Hagamos del Plan LaRouche para salvar a la economía mundial el centro del debate

24 de octubre de 2009

Campaña de firmas a la declaración del Instituto Schiller, emitido originalmente el 21 de octubre de 2009 y actualizado el 1 de noviembre de 2009.

Llegó la hora de la verdad. Los mismos bancos zombis que llevaron a la economía mundial al borde del caos total, que despojaron de los medios de vida a cientos de millones de personas, que voltearon el peso del costo de la destrucción sobre los contribuyentes, y que lastraron los presupuestos públicos con deudas astronómicas, siguen con sus operaciones especulativas de alto riesgo y les pagan bonificaciones multimillonarias a sus ejecutivos.

En todo el mundo, la economía real va de caída libre, de tal modo que el desempleo está empujando a las masas a la desesperación, y por primera vez la cifra de personas hambrientas en el mundo supera las mil millones de personas. De tal manera que, de hecho, se está ejecutando una política de genocidio como medida contra la crisis, que amenaza a toda la humanidad, con la intención de reducir la población del planeta Tierra de las 7,000 millones de personas actualmente, a 2,000 millones.

Luego del breve período de pánico en octubre de 2008, cuando se escucharon voces a favor de una nueva arquitectura financiera, el poder financiero del imperio británico se reafirmó por completo en las tres reuniones cumbre del Grupo de los 20, en Londres, Washington y Pittsburgh, demostrando que los gobiernos no son más que las agencias ejecutoras de los bancos. Se impidió la urgentemente necesaria reorganización financiera y se agravó más aún la crisis sistémica. Ahora nos enfrentamos a otro derrumbe financiero gigantesco y a una explosión hiperinflacionaria inminente. Una economía de casino no puede sacar de la crisis al mundo.

Y lo más increíble de todo es que ni expertos ni gobiernos han hecho un análisis de las causas de esta crisis, a pesar de que amenaza en convertirse en el mayor desafío en la historia de la humanidad. En vez de enfrentar el hecho de que los economistas de toda laya han fallado miserablemente, los diversos expertos sostienen absurdamente que nadie pudo haber pronosticado la crisis, y que a todos tomó por sorpresa. O por el contrario, los asesores financieros de toda pelambre afirman ahora que habían advertido de la crisis desde hace tiempo.

La verdad es que mucha gente en posiciones de influencia, así como ciudadanos de a pie en muchos países, saben que hay un hombre que anticipó la crisis hace mucho tiempo: Lyndon LaRouche. Solo para citar un ejemplo entre muchos, Massimo Pini, ex miembro del Consejo Directivo de la compañía estatal italiana IRI, asesor y amigo cercano del ex primer ministro italiano Bettino Craxi, escribió en enero de 2008 en la revista italiana Area que Lyndon LaRouche era el único economista que en realidad había pronosticado la catástrofe en muchas publicaciones y en un momento en que nadie más ni siquiera sospechaba algo así.

Como lo puede verificar por si mismo cualquiera interesado en la verdad, LaRouche había advertido de la crisis sistémica desde 1971, y en cada coyuntura en que se tomaron decisiones para fortalecer el sistema monetarista, LaRouche advirtió sobre los peligros que ello involucraba, y en especial desde principios de los 1990, sobre la crisis sistémica venidera.

Hace 12 años, la economista ucraniana Natalia Vitrenko, y la presidenta del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, emitieron un llamado a favor de un nuevo sistema de Bretton Woods, propuesto por LaRouche, que desde entonces ha sido suscrito por varios miles de personas e instituciones importantes de cinco continentes.

Ahora es de importancia existencial comprender el método económico que permitió a Lyndon LaRouche reconocer los errores sistémicos del monetarismo, porque este método es una garantía confiable para encontrar una salida a la crisis. En esta ocasión, en definitiva, no debemos escuchar a quienes los sorprendió la crisis y que no han aprendido nada desde entonces.

Están sentadas las bases para que se materialice el Acuerdo de las Cuatro Potencias, que ha propuesto LaRouche, entre Estados Unidos, Rusia, China e India, que es con urgencia necesario. Ante todo, estas naciones prominentes deben unir esfuerzos para realizar una reforma radical del sistema financiero y monetario mundial, para eliminar las burbujas financieras especulativas (derivados financieros). Estos países deben asegurar, por la humanidad, que el sistema monetario mundial se subordine al poder de las naciones soberanas. Estos países deben crear un nuevo sistema crediticio, para proporcionar inversiones a largo plazo en las economías nacionales. Y el proyecto principal debe ser la construcción del Puente Terrestre Eurasiático.

El destino de la humanidad pende de un hilo. Lo que necesitamos con urgencia es una discusión abierta sobre los pronósticos y las soluciones de Lyndon LaRouche. Como lo dijo ya en 1998 el ex Presidente de México, José López Portillo: ¡Ya es tiempo de que el mundo escuche las sabias palabras de Lyndon LaRouche!

Yo respaldo este llamado.

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