NerObama: ¿Qué, preocupado yo?

26 de enero de 2010

25 de enero del 2010 (LPAC).— Todo demuestra que el presidente Barack "Nerón" Obama y todo su entorno de la Casa Blanca son presa del narcisismo del Presidente y en estos momentos, completamente incapaces de liberarse. El miércoles 20 de enero, el presidente Obama dio una entrevista a George Stephanopoulos de la cadena de televisión ABC en la que negó muy agresivo que la abrumadora victoria del republicano Scott Brown en la elección especial para senador de Massachusetts representara cualquier tipo de repudio a su Presidencia o su política de atención médica. De hecho, Obama explicó, con todo detalle, que su primer año en el cargo había sido perfecto, pero que la población estaba demasiado enojada e ignorante para comprender la sabiduría de sus esfuerzos. Si algún error cometió durante su primer año, dijo, fue que no logró explicar de manera adecuada a los tontos estadounidenses lo que él estuvo haciendo por ellos.

El domingo, la troika de Chicago de manipuladores de la realidad de Obama —David Axelrod, Valerie Jarrett y Robert Gibbs— acapararon las entrevistas dominicales de las cadenas televisoras para repetir en un tono narcisista sólo más suave, lo que Obama dijera a Stephanopoulos: que la iniciativa de ley sobre la atención médica sigue adelante, que Obama salvó al sistema bancario, que la economía se está recuperando, que se están creando empleos y que no es necesario despedir a nadie del equipo de Obama.

Lyndon LaRouche caracterizó esta patética actuación mentirosa como otra prueba de que él tuvo toda la razón el 11 de abril del 2009 al desenmascarar públicamente al Presidente Obama como un Nerón, con un severo complejo narcisista. "El complejo de Nerón sigue, sólo que peor", señaló LaRouche.

Y en efecto, el Presidente se dirige a una semana de enfrentamiento en una actitud suicida, buscando imponer la reconfirmación del "Helicóptero Ben" Bernanke como presidente de la Reserva Federal, y utilizar el Informe a la Nación del miércoles para lanzar el plan dictatorial de austeridad hitleriana de Peter Peterson. Peterson, un banquero de 82 años, que puede enlistar entre sus logros una larga estadía como Presidente ejecutivo del desaparecido Lehman Brothers, ha invertido literalmente miles de millones de dólares en favor de una comisión de austeridad schachtiana obligatoria, para literalmente aniquilar millones de estadounidenses por medio del desmantelamiento del Seguro Social, Medicare (programa gubernamental para la atención médica de los mayores de 65 años), Medicaid (programa gubernamental para la asistencia médica a los pobres y de menores ingresos) y otros programas de la red de seguridad social que tuvieron origen con el Nuevo Trato de Franklin Delano Roosevelt y posteriormente durante la era de Kennedy/Johnson de avances en los derechos civiles. Pondremos junto pronto un informe devastador de Peterson y sus incondicionales, detrás de esta ofensiva fascista por la austeridad.

¿Cuál es la diferencia entre Peterson y Hitler? El mostacho de Peterson es gris.

El sábado, Obama anunció su apoyo al proyecto de ley de una comisión de austeridad preparada por el Instituto Peterson, que será sometida a votación el martes, como una enmienda al aumento del límite de la deuda. Bajo esta legislación, los Estados Unidos quedarían sometidos a exactamente la misma dictadura de la City de Londres que impusiera Maastricht sobre Europa. El lenguaje es idéntico. La enmienda, coauspiciada por Judd Gregg y Kent Conrad, establecería una comisión del Congreso con autoridad para determinar las medidas de austeridad para reducir el déficit federal al 3% del PIB para el 2015. Ése es exactamente el lenguaje de Maastricht, y como todos nosotros sabemos, desde Maastricht, ya no existe un solo país soberano en toda Europa Occidental y Central. Sabedor de que hay una resistencia popular generalizada a estos planes de austeridad asesina, Obama dejó claro que si fracasa la votación del martes, él emitirá de inmediato una orden ejecutiva para crear dicha comisión, con el mismo mandato de Maastricht.

Así que Obama se ha suscrito a un esquema en favor de una dictadura schachtiana dirigida por Londres sobre los Estados Unidos. La confirmación de Bernanke, el aumento del limite de la deuda y la enmienda de una comisión de austeridad fascista de Peterson todas son parte de exactamente la misma política. Se trata de la misma mentalidad fascista que definiera la comisión asesora médica independiente como un elemento sacrosanto de la iniciativa de ley del servicio médico, según las propias y frecuentes declaraciones públicas de Obama. Todo bajo el mismo mostacho.

Lo que estos payasos no entienden en lo más mínimo es que uno no puede cancelar la triple curva y tampoco pretender que la huelga de masas no existe. Lyndon LaRouche recalcó el domingo que nuestra arma más importante es el proceso de la huelga de masas, que sigue adelante, creciendo y conduciendo la realidad política actual. Ese proceso de huelga de masas es la fuente de nuestra autoridad. Contrario a las mentiras tontas de Obama a George Stephanopoulos del miércoles pasado, la votación de Massachusetts fue la huelga de masas dirigiéndose directamente a Obama y aquéllos en Washington que piensan que pueden salirse con la suya con una dictadura fascista sobre la población. No va a suceder. No habrá una dictadura fascista sobre los Estados Unidos. La triple curva no puede manipularse. Uno no puede usar las palabras para alterar la realidad de que nos encontramos en la fase final de un colapso hiperinflacionario. Es imparable; a menos que el Plan LaRouche se ponga en efecto de inmediato.

