El Presidente Obama tiene que botar a Larry Summers para salvar su Presidencia

1 de abril de 2009

28 de marzo de 2009 (LPAC).— El siguiente artículo de la Vocera Nacional de LaRouche, Debra Hanania-Freeman, aparecerá en el próximo número de Executive Intelligence Review, con fecha 3 de abril de 2009.

El enemigo adentro: El Presidente Obama tiene que botar a Larry Summers para salvar su Presidencia

por Debra Hanania-Freeman

Durante una conferencia internacional transmitida por internet el 21 de marzo, Lyndon LaRouche destacó que el problema real en el equipo de política económica del gobierno de Obama no es el Secretario del Tesoro Tim Geithner. Por el contrario, LaRouche subrayó que el hombre cuyas políticas representan el mayor peligro tanto para la nación como para la presidencia de Obama es Larry Summers, el presidente del Consejo Nacional de Economía del Presidente. LaRouche hizo un llamado para sacar a Summers de su puesto.

Las advertencias del sábado de LaRouche de que Summers representaba una amenaza significativa para el gobierno se confirmaron muy rápidamente. Para el lunes, cuando el Secretario del Tesoro Tim Geithner revelaba la última fase de la mayor estafa de rescate en la historia, se anunciaba que la popularidad del Presidente se había desplomado de un 78%, del que gozaba en los días después de su toma de posesión, a poco menos del 50%. De hecho, ¡solo en el transcurso de esta semana la aprobación del Presidente cayó en más de 13%!

Conforme transcurría la semana, se volvía cada vez más claro que dentro del gobierno podría gestarse una división potencialmente cataclísmica. Mientras que el Presidente Obama, claramente embaucado, era persuadido por Summers y sus partidarios de que la forma de resolver la peor crisis monetaria y financiera en la historia moderna era entregar las llaves del sistema bancario —a costa de los contribuyentes— a los fondos compensatorios rateros, voces más cuerdas se hacían eco de las políticas delineadas por LaRouche. Un grupo de economistas consumados y destacados, de manera muy especial, el profesor de economía de Texas y destacado autor James Galbraith (quien es también hijo del asesor económico de Franklin Delano Roosevelt (FDR), John Kenneth Galbraith), y el Premio Nobel Paul Krugman, insistieron en que el último (y el peor) de los artilugios de rescate no solamente no podía funcionar, sino que de hecho, va a empeorar la situación. En vez de esto, argumentaron a favor de la solución empleada por FDR; la misma solución que presentó Lyndon LaRouche hace casi dos años: salvar al sistema bancario de Estados Unidos mediante una reorganización bajo protección por quiebra. El expresidente de la Reserva Federal Paul Volcker, quien encabeza la Junta de Asesores sobre la Recuperación Económica del Presidente, fue mucho más enfático sobre este punto en su presentación en la NYC: que el sistema actual tenía que reorganizarse, absolutamente, y reorganizarse en el marco de la Glass-Steagall.

Parece que Summers, un conocido fanfarrón egomaníaco, cuya incapacidad para trabajar con otra persona le ha costado más de un trabajo en el pasado, hizo un berrinche de desagrado y le dijo al Presidente que no quería seguir jugando en el mismo patio con Volcker. Desafortunadamente, le han lavado el cerebro al Presidente Obama para que crea que para poder iniciar a resolver el desastre que heredó del gobierno Bush-Cheney, necesita el apoyo de los mismos ladrones de Wall Street que son en gran parte responsables de la última fase del desplome, y que Larry Summers es una persona decisiva para ganarse este apoyo. Asi que, el 25 de marzo, el director de la OMB, Peter Orszag anunció que el presidente Obama había nombrado al señor Volcker como Encargado de una revisión del código fiscal con el objetivo de acabar con evasiones fiscales, modernizar la ley y generar ingresos. Orszag dijo que se había ordenado la revisión, con fecha límite del 4 de diciembre, para hacer recomendaciones para simplificar el código, que desde hace 96 años viene sufriendo añadidos, para reducir la evasión fiscal y lo que se llama "subsidio a las corporaciones".

No hay ninguna duda de lo que ocurrió. Justo después de que Volcker no estuvo de acuerdo con Summers no solo sobre el momento apropiado para una reforma regulatoria sino sobre el problema central de la necesidad de regresar a la Glass-Steagall —que Summers personalmente se encargó de destruir en 1999— lo enviaron a que se pusiera a trabajar sobre los impuestos el resto del año. La selección personal de Obama no es solo equivocada, sino que puede ser fatal para su Presidencia. A pesar de los muchos problemas de Volcker, es uno de los pocos economistas pensantes en Estados Unidos y el único de este tipo dentro del gobierno de Obama, que tiene la estatura de credibilidad para oponerse a la intimidatoria locura economica de Summers.

