Guerra de 30 Años convirtió a Afganistán en un narcoestado

4 de abril de 2010

3 de abril de 2010 (LPAC) — En un artículo que sustenta plenamente el llamado de Lyndon LaRouche para enjuiciar al Presidente Barack Obama por su respaldo traidor a los traficantes de opio afganos incluyendo al Talibán, el connotado escritor Alfred McCoy (autor de La política de la heroína en el Sudeste Asiático) publicó un artículo en la edición de Internet de Salon del 30 de marzo, donde detalla la evolución de Afganistán hasta convertirse en un naracoestado en toda la extensión de la palabra, en el transcurso de la guerra de treinta años iniciada por los símiles de Bernard Lewis y su Zbigniew Brzezinski, en 1979.

En contra de lo que presupone mucha gente, McCoy destaca que Afganistán no era un productor de opio antes de que se lanzara la guerra de los muyahidines y la ocupación militar soviética que le siguió de inmediato. Con la guerra sustituta contra los soviéticos de 1979 a 1990, se destruyó toda la economía agrícola de Afganistán, incluyendo los sistemas de riego y gestión de aguas que se construyó en las décadas de 1950 y de 1960, con la asistencia de Estados Unidos, lo cual abrió la puerta a la producción de opio que dio pábulo a la insurgencia muyahidin, con el respaldo de los servicios de inteligencia de Pakístán.

Luego del retiro de los soviéticos de Afganistán, la producción de opio siguió creciendo, durante el período de la guerra civil de la década de 1990. Después de que el Talibán tomo control de Kabul en 1996, la producción de opio creció de manera estratosférica, y el Talibán patrocinó también la proliferación de laboratorios de heroína. Poco después de la toma del poder del Talibán, la ONU reportó que Afganistán producía 4,600 toneladas métricas de opio al año, el 75% de la producción mundial.

Por motivos que aún son objeto de debate, en 2000 el régimen Talibán acabó abruptamente con la producción de opio, reduciéndola en 94%. Pero en cuanto se verificó la invasión estadounidense y la caída del Talibán en otoño de 2001, la producción de opio floreció de nuevo. Para 2007, la ONU reportó que Afganistán había producido 8,200 toneladas métricas de opio, 140% del consumo mundial. El indicio más patente de que el gobierno de Bush, y ahora el de Obama, no tenía ningún interés en combatir el tráfico de opio y heroína, fue el hecho de que la responsabilidad del "control de narcóticos" fue subcontratada ¡a las fuerzas británicas en Afganistán!

McCoy informa que, en una reciente conferencia sobre drogas en Kabul, el jefe de la política antidrogas de Rusia, Viktor Ivanov, reportó que el opio afgano generaba $65,000 millones de dólares de ganancia al año, de los cuales $500 millones iban a pagar a los agricultores afganos y una suma igual para el Talibán, y los $64,000 millones restantes iban a parar a las manos de la mafia internacional, o sea, los británicos.

McCoy inicia su artículo con una descripción de la conferencia de prensa que dio el general Stanley McChrystal en febrero de 2010 en Marja, una pequeña villa en la provincia de Helmand, donde se lanzó la "nueva" estrategia contrainsurgente de Estados Unidos. McChrystal cantó Victoria contra los insurgentes del Talibán, pero ni siquiera reconoció que se encontraba en una villa rodeada de campos de amapola, que abastecen el 40% del opio en el mundo. Y la mayoría de las chozas de barro que constituyen la villa contenían laboratorios de heroína. McCoy escribe, con cierta ironía: "Precipitándose sobre esos campos de amapola para atacar al Talibán el Día Uno de esta ofensiva, los infantes de marina no acertaron con su enemigo real, la fuerza última detrás de la insurgencia Talibán, en tanto que nomás perseguían a la última cosecha de campesinos guerrilleros cuyas armas y salarios las financian esas plantas de amapola".

Esta es la cuestión exactamente que Lyndon LaRouche ha puesto de relieve en su llamado por la remoción inmediata de Obama del cargo, por enviar a los soldados estadounidenses a morir, peleando contra una insurgencia que se alimenta del tráfico de opio que su gobierno ha acogido de facto.