El imperio británico persigue el genocidio global, y ahora se extiende la bacteria mortal E. Coli

7 de junio de 2011

7 de junio de 2011 — El número de víctimas mortales de la nueva bacteria mortífera E. Coli, que apareció en Alemania la semana pasada, sigue creciendo, al igual que la incidencia de la enfermedad. Pero el significado de este acontecimiento se tiene que ver en su contexto estratégico mundial.

No existe evidencia disponible que muestre que este brote no coincida con las intenciones genocidas del difunto lord Bertrand Russell, y el todavía vivo príncipe Felipe, consorte de la reina Isabel.

La intención de Bertrand Russell es patente en su libro de 1951, El Impacto de la Ciencia en la Sociedad. Citamos: "Al presente la población del mundo aumenta alrededor de 58,000 al día. La guerra, hasta ahora, no ha tenido un efecto muy grande sobre este aumento, que continuo a lo largo de las dos guerras mundiales... La guerra ha sido hasta ahora decepcionante a este respecto... pero tal vez la guerra bacteriológica puede resultar eficaz. Si la Peste Negra pudiera extenderse por todo el mundo una vez en cada generación, los sobrevivientes podrían procrear libremente sin que el mundo se llenara demasiado. El estado de cosas puede ser desagradable, pero ¿y qué?".

En cuanto a Felipe, su intención quedó expresada más sucintamente en una entrevista con la Deutsche Presse Agentur en agosto de 1988:"Si pudiera reencarnar, me gustaría volver como un virus mortal, con el fin de contribuir en algo a resolver el problema de la sobrepoblación".

Dado el dominio que la política de genocidio del príncipe Felipe tiene sobre el movimiento "ambientalista" internacional, con centro en el Fondo Mundial por la Vida Silvestre (conocido por sus siglas en inglés, la WWF) y más allá, y el dominio de las directrices de la City de Londres sobre el sistema financiero mundial en bancarrota, ahora tratando de sobrevivir, queda claro que las muertes masivas de la población "en exceso" es la política de la elite oligarca dominada por los británicos. ¿Puede alguien alegar a conciencia que la extensión de enfermedades mortales no es el producto intencional de estas potencias?

Y si esto es así, ¿no es ésta una razón convincente más para acabar con esas instituciones con el instrumento que tenemos inmediatamente a la mano, la Glass-Steagall?