Curiosity nos llevará a entender un nuevo Marte

22 de agosto de 2012

10 de agosto de 2012

por Marsha Freeman

El exitoso aterrizaje en Marte efectuado el 6 de agosto temprano por el robot Curiosity, abre un nuevo capítulo sobre lo que ha sido un continuo volver a escribir la historia de Marte. La misión actual del Curiosity se construye sobre un legado de 50 años de avances en la exploración planetaria. El planeta Marte ha experimentado cambios dramáticos en el transcurso de miles de millones de años en su geología, su química, su topografía, su hidrología y su atmósfera. Pero en las últimas décadas, Marte experimentó cambios revolucionarios en la mente del hombre. A través de una serie de misiones no tripuladas al planeta rojo cuidadosamente planeadas, el hombre ha enviado cada vez más complejos representantes de su sensorio extendido, para observar y obtener muestras de un planeta que puede haber alojado vida. Hemos sido nosotros quienes hemos "cambiado" al planeta Marte.

De las observaciones hechas con telescopios desde la Tierra, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli pensó, en 1877, que Marte tenía "cauces", que entonces se tradujo equivocadamente como "canales", y se dijo que podían haber sido construidos por seres inteligentes. Pero la primera mirada preliminar a Marte hecha a través de rápidos sobrevuelos al planeta a mediados de la década de 1960, revelaron lo que desconcertantemente se veía como la Luna sin vida, estéril, seco, frío, bombardeado por millones de asteroides y cometas, carente de cualquier posibilidad de que allí hubiese existido vida.

Luego en 1971, el Mariner 9 voló sobre la orbita del planeta por primera vez, y por casi un año, pudo tener una mirada más cercana. Nos mostró un nuevo Marte. Aquí está un planeta que tiene el volcán más grande de todo el Sistema Solar; tiene cauces y cuencas de lagos secos, muy posiblemente formados por agua líquida; indicaciones estas de que Marte tuvo un pasado más caliente, y un medio ambiente que puede posiblemente haber sido acogedor para la vida. Por los resultados del Mariner 9, se planeó la ambiciosa misión del Viking, que también, por primera vez, aterrizó una nave espacial en la superficie de Marte, para llevar a cabo una investigación in situ de este lugar cada vez más misterioso.

Buscando vida

La misión del Viking, que se lanzó en 1975, fue en extremo ambiciosa: buscaba evidencias de vida en Marte. Basado en un entendimiento muy preliminar del complejo químico y de otras características del planeta, los instrumentos científicos del Viking, que investigaron la superficie de Marte, solo pudieron darnos resultados contradictorios, de si se podía o no se podía encontrar material orgánico, que indicara la presencia de vida actualmente o en el pasado. El "consenso" en la comunidad científica, en el sentido de que no se encontró en el Viking nada que indicara la existencia de vida, hizo que los planes para misiones futuras dirigidas a detectar directamente vida fueron engavetadas. Pero el interés por entender al planeta rojo, el más parecido a la Tierra, sufrió solo un paréntesis temporal. Si nunca hubo vida en Marte, sería tan importante responder la pregunta de "¿por qué no? ", que responder "¿cómo fue eso?" Los científicos dieron un paso atrás en la cuestión de la "vida", para comenzar una campaña para conseguir una interpretación más inteligible de Marte.

Durante las dos décadas siguientes, el tema de "seguir el agua" se convirtió en el objetivo, basándose en la sugerencia de que el agua líquida es un prerrequisito para que haya vida. El Mars Global Surveyor, lanzado el noviembre de 1996, llegó al planeta rojo en septiembre del año siguiente. Solo a cuatro días de que la nave espacial fuera puesta en órbita alrededor de Marte, esta descubrió allí el remanente de un campo magnético, posible requisito para la vida. En el trascurso de su misión de 9 años, la nave en órbita descubrió capas extensas en la corteza del planeta, antiguos deltas, cauces que aparentaban una actividad relativamente reciente, minerales que se forman bajo condiciones de humedad, y sirvió como una base de comunicaciones para los robots que explorarían Marte, el Spirit y el Opportunity.

Solo unos meses antes, el 7 de agosto de 1996, los científicos dieron a conocer una observación impresionante. Les habían dado un regalo, un pedazo de Marte que había sido expulsado desde el planeta miles de millones de años antes, y que eventualmente aterrizó en la Antártica. Se encontró que el Meteorito ALH84001, (un pedazo de este puede verse en el Museo Nacional de Historia Natural, en Washington, DC) contenía carbonatos, y pequeñas estructuras, que evocaban una pequeña lombriz, como las que existen en la Tierra. Aunque, todavía hoy, continúa el debate alrededor de si el ALH84001 contiene evidencias fósiles de vida en Marte, el meteorito de Marte ayudó a impulsar la siguiente serie de misiones a Marte que ya se estaban planeando.

