Donde el día comienza con jaloneos entre idiotas: ¡WALL STREET!

29 de may de 2009

por Lyndon H. LaRouche, Jr. 28 de mayo de 2009

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Antes de permitir que la reina británica y su séquito de Wall Street tome control de tu Presidente y de la economía estadounidense, también, te tienes que percatar de que a los ladrones empedernidos no les motiva ni el propósito ni la habilidad de realmente ganarse la riqueza. ¿Por qué ensuciarte las manos con producir riqueza realmente, cuando la puedes robar, más bien?

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El hecho es que: no hay ni una sola persona en la Casa Blanca ni en su entorno hoy día, que tenga el menor talento, ni el conocimiento de como se produce realmente la riqueza. Tomen el caso de la otrora industria automotriz estadounidense. La industria ha estado muriendo, rumbo a la muerte desde que el Congreso de E.U. tomó sus decisiones en febrero de 2006. Ahora está haciendo su tambleteo de agonía, al mismo tiempo que el pueblo de Estados Unidos está a punto de ser saqueado fastuosamente bajo la dirección del gobierno de un Presidente Barack Obama, que no sabe nada de la economía real, y que, en su desempeño hasta la fecha, no le podría importar menos.

La verdad sobre las economías exitosas, que la Casa Blanca no tiene hoy el deseo manifiesto de escuchar, es que el crecimiento, y hasta el solo mantenimiento de la riqueza económica verdadera, medida per cápita y por kilómetro cuadrado de territorio, requiere una tendencia secular de aumentos en la productividad física medida per cápita y por kilómetro cuadrado de la producción física total neta de un margen mayor de riqueza física, no monetaria.

Por eso es que la administración actual y los admiradores de sus políticas son tan estúpidos cuando se trata de cuestiones relacionadas ala defensa del futuro económico de la existencia de esta nación.

Si quisieras saber por qué las medidas económicas actuales del gobierno de Obama son tan enconadamente estúpidas en sus efectos, se debe a la cualidad prácticamente satánica de la ignorancia de la economía del Presidente y de sus principales asesores económicos actuales. La prueba de esa estupidez se encuentra en la famosa Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith de 1759, la misma estupidez moralmente criminal de los asesores del Presidente, llamados "conductistas", como Larry Summers, Peter Orszag, Rahm Emanuel, y los demás.

Lo que escribió Adam Smith se resume en una sola frase de ese escrito suyo:

"...el hambre, la sed, la pasión que une a los dos sexos, el amor al placer, y el temor al dolor, nos impulsa a aplicar estos medios por si mismos, y sin ninguna consideración de su tendencia a esos fines benéficos que el gran Director de la naturaleza se proponía producir por ellos".

De este modo, explícitamente contrario a toda ciencia u otro comportamiento cuerdo, Smith y sus seguidores prohiben a los ciudadanos y a sus gobiernos aplicar cualquier medida de desempeño económico-físico para juzgar si las medidas corrientes del gobierno son realmente productivas, útiles, o tan siquiera cuerdas. De este modo, el Presidente Obama ha adoptado la misma política, fechada por el dictador Adolfo Hitler el 1 de septiembre de 1939, que fue la ley proclamada bajo la cual se perpetraron todas las más infames atrocidades del régimen de Hitler mientras éste vivió. La elaboración por la administración de Obama de sus políticas de atención médica y afines, es una copia al carbón de esa ley que fue el gran crimen de la dictadura de Adolfo Hitler contra toda la humanidad.

Eso no es una coincidencia. Fue el mismo imperio británico que había instalado inicialmente la dictadura de Hitler, con el respaldo de personajes de Wall Street como el abuelo, Prescott Bush, del ex Presidente estadounidense George W. Bush. Jr., que le había metido por la fuerza el régimen de Hitler a la Alemania después de Versalles. Son las medidas a este efecto, iniciadas bajo el Presidente George W. Bush, Jr., las que han sido la plataforma desde la cual se han lanzado las políticas socio-económicas de la administración de Obama, que se hacen eco de Hitler, bajo la dirección de la actual monarquía británica.

No es mera coincidencia que al presente amenaza el diseño intencional del genocidio contra categorías de la población estadounidense, de consecuencias como las de Hitler, como las que desatataron con la ley de Hitler del 1 de septiembre de 1939, en contra de partes enormes de las categorías seleccionadas de la población estadounidense. Fue el actual esposo, el príncipe Felipe, de la reina de Inglaterra, quien ha expresado el deseo, a nombre de su Fondo Mundial para la Vida Silvestre (World Wildlife Fund), de desatar enfermedades sobre el mundo que reducirían enormemente la población mundial con una forma de genocidio que es una copia efectiva de la práctica de Adolfo Hitler. Bajo lo que se denomina el Principio de Núremberg, el príncipe Felipe y sus cómplices estadounidenses y otros en esas políticas "neomalthusianas", son responsables de modo patente e implícito.

Lograr esos fines de "reducción de la población" de ciertas categorías de nuestra población, o de otras naciones, es de modo implícito el crimen más horrendo por el cual pudiese llevarse a juicio a cualquier gobierno en funciones, por las instituciones pertinentes reunidas para esa misión.

En este momento, el Presidente y una camarilla selecta de sus asociados conducen una serie de reuniones con miembros selectos del Congreso de E.U., con el intento de imponer por la fuerza tales medidas como las de Hitler como si fuesen leyes federales de E.U., antes de que se pueda alertar a la generalidad de la población de los crímenes intencionales contra la humanidad que al presene promueven desde círculos atinentes dentro de la administración de Obama.

¡Detén ese horror mientras puedas! No esperes, como lo hizo la población alemana.

Es patente, que sin remover al grupo de gente de la administración de Obama que ha lanzado el esfuerzo por escribir una meta de genocidio en el derecho federal estadounidense, se desataría una reacción en cadena global, al aprobarse una legislación tal, que sería el fin de la civilización para las generaciones por venir. Tú, si eres una persona moral, no tienes derecho a no oponerte a las medidas del Presidente Obama en este respecto.