Eso quiere decir que regresemos, ya, a los lineamientos de banca comercial de Glass-Steagal, se cancelen las decenas de billones de dólares del salvataje y se lance un programa de recuperación de infraestructura a gran escala encabezado por un ferrocarril de pasajeros y carga de alta velocidad, la construcción de plantas de energía nuclear y la creación de decenas de millones de empleos productivos nuevos. Como una solución intermedia inmediata bajo Glass/Steagal, pondremos en práctica la Ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda para frenar los embargos de casas.

De aquí a la histórica videoconferencia internacional de Lyndon LaRouche del sábado 30 de enero próximo, estallarán algunos juegos pirotécnicos más y nosotros estaremos en medio de la acción. El miércoles, sólo unas horas antes del Informe a la Nación de Obama, el secretario del Tesoro Tim Geithner estará en el Capitolio para testificar ante el comité de Reforma del Gobierno del Congreso, sobre su papel en el salvataje de AIG. LaRouche dijo hace varias semanas que era "inconcebible" que Geithner pudiera sobrevivir políticamente una investigación seria del Congreso del salvataje de AIG y del encubrimiento criminal peor que el de Watergate que él ordenó. Estas audiencias de AIG también podrían tener severas repercusiones para Ben Bernanke, cuyo término como presidente de la Reserva expira el 31 de enero, y cuya confirmación todavía tiene que programarse. Recuérdese que a mediados de la semana pasada, el líder de la mayoría del Senado Harry Reid realizó un recuento de los votos demócratas en el Senado para confirmar a Bernanke y quedó asombrado por la oposición a Bernanke o titubeando en su apoyo. El viernes, cuando Russ Feingold y Barbara Boxer anunciaron que votarían "no", la Casa Blanca lanzó otra ronda frenética de torcimientos de brazos entre los demócratas, con Obama personalmente llamando a muchos y forzándolos a ceder.

De repente, el domingo, se hizo público que Bernanke estuvo hasta las narices en la decisión del salvataje de AIG. Como se informa en documentos obtenidos bajo citación por el comité del Congreso, el 16 de septiembre del 2008, el día que se tomó la decisión del salvataje de AIG, el entonces presidente de la Reserva de Nueva York Tim Geithner hizo 70 llamadas telefónicas. La mayor parte fueron para Bernanke y el secretario del Tesoro Hank Paulson. LaRouche demandó el domingo que se dé a conocer el contenido de dichas llamadas

en la audiencia del comité de Reforma Gubernamental del Congreso del miércoles y que Geithner y todos los demás testigos sean juramentados y forzados a testificar bajo juramento, de modo que resulten responsables criminalmente si mienten. Recuerden: AIG recibió 186 mil millones de dinero de los contribuyentes en el salvataje de septiembre del 2008, y la mayor parte de ese dinero simplemente fue a dar a Goldman Sachs a través de AIG, la otra institución de Wall Street demasiado grande para quebrar, y también bancos extranjeros. AIG fue descrita por un juez federal como una empresa criminal y la semana pasada, General Reinsurance, compañía propiedad de Berkshire Hathaway de Warren Buffett aceptó pagar 92 millones de dólares en multas, para evitar una acusación penal por su papel en un plan criminal anterior de AIG. ¿Qué tanto sabían Geithner y Bernanke sobre estos crímenes cuando decidieron entregar 186 mil millones de dinero del fisco a estos bribones de Wall Street? Dado que Pelosi y Reid acabaron con una verdadera comisión Pecora, toca ahora al Congreso usar el poder de citación, de testimonio bajo juramento y otros poderes constitucionales, para llegar a la verdad. Y de lo que ya sabemos, ¡ni Geithner ni Bernanke pueden sobrevivir una revelación pública plena de la verdad!

De modo que esto promete ser toda una semana de enfrentamientos entre la población y estos criminales que destruirían a los Estados Unidos en favor de Londres. Si bien mucha de la atención se centrará en Washington no podemos dejar de lado el hecho de que el viernes 29 de enero, Tony Blair aparecerá ante la Comisión Chilcot, que investiga su papel en la invasión ilegal de Irak. Si guardaban alguna duda de que alguien dentro de los círculos reales británicos están temblando por las probabilidades de que salgan a la luz los crímenes de la pandilla de Blai, sólo vean que lord Hutton, la persona asignada por Blair y la realiza para encubrir la misteriosa muerte del Dr. David Kelly, ordenó en secreto que toda la información de la autopsia y otra evidencia forense reunida por la Comisión Hutton, debe mantenerse secreta durante 70 años, hasta que cualquiera remotamente vinculados al caso Kelly hayan fallecido.

Sobra decir que la videoconferencia de LaRouche del 30 de enero, en este momento decisivo, tiene una importancia histórica profunda. Nadie con un sentido de inmortalidad va a querer perderse la oportunidad de participar en este acto forjador de historia.