diatriba de Smith se difundió por radio nacionalmente.

Smith se lanzó con un vicioso ataque personal contra FDR, y lo acuso de tramar un complot comunista contra Estados Unidos. Con tono vociferante, Smith dijo que "solo puede haber una capital, Washington o Moscú". Y siguió con la perorata: "Solo puede haber el aire puro, claro y fresco de una América libre, o el aliento apestoso de la Rusia comunista. Solo puede haber una bandera, la de las barras y las estrellas, o la bandera de la Unión de los Soviets sin dios. Solo puede haber un himno nacional, The Star-Spangled Banner or La Internacional".

El discurso de Smith le lanzó el guante a FDR: El Nuevo Trato era una intervención socialista par impedir que los mercados libres resolvieran de modo "natural" la crisis. Las nuevas instituciones reguladoras, que crearon un red de seguridad social para la población en general, eran una violación de la Constitución. Los ataques recorrían todo el espectro político, desde acusar a FDR de ser más fascista que Mussolini o Hitler, hasta de ser más comunista que José Stalin.

El archivo de los panfletos y volantes de la American Liberty League, los discursos y programas de radio, los muestran hasta la fecha, como el manantial de todos los ataques contra Franklin Roosevelt y su Nuevo Trato, es decir, su enfoque aa la economía política desde la perspectiva del Sistema Americano.

Roosevelt y sus aliados respondieron duro hasta hacer retroceder a Smith y a la Liga, tachándolos de "monarquistas económicos" y señalando a Smith, Raskob y Shouse como traidores a la nueva causa demócrata. FDR encabezo el contrataque, jactándose constantemente de que para el era un orgullo que los piratas de Wall Street y las finanzas internacionales lo considerasen su mayor enemigo. Cuando los demócratas se reunieron en Filadelfia el verano de 1936, FDR fue postulado para la reelección por proclamación abrumadora a viva voz.

En noviembre de 1936, FDR derrotó al candidato republicano Alf Landon por la diferencia más grande en la historia del país. FDR ganó el 60.8% del voto popular, ganó el Colegio Electoral por una mayoría aplastante de 528-8, y solo perdió en dos de los 48 estados, Maine y Vermont.

Luego de la victoria de Roosevelt, los vástagos de la Liga decidieron acelerar a toda máquina la guerra económica y política en contra del Nuevo Trato, metienda demandas judiciales, sosteniendo los ataques propagandísticos contra los gastos del Nuevo Trato, y sosteniendo los ataques personales más viciosos contra el Presidente. A pesar de todo esto, y a pesar de los ataques de Wall Street a los programas de FDR, que llevaron a una reducción del ritmo de creación de empleos y hasta un retroceso temporal de la recuperación económica entre 1937 y 1938, para 1939 el despacho de Estadísticas Laborales estimaba que, en la cúspide del Nuevo Trato, de 1933 a 1937, las medidas de Roosevelt habían generado un promedio de 7.1 millones de empleos al año, entre proyectos de federales de infraestructura, empleos en el sector privado, la producción de la necesaria carta de materiales para la producción en general, y en bienes y servicios para el sector consumidor. La nación se había transformado, mediante programas tales como la Comisión del Valle del Tenesí, que había sido uno de los blancos de ataque más vicioso en uno de los folletos de la Liga.

Formalmente, la liga termino sus operaciones en 1940. Pero, con la muerte de FDR cinco años después, resurgió en personajes como Dean Acheson (quien había reununciado al Departamento de Hacienda de FDR como parte de los esfuerzos de la Liga para hundir a Roosevelt desde dentro del Partido Demócrata y de su propio gobierno) quien sería una figura dominante en el gobierno de Truman y líder de la pandilla Morgan-du Pont que resurgió.

Avance rápido...

Los herederos políticos de la American Liberty League han salido de su tumba, en particular desde las elecciones presidenciales de noviembre de 2008 y la partida del régimen de Bush y Cheney. Durante los ocho años de Bush y Cheney, la facción pro fascista de las elites estadounidenses habían gozado su mayor tajada de poder en décadas. El propio George W. Bush es nieto de Prescott Bush, banquero de Harriman, una vez senador estadounidense y líder de la facción anglófila de Wall Street que financiaron el ascenso al poder de Hitler en Alemania y que luego financiaron el rearme de la Alemania nazi para la guerra.