A fin de liberar al Presidente Obama de la amenaza tóxica que representa Summers para su Presidencia y la nación, es hora de echar un vistazo de cerca para ver exactamente lo que representa Larry Summers.

Mucho antes de convertirse en Secretario del Tesoro en los últimos 18 meses del segundo período de Bill Clinton, se distinguió por ser un adversario ardiente del Sistema Americano de Economía Política. Después de estudíar con Martin Feldstein en Harvard, Summers se unió al equipo del Consejo de Asesores Económicos de Ronald Reagan. En esta posición, el abogó con éxito de que el mejor incentivo para el crecimiento económico era reducir drásticamente los impuestos a las ganancias de capital y de las corporaciones. También insistió en que el seguro de desempleo y los pagos por desempleo eran los que más contribuían a crear desempleo, y por lo tanto, debían recortarse.

En diciembre de 1991, cuando Summers fungió como Jefe de Economistas del Banco Mundíal se filtró a la prensa un memorandum con su firma. El memorandum interno, que claramente no tenía la intención de que se conociera, argumentaba que aunque el libre comercio no necesariamente beneficiaría el medio ambiente en los países del sector en desarrollo, había una lógica económica clara en botar ahí los desperdicios tóxicos. Al lado del memorandum filtrado a la prensa, Summers sugiere cínicamente que "yo creo que es impecable la lógica económica que hay detrás de botar una carga de desperdicios tóxicos en los países con salarios más bajos y que debemos enfrentar esto... Yo siempre he pensado que los paises subpoblados de Africa también están enormemente subcontaminados".

En 1993, Summers entró al gobierno de Clinton como subsecretario de Asuntos Internacionales. Desde ese puesto, promovió la terapia de choque genocida en contra de los rusos, exigió una expansión de los poderes del FMI, exigió que los japoneses ampliaran su desregulación (en 1997) y se jactó de su papel en forzar al gobierno coreano a aumentar sus tasas de interés y equilibrar su presupuesto enmedio de una crisis económica horrible, una política que criticaron fuertemente en ese entonces dos premios nobeles, Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Al mismo tiempo, Summers, junto con Paul Wolfowitz —según el libro de Paul Blustein—, trató de convencer al gobierno de Clinton para que forzara un cambio de gobierno en Indonesia.

Todo esto se quedó corto con el sufrimiento y el daño que le ocasionó a esa nación y a su población una vez que se convirtió en Secretario del Tesoro. Durante la crisis energética de California en el 2000, el entonces Secretario del Tesoro Summers hizo mancuerna con el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan y el director ejecutivo de Enron, Kenneth Lay para trabajarse al gobernador de California Gray Davis, sermoneándolo de que las causas de la crisis eran las regulaciones excesivas del gobierno. Summers intimidó a Davis, forzándolo a que desregulara aún más los servicios públicos de California y relajara las normas ambientales de California con el fin de "tranquilizar a los mercados".

Sin embargo, no hubo nada que le causara más daño a la nación o que contribuyera más a la crisis actual que la operación de destrucción que encabezó Summers en contra de todas y cada una de las formas de regulación financiera. Como Secretario del Tesoro, Summers fue la persona clave y decisiva en convencer al Congreso para que hiciera lo que se había intentado (y que afortunadamente había fracasado) más de 12 veces en 25 años: la derogación de la Ley Glass-Steagall, que se había convertido en ley en 1933 después de que la Comisión Pecora galvanizó el apoyo popular a favor de regulaciones más fuertes al hacer que se presentaran funcionarios bancarios ante el Comité de Banca y Moneda del Senado, para que respondieran por su papel en el crac del mercado de valores.

Inmediatamente después de tomar posesión como Secretario del Tesoro, cuando el gobierno y especialmente el Presidente, estaban distraídos con otros asuntos, Summers lanzó una campaña de cabildeo sin cuartel para que se aprobara la Ley Gramm-Leach-Bileley, que revocaba partes claves de la Glass-Steagall y le permitía a los bancos comerciales negociar valores respaldados por hipotecas y el juego de las obligaciones prendarias. La medida también convirtió la supervisión en un desastre, en donde ahora la supervisión de los conglomerados bancarios se dividió entre una gama de diferentes agencias del gobierno, agencias que demasiado frecuentemente no le avisaban a las otras lo que estaban haciendo y lo que estaban descubriendo.

