El fondo de Obama

18 de diciembre de 2009

17 de diciembre de 2009 (LPAC).- Si podemos evitar que se apruebe el plan británico de genocidio en Copenhague, es el fin de Obama, dijo Lyndon LaRouche el 16 de diciembre. Derrotar a Obama representaría un golpe mortal en la dinámica del Imperio Británico, y abriría la posibilidad de acelerar el fermento de huelga de masas en Estados Unidos, que cada vez se ve más reflejado en acciones que apuntan en dirección de restablecer la soberanía nacional.

Lo que estamos viendo en realidad es el conflicto entre dos procesos dinámicos: la dinámica perversa del Imperio Británico, que ha estado dominando el planeta durante décadas; y la dinámica de la huelga de masas, que se ve reflejada tanto en la lucha por la soberanía nacional en contra de la globalización en Copenhague, como en la lucha en contra de las medidas fascistas, como es el proyecto de ley de salud al estilo Hitler, en Estados Unidos. Los británicos saben que "su estilo de vida" está en juego, y están peleando con todo lo que tienen en ambos frentes. Pero, en este momento, parece que sus esfuerzos pudieran estarse derrumbando.

No han llegado a ningún acuerdo en ninguno de los temas más importantes en Copenhague, ni desde las finanzas, pasando por los objetivos de emisiones, hasta las acciones punitivas. Los británicos básicamente están dirigiendo todo el acto, y han puesto el peso de su autoridad en la balanza. Primero fue el príncipe Felipe en el Castillo Windsor en noviembre, después la reina en la reunión de la Mancomunidad, después Carlos y ahora Gordon Brown tratando de dirigir las negociaciones. El mayor impedimento es la determinación declarada y muy real de los chinos e hindúes por defender su soberanía nacional en contra de las acciones punitivas. Este es el elemento crucial, y si tienen las agallas de permanecer en la línea, los británicos no van a poder hacer que se aprueben sus planes genocidas.

Si los británicos son derrotados en Copenhague, por una combinación de destacados miembros de la alianza de las Cuatro Potencias, propuesta por LaRouche, tendría consecuencias devastadoras para su títere británico en Washington, quien ya está sufriendo de paroxismos de rabia y miedo.

La histeria del Imperio sobre el calentamiento global (en medio de un Copenhague muy frío y nevado), casi es igual a la del gobierno de Obama sobre el proyecto de ley de salud en Estados Unidos. Uno solo puede imaginarse las amenazas que tuvieron que haberle hecho a Obama, para hacerlo que se presentara en televisión para proclamar desquiciadamente que el gobierno federal "quebraría" si no se aprueban sus recortes en Medicare y Medicaid. Por supuesto, esas amenazas se están repitiendo más abajo para tratar de reunir los 60 votos en el senado para que se apruebe su monstruosidad. Una fuente incluso dijo que le dijeron al senador Ben Nelson de Nebraska que cerrarían la base aérea Offutt en su estado, si no vota a favor de la reforma a la salud hitleriana.

Sin embargo, dentro de Estados Unidos, la dinámica de huelga de masas se está volviendo cada vez más visible. No solo la población está haciendo oír su voz en contra de los servicios de salud asesinos en masa sino que aumentan los movimientos institucionales en contra de los dos principales elementos de la supresión de la soberanía nacional: las políticas fascistas de saqueo de la Reserva Federal y la eliminación de las protecciones constitucionales Glass-Steagall del sistema bancario comercial.

Cuando la revista Time decidió poner su peso político en respaldo del presidente de la Fed " Ben Rescates" Bernanke, al nombrarlo hombre del año, solamente avivó las flamas de la oposición. Hoy va a votar la comisión bancaria del Senado sobre la ratificación de Bernanke, pero hay por lo menos cinco senadores que han prometido congelar su nombramiento una vez que llegue al pleno, y aumentan los votos declarados por el "no". Lo que es aún más sorprendente es el hecho de que hay ahora un proyecto de ley bipartidista para reinstalar la Glass-Stegall presentado en el Senado, junto con la que están presentando los demócratas en la Cámara de Representantes.

Se requiere algo más que la reintegración de la Glass-Steagall, dijo ayer LaRouche, aunque esto es un paso en la dirección correcta. La solución sería establecer un sistema crediticio, en vez de un sistema monetarista, pero esos que están promoviendo la Glass-Steagall no van más allá de lo que llega Paul Volcker, quien ha estado haciendo campaña internacional a favor de las normas Glass-Steagall. En pocas palabras, le tienen pavor a la crisis de desintegración y están tratando de aminorar el estallido, con medidas medianeras con lo que LaRouche ha delineado se tiene que hacer.