Italia bajo estado de sitio por parte del BCE y traidores en altos puestos

10 de septiembre de 2011

10 de septiembre de 2011 — Bajo presión del Banco Central Europeo (BCE), el gobierno italiano tuvo que revisar sus medidas de austeridad por cuarta ocasión. Más ominoso aún, el presidente Giorgio Napolitano, en una de esas raras intervenciones, salió en defensa del Banco Central Europeo. Fuentes diplomáticas dijeron que Napolitano está dispuesto a desatar una crisis en el gobierno si no se toman las "acciones necesarias". Según el informe del diario La Stampa, Napolitano estaba dispuesto a dar varios declaraciones que hubieran dejado expuesto al país a la fiereza del mercado y los especuladores.

Por lo que ahora el gobierno italiano está bajo la administración judicial del BCE y del Presidente del Estado —un cargo constitucionalmente solo ceremonial— un asunto bastante anticonstitucional. Esto ha forzado a algunos observadores, como el columnista Fianni Gambarotta en Finanza e Mercati, a preguntarse si en realidad no habrá un "supergobierno" a cargo de Italia.

Napolitano, según algunos medios de comunicación, le ha dado un ultimátum al gobierno, con base en la carta "semisecreta" que el presidente del BCE Jean-Claude Trichet, le envió al Primer Ministro Silvio Berlusconi en agosto. Los sindicatos le pidieron al gobierno que sacara copias de la carta y el gobierno respondió que "es un documento confidencial; pregúntele directamente al BCE". En contra de la voluntad del partido Lega Nord, que forma parte de la coalición de gobierno, y especialmente del ministro de Finanzas Giulio Tremonti, el gobierno realizó más recortes presupuestales, aumentó el impuesto al valor agregado (IAV) del 20 al 21%, elevó anticipadamente la edad de jubilación e introdujo un impuesto populista a los de más altos ingresos. El periódico de oposición El Riformista escribió que le tomó toda la noche "vencer la resistencia" de Tremonti, quien ha sido aislado por la facción librecambista de su partido (PDL), encabezada por el jefe de gabinete de Berlusconi, Gianni Letta. El ataque en forma de pinzas en contra de Tremonti provino de Napolitano, del vicepresidente comisionado ante la UE, Antonio Tajani y del ministro del Exterior, Franco Frattini.

Durante una reunión de la cúpula del partido en Roma, Tremonti denunció que "hay una conspiración internacional en contra de Italia" señalando a ciertos círculos político-financieros a quienes les gustaría derrocar a este gobierno y reemplazarlo con uno tecnocrático. Según Il Riformista, Berlusconi dijo: " Esta es la última oportunidad del proyecto de ley de presupuesto. Si los mercados lo rechazan, entonces la teoría de Tremonti sobre una conspiración es correcta".

Huelga General en Italia

El 6 de septiembre, millones de trabajadores paralizaron más de 100 ciudades en Italia, en una huelga general organizada por la CGIL, la confederación sindical más grande del país, con 6 millones de miembros. La huelga fue en protesta contra los recortes presupuestales por 45 mil millones de euros los cuales califican de "profundamente injustos, incivilizados e innecesarios" y "realizados en contra de los trabajadores". Según los organizadores entre un 58% y un 70% de los trabajadores del transporte se adhirieron a la huelga y alrededor de un 70% de los trabajadores fabriles en torno a Milán. Hoy no se imprimió el periódico Corriere della Sera, el principal periódico de Italia, debido a que los trabajadores de la imprenta se adhirieron a la huelga. Por toda la península se cancelaron miles de vuelos y trenes y los embotellamientos de tránsito paralizaron las principales ciudades. La huelga también provocó problemas en las oficinas de la administración pública, hospitales, jardines infantiles y servicios públicos en general.

La Secretaria General de la CGIL, Susanna Camusso, habló ante la concentración en Roma y atacó al gobierno y su plan de drásticos recortes en el presupuesto para la seguridad social, el servicio médico público, educación y los gobiernos locales, municipales y regionales. Su discurso se enfocó principalmente en contra de la liberalización del mercado de trabajo, y en particular en contra de una disposición, promovida por la Unión Europea, que le permite a las compañías despedir trabajadores, una vez que obtienen la luz verde de los sindicatos. Camusso dijo que la disposición es "una vergüenza y es anticonstitucional" y prometió demandarla por anticonstitucional.

Las dos confederaciones sindicales conservadoras, CISL y UIL, no se unieron a la huelga, lo que muestra la creciente división en el movimiento sindical.

En Milán, grupos de manifestantes trataron de llegar a la Piazza Affari, donde están las oficinas centrales de la bolsa de valores, pero fueron detenidos por la policía. Otros huelguistas en Milán, Roma, Turín y otras ciudades se manifestaron ante las oficinas centrales y sucursales de varios bancos, incluyendo Unicredit, Fondazione CRT, Popolare di Novara y Banco Central, Banca d'Italia, y ahí arrojaron huevos y bombas de humo contra los respectivos edificios. Los manifestantes colocaron también afiches en las paredes de las oficinas centrales del Unicredit que decían "Si este es un país del escusado, sabemos a quien se lo debemos".