El imperio aboga por una dictadura financiera en Europa continental

9 de junio de 2012

 

9 de junio de 2012 — El viernes 8 por la tarde el primer ministro británico, David Cameron, en sus conversaciones con la canciller alemana, Angela Merkel, abogó vehementemente por una mayor "reducción de la soberanía" de los Estados nacionales del continente, dejando en claro para que no hayan dudas que no obstante, Gran Bretaña no participará en esa reducción de soberanía: "Yo puedo entender porqué los países de la zona del euro quisieran poner su atención sobre elementos de una unión bancaria. Puesto que nosotros no participamos de esa unidad monetaria, no tomaremos parte de los profundos elementos de esa unión bancaria. Yo no le pediría a los contribuyentes británicos que avalen los depósitos de los griegos o de los españoles".

"Esa no es nuestra moneda, de modo que sería inapropiado que nosotros hiciéramos eso", añadió Cameron. "Yo entiendo porqué países que tienen una misma moneda tienen que buscar una mayor integración. Yo me aseguraré de que los intereses de Gran Bretaña, en particular en el mercado único, y la transparencia y equidad del mercado único estén protegidos. Eso es lo importante para Gran Bretaña".

Aparentemente, en eso Cameron y el Presidente de Estados Unidos, con quien habló por teléfono el jueves 7, están de acuerdo. Antes de la reunión en Berlín, el portavoz de Cameron le dijo a los medios noticiosos: "El señor Cameron y el señor Obama están de acuerdo tanto en el plan que se necesita de inmediato para resolver la crisis y devolver la confianza en los mercados como en la estrategia de largo plazo para asegurar una moneda única fuerte". El portavoz añadió que Cameron "quería transmitir el mismo mensaje que dio en el discurso del 17 de mayo en Manchester, cuando advirtió que la zona del euro tiene que 'reconciliarse' o estará ante una posible desintegración".

El plan de Cameron para Alemania y la zona del euro (por supuesto, no para Gran Bretaña) incluye cuatro puntos: un fondo más grande que sirva como cortafuego contra otros problemas más serios que se pueden presentar; bancos con mejor capitalización; bonos compartidos por la zona del euro; y una política monetaria más activa de parte del Banco Central Europeo (BCE). El último aspecto se pospuso para más adelante, y ayer el BCE decidió que no reducirá las tasas de interés, que las mantendrá en un 1%, aumentando la presión sobre los gobiernos para que solucionen sus problemas monetarios.