Imaginen que sucedería si Ben Bernanke dijera la verdad

6 de febrero de 2011

4 de febrero de 2011 — Había una vez, en tierras muy, muy lejanas, un presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke que dijo la verdad. LaRouche PAC lleva ante ustedes la transcripción de un discurso ante el Club Nacional de Prensa que Bernanke nunca hubiera dado, porque es verdad:

La Reserva Federal, junto con el Banco Central Europeo y las naciones occidentales más grandes, se halla comprometida en el rescate más extraordinario de la historia. Mediante una serie de medidas, tanto abiertas como encubiertas, estamos subsidiando al sistema financiero y tendiendo una red de apoyo a los mercados de derivados y de valores más importantes, con lo que equivale a un cheque en blanco. Estas operaciones continúan, y hasta se han ampliado, aunque hayamos alegado que se está reduciendo el rescate, y que el rescate nos está reportando ganancias. Sin estas medidas extraordinarias, financiadas por los contribuyentes, no habría sistema financiero.

La Reserva Federal y otros reguladores están haciendo todo lo que pueden para ayudarle a los bancos a arreglar su contabilidad, para que escondan la profundidad de sus pérdidas. Estos esfuerzos han sido notablemente exitosos al permitir que sigan operando estas instituciones totalmente en quiebra, y pretendan ser rentables. Al hacerlo, hemos evitado con éxito que haya corridas por parte de los depositantes, inversionistas y contrapartes que hubieran destruido a estos bancos virtualmente de la noche a la mañana, y arrastrado al sistema financiero con ellos.

El gobierno federal se ha convertido, para cualquier propósito práctico, en la residencia real del mercado hipotecario de bienes raíces, emitiendo o respaldando con garantías un 95% de las hipotecas nuevas y aportando garantías federales para cantidades enormes de valores respaldados por hipotecas y otros derivados relacionados con las hipotecas. Es un asunto de la mayor prioridad de seguridad nacional mantener la ilusión de que estos activos tienen algún valor, debido a que esto evita el desplome total del sistema bancario.

Para salir de esta crisis, la Reserva Federal está destruyendo sistemáticamente el valor del dólar. Esto le permitirá pagar futuras obligaciones con dólares más baratos, una técnica probada en la historia. Al mismo tiempo, tenemos que continuar vendiendo enormes cantidades de valores del Tesoro denominados en dólares para financiar nuestro déficit y recabar dinero para los rescates. Por lo tanto, tenemos que insistir públicamente en que estamos comprometidos con un dólar fuerte, aunque nuestras acciones muestran que esa insistencia es una mentira.

El hecho es que estamos acumulando deuda nueva a una tasa espeluznante, mientras que se desploma la capacidad de pagar esa deuda. Entendemos que esto es insostenible, pero lo consideramos como una medida de corto plazo necesaria para que nos ayude en la transición hacia un nuevo sistema financiero. No nos hacemos ilusiones de que se pueda salvar el viejo sistema financiero, a pesar de que constantemente hablamos de qué tan sano está, y cómo se está recuperando. Estamos mintiendo, para mantener tranquilos a los campesinos mientras creamos nuestra nueva dictadura global.

Si les decimos a ustedes la verdad sobre lo que viene, habría pánico. No tenemos los recursos para mantener con vida a la vasta mayoría de la población mundial, y salvar al sistema financiero. Por lo tanto nos hemos visto forzados a escoger entre el sistema financiero y la población. La decisión fue difícil aunque obvia: tenemos que proteger el dinero, dado que es el dinero lo que hace que el mundo gire. Sin capital, no tenemos finanzas, no podemos tener comercio, no habría crédito para la economía. En un mundo posterior a la burbuja, bajo el nuevo sistema global, la capacidad de carga será mucho menor. Eso podría ser desagradable pero no hacemos caso de Malthus a nuestro propio riesgo. Por ahora, necesitamos austeridad y despoblación, mientras regresamos a un equilibrio sostenible.

Al mismo tiempo, vamos a requerir una contracción dramática del tamaño del sistema financiero global. Los primeros en irse van a ser las instituciones que se asocian más estrechamente con los campesinos; lo que algunos llaman la economía "real". Eso significa que los bancos comerciales que dependen de hacer préstamos a las personas y empresas ordinarios, van a ser los primeros en sentir los efectos de la contracción económica. Cuando quiebra la base de clientes del banco, el banco le sigue pisándole los talones. Hemos cerrados unos 300 bancos en el último par de años, y eliminado a muchos más mediante las fusiones, pero todavía hay miles que se van a ir. Mientras tanto, los bancos grandes —los que tienen grandes operaciones especulativas con todo tipo de papeles, además de sus actividades bancarias común y corrientes— están aumentando su dominio sobre la economía. Todo esto es de acuerdo con un plan. En cierto momento muy pronto vamos a tener que hacer algo sobre estos bancos grandes, pero por ahora seguimos insistiendo en que están saludables.

Les mentimos por su propio bien. Este es un período de gran ingeniería financiera y los rebaños son más fáciles de controlar cuando están calmados. Nuestro plan requiere mover a la población hacia el matadero de una manera ordenada, y no podemos, no vamos a tolerar ninguna estampida. Más vale hacer esto de una manera civilizada, aunque adoptaremos las medidas que sean necesarias para asegurar tener éxito.

El Estado nacional es un concepto anticuado. En nuestro mundo moderno, interconectado, con un mercado global, no existe espacio para estas divisiones artificiales. Si los mercados son globales, entonces el gobierno tiene que ser global también. Un mundo, un conjunto de reglas. Los mercados y las corporaciones que operan dentro de ellos, son mucho más eficientes en el manejo de los escasos recursos y la actividad económica. Si el mundo ha de sobrevivir a esta crisis, tenemos que abandonar conceptos anticuados como Estados nacionales y movernos hacia un mundo realmente globalizado. La Reserva Federal está haciendo su parte para hacer esta transición, incluso cuando estamos pretendiendo tomar las medidas necesarias para beneficiar a Estados Unidos.

Entonces se rompió el hechizo y Bernanke volvió a ser el mentiroso hijo de su perra madre. Poco después de esto, empezaron los disturbios