Alerta el Washington Post que Escocia se mueve hacia su independencia y la división del Reino Unido

28 de febrero de 2012

28 de febrero de 2012 — "Después de siglos de guerra contra Inglaterra, los políticos de esta ciudad señorial (Edimburgo, Escocia) vendieron la soberanía de Escocia a principios de los 1700 bajo la promesa de riquezas y la gloria del imperio. Trescientos años después, el resurgimiento nacionalista allí está conspirando una nueva rebelión para recuperarla.

"Apelando a la fuerza del orgullo tartán, el Partido Nacional Escocés, ganó sorpresivamente control del Parlamento regional el año pasado, que impulsa la fantasía separatista... hacia el reino de una posibilidad manifiesta. El gobierno británico, encajonado en una esquina precaria, ha abierto negociaciones formales con los escoceses para fijar una fecha para un referendo sobre su independencia".

Así empieza el diario anglófilo Washington Post su informe nervioso fechado en Edimburgo, Escocia, sobre la "conspiración" escocesa que representa "la mayor amenaza a la cohesión del Reino Unido desde que Irlanda logró su independencia...".

El periódico alega que hasta ahora solo el 30% de los escoceses está a favor de la independencia. "Pero" informan, "lo que más espanta a los unionistas es que los tres partidos tradicionales británicos —Laborista, Conservador y Demócratas Liberales— han perdido credibilidad en Escocia en los últimos años, en donde no existe una voz escocesa definitiva que surja para abanderar la causa de mantener la unión con Gran Bretaña. Eso ha dejado al [primer ministro David] Cameron, que es enormemente impopular entre los escoceses, a encabezar la cargada".

El Washington Post se refiere a las preocupaciones británicas sobre las promesas del Partido Nacional Escocés, entre ellas "expulsar la flota nuclear británica de aguas escocesas, retiro de la OTAN y retiro paulatino de los regimientos escoceses de las fuerzas militares británicas en el exterior. También le daría a los políticos en Edimburgo la libertad de votar por separado, y quizá en contra, de Gran Bretaña en los organismos internacionales como las Naciones Unidas y el Fondo Monetario Internacional (FMI)". Y lo más preocupante: podrían actuar sobre el reclamo escocés de los depósitos petroleros del Mar del Norte.