Ahora, con la mayor ciris financiera de la historia, que sobrepasa al Gobierno de Obama, los nuevos activistas de la Liga encabezan ahora un ataque contra el legado de Franklin Delano Roosevelt. El objetivo es claro: Garantizar que el Presidente Obama no salga con una solución como la de FDR a esta crisis todavía mayor.

Sin embargo, el rencauche de la maquinaria propagandística de la American Liberty League no empezó el 20 de enero con la toma de posesión de Obama. Diez años antes, cuando el entonces Presidente Bill Clinton, junto con su Secretario de Hacienda Robert Rubin, se enfrentaba con una cadena de choques financieros globales, comenzó a promover la necesidad de una "nueva arquitectura financiera global", para aplastar la especulación desenfrenada, se montó un ataque vicioso contra la Presidencia, algo sin precedentes desde la época de la perorata de Al Smith contra FDR. Y como en los 1930, los demócratas chaqueteros, encabezados por el vicepresidente Al Gore y el senador por Connecticut Joseph Lieberman, trataron de hundir a la Presidencia de Clinton desde adentro.

Sucesores de la Liga

Antes de que la Liga cerrara sus puertas, ya sea había creado una nueva red de organismos de Wall Street; todavía existen, a la fecha, para hacer el trabajo sucio de la ALL. En 1938 se fundó la American Enterprise Association (AEA) con executivos de General Mills, el Chemical Bank y Bristol Meyers, junto con Raymond Moley, quien desertó del Nuevo Trato y se paso a la causa de la Liga. Pronto establecieron oficinas en Washington, D.C., con el nombre de American Enterprise Institute (AEI), para garantizar se diera marcha atrás con el Nuevo Trato, la movilización de Roosevelt durante la guerra y las medidas regulatorias, después de que terminara la guerra.

Hoy, el AEI, junto con la fundación Heritage Foundation y el Instituto Cato, son los motores de la campaña para poner en la picota a la tradición de FDR, otra vez de nuevo con las mismas mentiras que llenaron las páginas de los panfletos de la Liga.

Emblemático de esta campaña son dos libros recientes, sacados de los archivos de la propaganda de la Liga, que pretenden destruir a FDR y a quienquiera que hoy este considerando modelar un programa en el éxito del Nuevo Trato y de la movilización del Arsenal de la Democracia en la Segunda Guerra Mundial. [1]

En 2003, el propagandista libertario del Insituto Cato, Jim Powell, escribió FDR's Folly—How Roosevelt and His New Deal Prolonged the Great Depression (La necedad de FDR: Como Roosevelt y su Nuevo Trato prolongaron la Gran Depresión). El libro se produjo bajo la dirección exhaustiva de Milton Friedman y James Buchanan, dos personajes prominentes de la Sociedad Mont Pelerin en pro del fascismo, y lo promovieron dos figuras prominentes del Instituto Cato, David Boaz y Ed Crane.

En 2007, Amity Shlaes, que había sido periodista del Financial Times de Londres y del Wall Street Journal, y para ese entonces miembro del American Enterprise Institute, escribió The Forgotten Man—A New History of the Great Depression (El hombre olvidado: una historia nueva de la Gran Depresión), en el que ella también destroza a FDR y al Nuevo Trato, por "prolongar la Gran Depresión" por interferir en los mercados financieros. Su alegato, igual que el de Powell, lo sacó casi palabra por palabra de los productos de la Liga. Su libro lo publicó la compañía HarperCollins del protegido de lord Beaverbrook, Rupert Murdoch. Este, junto con Richard Mellon Scaife, de la familia Mellon (Andrew Mellon, Secretario de Hacienda en los 1920, fue miembro de la Liga), financian al AEI, la Heritage y al Cato, junto al Pew Charitable Trust, el fideicomiso familiar de J. Howard Pew de Sun Oil, miembro del Consejo de Asesores y del Comité Ejecutivo de la Liga.

[1.] EIR pasó revista a ambos libros. El comentario sobre el libro de Powell se encuentra en un artículo sobre el Instituto Cato en la edición del 19 de diciembre de 2003; el comentario sobre el libro de Shlaes se encuentra en la edición del 21 de septiembre de 2007.