Japón: Nada hay más que temer que el temor mismo

19 de marzo de 2011

18 de marzo de 2011 — La siguiente es una declaración de Jacques Cheminade, presidente del partido francés Solidarité et Progrés (Solidaridad y Progreso), del 16 de marzo de 2011.

El terremoto y tsunami que golpeó a Japón le plantea un desafió a la humanidad. Cuando la población enfrenta actos extremos de la naturaleza, o actos de grandes injusticias sociales, tiene que buscar dentro de sí aquello que la diferencia de un animal presa de su miedo, es decir la cualidad de lo sublime a la que le han cantado los grandes poetas, y que identifica a un individuo con su especie y con el universo en el que vive.

Creer que inevitablemente la naturaleza es más poderosa que el hombre nos llevaría a renunciar a todo lo que ha conformado nuestra historia, desde el momento mismo en que el hombre dominó el fuego. La decisión de renunciar a la energía nuclear significaría que aceptamos parar nuestro entendimiento de los principios del universo, y sus aplicaciones para el desarrollo necesario de la biosfera. Sería como si el primer ser humano hubiera renunciado al fuego presa del miedo a sus peligros, como si fuese una bestia. Por el contrario, la dinámica de la creación humana tiene que ser nuestra guía. Sin esto, estaríamos todavía en la edad de piedra, o quizá más probablemente, hubiéramos desaparecido del planeta Tierra.

Tenemos que partir de esta consideración básica para evitar que nos arrastren a un falso debate, uno patrocinado por esas fuerzas financieras y sus intereses que buscan sembrar confusión emocional y pesimismo, paralizando así por lo tanto a sus enemigos y conduciéndolos a una servidumbre voluntaria; en otras palabras a un culto en contra del progreso, en otras palabras, un culto antihumano.

Digámoslo sin rodeos: lo que está sucediendo hoy en Japón se debe a que se paró el desarrollo de la energía nuclear en la etapa de los reactores de fisión estilo Westinghouse, y especialmente debido a la destrucción intencional y sistemática del pensamiento científico bajo la égida conjunta de la City de Londres y el imperio monetarista de Wall Street y el pesimismo cultural diseminado por un ecologismo perverso. Realmente no hemos tenido ningún progreso tecnológico, lo que significa que hemos retrocedido. La lección que hay que aprender es nunca más dejar la ciencia y sus aplicaciones en manos de los burócratas, tecnócratas y contadores, sino dársela a los que le sirven a las generaciones futuras y representen al pueblo.

Pongámoslo sin ambages: el hecho de que el tsunami haya destruido las unidades de enfriamiento y los circuitos eléctricos, y el derretimiento del núcleo del reactor no se deben a errores de los japoneses, que reaccionaron admirablemente frente al peligro. Se debe al bloqueo en contra de la ciencia. En realidad, la "energía nuclear" no consiste en un tipo de reactor en un momento dado, sino en una dinámica de desarrollo continua.

La lección a sacar es que todos debimos haber desarrollado ya reactores de cuarta generación, y habernos movido más rápidamente hacia la fusión termonuclear controlada. Los reactores de cuarta generación, y los HTRs, son inherentemente seguros, lo que significa que cuando se para la reacción, también se para la producción de calor, en contraste con los reactores de agua en ebullición como los de las plantas de energía japonesas. La fusión, en particular la fusión por láser, entraría en acción en unos 40 años y nos abastecerían con energía muy barata. Por supuesto, optar por esta dirección y seguir adelante con nuestra aventura humana requiere de inversiones considerables de largo plazo. Son imposibles bajo el actual sistema financiero, que destruye la economía y es socialmente injusto; esa es la razón de porque tenemos que cambiar de sistema.

Finalmente, la investigación científica de las causas de los terremotos y los tsunamis involucran un problema aún más fundamental, para poder predecirlos y controlar sus efectos. La coincidencia entre estas catástrofes y las eyecciones solares, como las que acaban de ocurrir, es una pista. Aparte de esto, el hombre ya no debe considerarse como instrumento de cierto mecanismo, sino como un ser que crea sus condiciones de vida controlando los fenómenos de la naturaleza, ya sea que provengan de la Tierra, del Sol o de la galaxia.

Esta idea, combinada con los actos creativos, es lo que va a evitar que nos convirtamos algún día en una especie en peligro de extinción.

Aunque las autoridades francesas coinciden en que las condiciones de las plantas de energía nuclear de Francia actualmente son relativamente seguras, esto no es suficiente. En un universo continuamente creativo, siempre se tienen que estar descubriendo y aplicando nuevos principios para garantizar la vida.

La alternativa sería una reducción severa en el consumo energético, o intentar producir gas esquisto de las disyunciones hidráulicas o petróleo de las arenas alquitranadas. En otras palabras, tendríamos un desastre humano y la reducción poblacional criminal que algunos quieren, o un desastre ecológico y humano ocasionado por la regresión tecnológica. Si queremos un futuro, la energía geotérmica, los molinos de viento o los paneles solares no son una opción, dado que el criterio es la densidad del flujo energético por unidad de área, per cápita y por cantidad de materia consumida, lo que se corresponde con la densidad de población potencial deseada. Sin los medios para aumentar este potencial, que solo se pueden obtener mediante el desarrollo continuo de la energía nuclear, no vamos a tener ninguna generación futura. Si rechazamos el camino que nos abrieron los Curies y los Langevins, estamos todos renunciando a un futuro para la humanidad, en particular en los países más pobres, que deberían de ser los primeros en beneficiarse de un mundo libre del estrangulamiento de las finanzas.

No entender estas opciones se reduce a no entender la naturaleza misma del ser humano. No hay salida que nos lleve de regreso al pasado, excepto la muerte.