¡Obama debe irse!

20 de julio de 2010

19 de agosto de 2010 — Cada hora y día que transcurre se acumula más y más la evidencia de que el presidente Obama se ha pasado de la raya siguiendo el final del juego de Hitler en el búnker. La pregunta es si un número suficiente de estadounidenses, incluyendo círculos institucionales dirigentes, pondrán los pies en la tierra y reconocerán que la misma suerte de la nación depende de la salida constitucional y sin contratiempos de Obama del cargo para el Día del Trabajo o inmediatamente después. La esencia del último pronóstico de LaRouche es que los Estados Unidos no van a sobrevivir al período de aquí a finales de septiembre a menos que se saque a Obama del poder en ese tiempo. El último proyecto del Sótano [el equipo de investigaciones del Movimiento de Juventudes Larouchistas, LYM] tiene el objetivo de proporcionar el liderazgo orgánico de la huelga de masas, al igual que a los círculos institucionales, con la evidencia ineludible de que la totalidad del sistema financiero mundial está definitivamente perdido.

Nadie más va a decir la verdad sobre la locura de Obama, incluso tras bastidores, en los corredores del poder, nadie disputa la demencia de Obama y la precisión del pronóstico de julio-septiembre de LaRouche. Cada vez son más los informes de estas discusiones, incluyendo el hecho de que el nombre de LaRouche se menciona de manera creciente, en las deliberaciones de alto nivel sobre la inminencia del derrumbe y los remedios necesarios. A Obama se le describe como "desconectado" de la realidad y obsesionado con su reelección en el 2012. La declaración de Robert Gibbs la semana pasada-de que los demócratas sufrirán una derrota humillante en el Congreso y tal vez también en el Senado-resultó irónicamente precisa. Pero convenció a la maquinaria del Partido Demócrata —Pelosi, Reid y a la pandilla del Comité Nacional Demócrata— de que la estrategia de Obama para su reelección consiste en hacer que pierdan los demócratas, en grande, y luego atacar a los republicanos por obstruir el resto de sus propuestas legislativas. Como señalara LaRouche, esto es demencia total, pero así es todo lo que viene de Obama.

La conducta de Obama está acelerando la desintegración ¡de la totalidad de la jerarquía del Partido Demócrata! Ésa es una de las ironías exquisitas de la situación. Los sabios en el DNC y el Congreso —como Tom Daschle, Nancy Pelosi, Harry Reid—. que hicieron un pacto diabólico con la pandilla de Chicago para bloquear que Hillary Clinton ganara la nominación presidencial demócrata y la Presidencia del país, ahora se ven obligados a enfrentar su propia traición. Pero estas maravillas pusilánimes, calcula LaRouche, no harán nada para salir de la crisis por sí mismos. Ellos no actuarán contra Obama hasta que las horquillas de la población estadounidense los agarre por el trasero.

La verdad es que Obama es incapaz de enfrentar la realidad de que toda la economía estadounidense ha desaparecido, de que el sistema financiero global está definitivamente perdido y que la guerra en Afganistán, que ahora verdaderamente "es suya", y no se puede ganar. Como señalara un contacto de inteligencia importante, vean como reaccionó Obama al derrame petrolero de la British Petroleum en el Golfo de México. Él fue informado en detalle a días de la explosión, sobre la magnitud del derrame y las medidas de emergencia necesarias. Él las rechazó y entró en un estado de disociación, esperando semanas, y ahora meses. Para actuar. Ésta es una señal de una persona totalmente desconectada de la realidad.

Y lo que es más, estamos recibiendo más y más informes calificados de que Obama está contemplando en serio una acción militar contra Irán, no porque Irán esté nada cerca de tener una bomba nuclear, sino porque podría elevar sus prospectos electorales del 2012, al silenciar sus críticos derechistas.

Un ataque así contra Irán, instigado por los británicos, sería similar al ataque japonés contra Pearl Harbor. El ataque fue contra los tableros de dibujo militares de mediados de los 1920, en momentos en que Japón e Inglaterra estaban aliados contra los Estados Unidos, como lo evidenció el tratado de desarme naval, entre otras acciones. El comando militar estadounidense conocía muy bien el plan de guerra anglojaponés para lanzar un ataque furtivo contra Pearl Harbor, y los estrategas militares de los Estados Unidos habían elaborado un Plan de Guerra Rojo y un Plan de Guerra Naranja, para derrotar esos planes. Después de que la Alemania nazi arrasara Francia, con la complicidad de fascistas franceses que apoyaban a Hitler, Churchill cambió de bando y se alió desesperadamente con su enemigo jurado, los Estados Unidos de Franklin Roosevelt, para derrotar a las Potencias del Eje que auspiciaba Inglaterra. Desesperado, Japón siguió adelante con el ataque a Pearl Harbor, a pesar de la traición británica, a sabiendas de que ganaría en el corto plazo, pero que conduciría finalmente a la derrota y hundimiento del Japón imperial. Piensen sobre la mencionada consideración de Obama de atacar Irán en estos momentos, en el mismo contexto. Ésa es la evaluación de Lyn.

Obama está preparando seguir adelante con la austeridad asesina schachtiana, vía la comisión de austeridad Simpson-Bowles, como lo recetó el equipo de fiscalización del FMI en junio contra Estados Unidos. Ésta es precisamente la agenda británica de una reducción radical malthusiana de la población. Su recién anunciada política sobre el SIDA es genocidio puro, reminiscente del infame deseo de Bertrand Russell de 1953 de que pudiera crearse una Peste Negra cada generación para resolver el "problema poblacional". Su asalto agresivo contra la NASA es un ataque contra la esencia misma de los logros científicos de Estados Unidos. Al mismo tiempo que hace pedazos lo poco que queda de la economía estadounidense, Obama está listo para seguir con los esfuerzos locos de la guerra afgana y abrir un tercer frente contra Irán, incluso con tropas estadounidenses todavía en Iraq.

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