Siria: no hay paz posible sin desarrollo económico mutuo

9 de febrero de 2012

por Jacques Cheminade, candidato presidencial en Francia

8 de febrero de 2012 — La noche del 4 al 5 de febrero, cuando se presentó a votación una nueva resolución en contra de Siria ante el Consejo de Seguridad de la ONU, con la capacidad de conducir a un conflicto global de reacción en cadena, incluyendo una guerra termonuclear, China y Rusia tuvieron el alcance de miras de vetarla. La mayoría de los dirigentes occidentales atacaron violentamente esa postura, entregándose a la geopolítica angloamericana orientada a atizar las llamas del conflicto.

De este modo, el presidente francés Nicolas Sarkozy y en particular su ministro de Relaciones Exteriores Alain Juppé, sepultan el "excepcionalismo francés" en tratándose de política exterior, que había venido sobreviviendo más o menos hasta la guerra en contra de Irak en 2003. Alinearon a Francia en una dirección que tiene el objetivo de reemplazar un régimen cuya naturaleza antidemocrática se pudo haber identificado mucho tiempo atrás, con los elementos más atrasados de esa región asociados con Qatar y Arabia Saudita.

Alain Juppé, quien abandonó el colbertismo en los 1980 y traicionó la alianza tradicional del gaullismo con el pueblo francés, con su reforma a la salud de 1995, terminó traicionando aquí y ahora a la política gaullista de "paz a través del desarrollo" de la población. Pues nada se ha propuesto o hecho para realmente desarrollar el Sudoeste Asiático y Siria, ni se hizo nada tampoco en esa dirección para Libia y Túnez.

En lo personal, yo hago un llamado para que cese de inmediato la ofensiva económica y militar encabezada por la OTAN y sus aliados en el Cercano Oriente en contra de Siria e Irán. Yo exijo el cese inmediato de la acumulación de fuerzas terrestres, aéreas y marítimas de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, ya en marcha en el Golfo de Omán, el Golfo Pérsico y el Océano Indico, en preparación a intervenciones armadas en contra de estos países. Quienes alegan no querer una intervención armada pero que imponen sanciones que afectan a las poblaciones no son más que la fachada hipócrita de lo mismo.

Nuestra perspectiva de paz tiene que ser una alianza de naciones desde el Atlántico hasta el Mar de China con miras en los grandes proyectos con un interés común. En octubre de 2011, Dmitri Rogozin, entonces embajador ruso ante la OTAN, propuso a los estados miembros de la OTAN el lanzamiento conjunto del sistema de Defensa Estratégica de la Tierra (DET) con el objetivo de defender a todos los países tanto de misiles como también de asteroides que pudieran amenazar la tierra. Desde entonces, se han hecho otras propuestas rusas del mismo tipo con la intención de evitar toda escalada militar. Vladimir Popovkin de la agencia espacial rusa, Roskosmos propuso una colaboración inmediata ruso-estadounidense junto con otras nueve agencias espaciales para crear una base lunar, y el ex ministro de Relaciones Exteriores Igor Ivanov invitó a los rusos y estadounidenses para que formaran una iniciativa conjunta para la exploración y desarrollo del Ártico.

Solo compartiendo nuestros recursos para hacerle frente a los grandes desafíos de la humanidad se va a poder evitar la escalada hacia la guerra en esta crisis. Tener como objetivo el imponer un cambio de régimen desde el exterior solo puede llevar a un desastre bajo la apariencia de un acto humanitario. Permitir que degenere una situación al punto de que un territorio se convierta en campo de batalla y después proponer intervenir no es más que una versión moderna del imperialismo británico del siglo 19.

No puede haber paz sin desarrollo económico mutuo y esa es una política de la que Francia debe ser una instigadora infatigable y un agente catalizador.