El desplome de Estados Unidos: General Motors muerde el polvo

3 de junio de 2009

2 de junio de 2009 (LPAC).— La presentación de quiebra de la General Motors (GM), y una presentación similar de la Chrysler el 30 de abril, son hitos en el desplome de lo que otrora fuera la maquinaria industrial más grande de la historia. Decenas de miles de trabajadores de estas compañías y sus provedores perderán sus empleos, y los efectos de éstas pérdidas de empleos desatarán una reacción en cadena de pérdidas en otros sectores, en la medida en que los trabajadores despedidos recortan sus gastos en artículos que van de bienes y servicios, a pagos sobre hipotecas y tarjetas de crédito. Estas bancarrotas representan aún otra vuelta del trinquete en el desplome acelerado de Estados Unidos.

El presidente Barack Obama traicionó una vez más a la población estadounidense que lo eligió con la esperanza de que él daría marcha atrás a nuestra caída en el abismo. Al continuar con la argucia del rescate financiero —y el acuerdo de la GM realmente no es más que parte del rescate bancario— Obama ha escogido defender a los financieros parásitos que han destruido a esta nación, y por lo tanto se ha comprometido a vender a la población.

El mecanismo para esta liquidación se realizó con un grupo especial plagado de banqueros, entre ellos el "zar automotriz" Steve Rattner, quien recibió tutoría sobre la destrucción de la industria estadounidense cuando trabajaba para Lazard, bajo Felix el fascista Rohatyn. El trabajo de Rattner fue rescatar los valores de las obligaciones financieras de GM y Chrysler, para manejar sus muertes de tal manera que se minimizara el impacto de este desplome sobre el sector financiero. Los trabajadores estadounidenses y sus familias han sido sacrificados de nuevo ante el altar de Wall Street y la City de Londres.

Las tres grandes compañías automotrices sellaron su suerte hace varias décadas, cuando prefirieron poner énfasis en el estilo y los cambios de modelo en vez de la calidad y la durabilidad, y se convirtieron en parte de la maquinaria de deuda de Wall Street. Ataron su suerte a la burbuja, y la burbuja estalló. Ahora están siendo devorados como parte de la globalización —o la cartelización global— que dirige el Imperio Brutánico, mediante bancos como Lazard.

Aquí la pérdida real no es la producción automotriz, sino la pérdida del potencial, especialmente en la capacidad de maquínas herramienta relacionadas a la industria automotriz. Las plantas, equipo y trabajadores calificados, que se están perdiendo en un intento inútil por deconstruir la industria automotriz nacional estadounidense podrían usarse muchísimo mejor construyendo los componentes de las plantas de energía nuclear, los trenes de levitación magnéticos (maglev) y demás infraestructura que se necesita para reconstruir la nación. Si el gobierno de Obama decide alguna vez sacar su cabeza colectiva fuera del control de Wall Street y empezar a defender a Estados Unidos, veremos esto como una oportunidad perdida. No llores por las Tres Grandes sino por Estados Unidos y el futuro horrible que representan las políticas nazis de Obama.