Otro pequeño secreto sucio de la gestión de Summers como Secretario del Tesoro fue el papel que tuvo en torpedear cualquier regulación sobre la negociazación de los derivados. Justo antes de ascender a Secretario del Tesoro, Summers se convirtió en un defensor extraordinario y fuerte, dentro del gobierno de Clinton, de nada menos que de una bomba de tiempo: la otra medida de Phil Gramm que le posibilitó a estos conglomerados y banca en proceso de formación, crear y negociar derivados sin regulación alguna.

De hecho, durante las audiencias del Senador de 1998, Summers testificó en contra de la regulación de los mercados de derivados alegando que ¡podíamos confiar en Wall Street!. "Las partes en este tipo de contratos", dijo, "son instituciones financieras ampliamente sofisticadas que parecerían que son eminentemente capaces de protegerse a sí mismas del fraude e insolvencias de las contrapartes y en donde la mayoría de ellas ya están sujetas a la seguridad básica y las regulaciones sanas de nuestras leyes bancarias y de valores existentes". Hasta el 2000 continuó defendiendo los derivados negociados entre particulares y bloqueando todas las acciones para regularlos, calificándolos de "un componente importante de los mercados de capital estadounidenses y un símbolo poderoso del tipo de innovaciónes y tecnología que ha hecho al sistema financiero estadounidense tan fuerte como lo es hoy".

Sería dificil hacer conjeturas que pudieran resultar equivocadas. Larry Summers bien pudo haber sido el Secretario del Tesoro más corrupto y siniestro en la historia de nuestra nación, o el más incompetente de todos. Sin embargo, su desempeño después de dejar su puesto en la posición gerencial de alto nivel en D.E. Shaw, uno de los fondos compensatorios más secretos, tendería a inclinar la balanza a favor de lo primero.

Sin embargo, lo que terminó de condenarlo fue un artículo firmado por el mismo Summers que apareció en el New York Times del 19 de noviembre de 2008. En ese artículo, escrito a raiz de la muerte del economista librecambista radical Milton Friedman, Summers hace la asombrosa revelación de que Friedman era "su héroe". En el artículo titulado "El gran Libertador", Summers argumenta que "cualquier demócrata honesto admitiría que ahora todos somos friedmanitas", diciendo que Friedman no solo hizo contribuciones enormes a la política monetaria sino que hizo contribuciones incluso mayores "al convencer a la gente de la importancia de permitirle a los mercados libres operar libres de trabas".

Por lo tanto, no es de extrañar que un número cada vez mayor de economistas y demócratas crean que el Presidente Obama, como dijo el Representante demócrata por Oregon Peter DeFazio, está "malaconsejado por Larry Summers". En enero de 2009, cuando el gobierno trataba de que se aprobara su proyecto de ley de estímulo, DeFazio, junto con economistas como James Galbraith, Paul Krugman y Joseph Stiglitz, argumentaron que una mayor cantidad del dinero del estímulo debería gastarse en proyectos de infraestructura tan necesarios. DeFazio declaró que a él no le sorprendía que Summers favoreciera financiar mayores recortes impositivos en vez de la infraestructura. "Larry Summers dia la infraestructura" dijo. "El formó parte en gran medida en la creación del problema, ¿y ahora ellos van a resolver el problema? Y no les gusta la infraestructura. Así que quieren tener una economía movida por el consumo. Este pais necesita una recuperación movida por la inversión y la productividad, una recuperación de largo plazo. En vez de pedirle prestado a las generaciones futuras, debemos invertir en las generaciones futuras y se tienen bastantes antecedentes de que Larry es contrario a la infraestructura".

Sin embargo, este es el hombre al que ahora escucha un Presidente que hizo campaña sobre la necesidad de hacer una revisión general y re regular el sistema bancario y financiero de la nación, quien quiere aprobar un programa social abarcante, quien dice que desea que se le conozca como el Presidente que inició la construcción de un sistema de transporte de alta velocidad continental maglev, y quien sacó a Estados Unidos de la mayor crisis económica en su historia.

Con el fin de salvar a esta nación y su propia Presidencia, le haría mucho bien a Obama escuchar la Advertencia de Emergencia al Presidente de Lyndon LaRouche del 25 de marzo que se puede encontrar en www.LaRouchePAC.com.