El Economist del imperio británico demanda: "Fin de la era espacial"

6 de julio de 2011

6 de julio de 2011 – Como para escupirle en la cara a la humanidad en el Día de la Independencia de Estados Unidos, la revista del imperio británico The Economist publica un artículo de portada titulado "El Fin de la era espacial- El espacio interior es útil. El espacio exterior es historia", con una foto del Transbordador esfumándose al fondo. La voz del imperio enfatiza la destrucción del "mito" del imperativo extraterrestre. Con la muerte del Transbordador y la eliminación de los vuelos espaciales tripulados por parte de Obama, escriben, "la fantasía hecha realidad de los vuelos espaciales humanos volverá a ser una fantasía. Es probable que la Era Espacial haya llegado a su fin —2011 pudiera ser, en los libros de historia del futuro, el año en que finalmente murió el sueño de los cadetes espaciales".

Ahora que el Transbordador llega a su fin este año, el que sigue en la lista al matadero de la reina es "la oscura Estación Espacial Internacional (ISS por siglas en inglés), con seguridad el mayor derroche de dinero, a los $100 mil millones y sigue contando, que se haya construido en toda la historia a nombre de la ciencia", dice el vocero del imperio británico.

De hecho, el editorial del The Economist declara que la victoria del Imperio Británico sobre la voluntad de progreso estadounidense se produjo por su destrucción de la economía mundial o, como dicen ellos con mofa: "no bucks (dólares), no Buck Rogers".

Más importante para los nazis fabianos es su alegato de que han podido destruir exitosamente el espíritu estadounidense: "Ya no existe apetito para regresar a la Luna, no digamos para presionar para llegar a Marte, El Dorado de la exploración espacial. Pudiera existir la tecnología, pero se acabó la pasión, por lo menos en las potencias tradicionalmente involucradas en los vuelos espaciales, Estados Unidos y Rusia". Existe el problema de China, que está tratando de recrear la movilización de la ciencia nacional que hizo John F. Kennedy y su espíritu de progreso humano, pero, alegan, "no existe nada de la bravura 'para fines de la década' de Kennedy en los anuncios de Beijing", implicando que el imperio tiene tiempo para sabotear también esos esfuerzos.

Si bien es seguro que los sirvientes reales de The Economist vigilan de cerca a LaRouche y al Equipo del Sótano en LaRouchePAC, ciertamente no desean mencionarlo en su esfuerzo por cantar victoria sobre el Sistema Americano.