El G-20 y el FMI en el mundo de la fantasía, mientras se derrumba el sistema financiero internacional

24 de septiembre de 2011

24 de septiembre de 2011 — Los ministros de finanzas y los jefes de los bancos centrales del Grupo de los 20 (G-20) se reunieron el jueves antes de la reunión del FMI en Washington y no pudieron llegar a ningún acuerdo sobre como parar el desplome global en marcha. No tenían ninguna intención de publicar un comunicado final pero la escala del pánico global era tal que emitieron una declaración regurgitando las recetas ya fracasadas de los meses pasados: los responsables de decidir las políticas están "comprometidos con una respuesta internacional fuerte y coordinada para hacerle frente a los desafíos renovados que enfrenta la economía global". La región del euro prometió en la declaración del G-20, "aumentar la flexibilidad del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF)" y maximizar su impacto para el tiempo en que ocurra la siguiente reunión del grupo en Paris el 14 y 15 de octubre. Citaron "la fragilidad del sistema financiero y los enormes riegos a la baja por las tensiones en las deudas soberanas" y dijeron que ellos "asegurarían" (sin decir cómo) que los bancos estén capitalizados adecuadamente y tengan acceso a la liquidez.

El ministro de finanzas de Japón Jun Azumi dijo que "muchos" (no todos) exhortaron a Europa para que lleve a cabo lo que prometió en julio: expandir los poderes de su fondo de rescate.

Joe Lau, un economista de Societe Generale (uno de los bancos franceses con las mayores probabilidades de quebrar en los próximos días), se quejó de la declaración del GG-20: "Ya no convence a nadie el apoyo verbal sin ninguna acción concreta. Los inversionistas están buscando ahora acciones viables y creíbles de las autoridades competentes y, dado la cantidad de nerviosismo e incertidumbre que existe ahí, quizá ni eso sea suficiente".

Un destacado economista asiático que asistía a la reunión del FMI, le dijo a EIR que las deliberaciones del FMI del fin de semana iban a ser una enormidad de exigencias contradictorias, todas basadas en el mito de que de alguna forma se podía resolver la crisis con medidas monetarias, pero para la próxima semana, el mito iba a estar muerto y enterrado y se iba a desatar el infierno.