Una carta para los banqueros sobre la Glass-Steagall, de un banquero del sistema americano

15 de junio de 2011

13 de junio de 2011 — La siguiente carta fue escrita por Mike Sperry, gerente de crédito en varios bancos durante su carrera, ahora retirado, dirigida a los banqueros estadounidenses en donde quiera que estén, para que corrijan el daño que permitieron que se le impusiera al sistema bancario americano, para que se reinstaure la Glass-Steagall y el Sistema Americano de banca. Se está enviando a individuos de la comunidad bancaria junto con una ficha descriptiva actualizada de los patrocinadores y partidarios del restablecimiento de la Glass-Steagall.

Comunidad de Banqueros

Main Street

Todas las ciudades y estados

Estados Unidos de América

Estimados colegas banqueros:

Yo me retire en el 2008, después de 35 años de carrera en la banca mercantil. He observado con horror lo que le ha sucedido la industria desde entonces y apelo a ustedes para que se unan a la lucha para salvarla.

Nuestro sistema bancario está en problemas. El dinero fácil ha desatado una espiral hiperinflacionaria que está desvalorizando a nuestra moneda y el sistema monetario mundial se tambalea al borde del derrumbe. Para quienes no hemos olvidado la naturaleza de nuestro papel como banqueros, la solución a este dilema es, o debería ser, evidente por sí mismo. Pero para alcanzar el nivel de apoyo necesario para el remedio obvio, tenemos que hablar. Se supone que los banqueros entienden como funciona nuestro sistema bancario y la exigencia actual nos compele ahora a ejercer nuestra influencia.

¿Nos hemos olvidado de que el dinero no es más que una herramienta para facilitar la realización de los objetivos de nuestra nación? ¿Se escapa de nuestra memoria colectiva que nosotros somos los que creamos dinero? ¿Hemos perdido de vista el hecho de que nuestro deber es asegurar que el dinero que nosotros creamos facilite un comercio saludable y las mejoras en el bienestar público?

Debido a nuestro silencio, a nuestra incapacidad de hablar en contra de los que se presentan como banqueros pero que no son, en realidad, más que cambistas de dinero, la respuesta a estas preguntas parecería ser sí. Pareciera que hemos perdido nuestros amarres, nuestras bases en esos principios que otrora hicieron de la banca una profesión noble. Es tiempo que nos volvamos a familiarizar con los ideales que nos legaron aquellos que diseñaron nuestro sistema bancario. Esos patriotas crearon un nuevo tipo de sistema bancario, un sistema diseñado concientemente para que fuese adecuado y apropiado para esta nación.

Una nación cuyo propósito era promover el bienestar general de todos sus ciudadanos, y garantizar de eso las bendiciones de la libertad para las generaciones futuras, requería un sistema bancario totalmente diferente a los de naciones que no tuvieran los mismos motivos. Nuestro sistema bancario difiere de todos los demás por la misma razón, y en la misma medida, nuestro sistema económico difiere de aquellos de otras naciones. Nuestros sistemas bancario y económico están entrelazados. En realidad, la función del primero, la justificación misma de su diseño, es para hacer avanzar el segundo. Así que no es coincidencia que a la corrupción de nuestro sistema bancario le siguiera la peor caída de nuestra economía desde la llamada gran depresión.

De aquí se desprende que el primer paso rumbo a la recuperación económica es arreglar nuestro sistema bancario. Se tiene que reorientar, de nuevo hacia la búsqueda de los fines para los que fue creado. Y para generar esta transformación tenemos que volver a promulgar la Ley Glass-Steagall.

La ley de 1933 fue una parte integral del programa de Franklin D. Roosevelt para reconstruir la economía. Al separar la banca mercantil de otros tipos de instituciones financieras, se reestableció el control del gobierno sobre la moneda de la nación, cuyo valor está obligado constitucionalmente de regular. La pérdida de ese control fue lo que puso de rodillas a nuestra economía otra vez. Rescatar los grandes bancos de inversión, que nomás son bancos de nombre, constituye un intento de salvar a los especuladores a costas del público en general. Pero, como ahora es obvio, esa estrategia está condenada al fracaso.

El océano de dinero, manufacturado por nuestro gobierno, solo ha servido para sostener temporalmente la ilusión de que el valor real de los activos de papel engendrados por esas copiosas emisiones, semeje vagamente su valor declarado. El valor de los derivados, activos respaldados por otros valores, las opciones, e instrumentos semejantes creados por los seudobancos de Wall Street, son como el fabuloso vestido nuevo del emperador, solo reales a los ojos de quienes por falta de conocimiento o por miedo a la alternativa, han optado por engañarse a sí mismos. Para salvar al sistema bancario, no tenemos que rescatar a esas instituciones de las consecuencias de su propia necedad. Solo tenemos que separar a la banca real de las apuestas de casino, de las pirámides financieras, del chasco de los cambistas de dinero que ahora se acerca rápido a su inevitable y justo final.

Como banqueros mercantiles que entendemos la diferencia entre la banca de Wall Street y la banca del común, es nuestro deber moral y patriota apoyar la legislación propuesta ahora en el Congreso que volvería a promulgar la Ley Glass-Steagall. El proyecto HR 1489, tiene respaldo bipartidista de 15 miembros del Congreso hasta ahora. Yo los insto a que se me unan en apoyarlo.

Sinceramente suyo,

Michael W. Sperry

Banquero Mercantil (retirado)