El 4 de julio de 1997, la primera nave que en dos décadas aterrizó en Marte, y el primer robot, logró llegar a la superficie del planeta. La misión Pathfinder, y su diminuto robot de 25 libras, el Sojourner, fueron diseñados principalmente como banco de pruebas tecnológico para futuras misiones más complejas, pero contribuyeron con la primera vista cercana de la superficie desde el Viking. El Pathfinder envió muchos datos sobre el viento y el clima en Marte, más de 17.000 imágenes, y más de 15 análisis químicos de rocas y del suelo.

Después del fracaso de dos misiones en 1998 y en 1999, la siguiente nave que llegó a Marte, en el 2001, es la que hoy es el satélite de comunicaciones más importante para retransmitir la información del Curiosity a la Tierra: Odyssey (Odisea). Al comienzo, su espectrómetro de rayos gama dieron evidencia patente de la existencia de grandes cantidades de agua congelada, mezclada con las capas superiores del suelo, cerca del polo norte y el polo sur. Más tarde, se escogió un lugar en esta región de Marte como blanco para la sonda Phoenix cercano al polo.

Las cámaras del Odyssey han identificado minerales en las rocas y el suelo marciano, y elaboraron el mapa global de Marte de más alta resolución que exista. Sus observaciones ayudaron a identificar los lugares potenciales de aterrizaje para los robot Spirit y Opportunity, la sonda espacial Phoenix, y el robot Curiosity. Por más de una década, Odyssey ha monitoreado la atmósfera de Marte, cuyos datos fueron críticos para predecir la posible variación de las condiciones climáticas, durante el aterrizaje enormemente complejo del Curiosity.

El Spirit y el Opportunity, los dos primeros geólogos de campo en Marte, aterrizaron a principios de 2004, y confirmaron que hubo presencia de agua líquida en Marte. En el transcurso de su investigación de las Columbia Hills, Spirit descubrió rocas y suelos que contienen minerales que evidencian una extensa exposición al agua. Lo que el Opportunity encontró fue un factor decisivo: dentro de un cráter pequeño, el robot geólogo examinó un afloramiento del lecho de roca. Las rocas no solo estaban saturadas de agua, sino que fueron colocadas bajo la superficie de una suave corriente de agua. La presencia del mineral hematita, que había sido identificado desde la órbita por el Mars Global Surveyor, fue verificada por el Opportunity. Algunas hematitas que se encontraron tenían una forma esférica casi perfecta, a lo que los científicos llaman "arándanos", forma que posiblemente le fue dada por una corriente de agua.

Siguiendo el entusiasmo generado por este "nuevo" Marte que estaba tomando forma, la Agencia Espacial Europea (AEE) decidió embarcarse en su propio programa espacial sobre Marte, y en junio del 2003, el Express de Marte de la AEE fue lanzado a la órbita alrededor de Marte. La nave espacial ha podido identificar depósitos de minerales arcillosos, similar a los que el Curiosity encontró en el cráter Gale, que es indicativo de un pasado húmedo. El Express de Marte hizo una observación intrigante, detectó metano en la atmosfera. Puesto que el metano antiguo se dividiría demasiado rápido como para ser detectado en la atmósfera hoy, parece que todavía actualmente se produce allí. Aunque hay muchas formas en que se puede producir metano en Marte, una de ellas es a través de la vida.

Desde el año 2006, la nave Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) ha estado en su puesto. Ahora está enviando datos desde el Curiosity. El MRO nos mostró tres períodos de tiempo evidentemente diferentes de Marte, y que muestra que Marte es todavía un mundo dinámico. Ha observado tormentas de polvo, nuevos cráteres, y avalanchas. El MRO ha rastreado el ciclo de agua de los polos de Marte a través de su atmósfera, mostró el efecto de las variaciones cíclicas en la inclinación de su eje de rotación, y profundos depósitos de dióxido de carbono congelados enterrados en el casquete polar. En el 2008, la sonda Mars Polar verificó que había depósitos bajo la superficie de agua congelada, la que detectó primero desde órbita el Odyssey. Pero el sorpresivo descubrimiento en sus observaciones fue el haber detectado perclorato, que es alimento para algunos microbios, y un elemento químico que puede reducir el punto de congelamiento del agua líquida, posiblemente de modo suficiente como para permitir la existencia de agua liquida en un medio ambiente que de otra manera llegaría a niveles de congelamiento.

El equipo de más de 700 científicos de todo el mundo que concibieron el Curiosity espero casi una década para que esta misión fuera realidad. En abril de 2004, la NASA anunció que había una oportunidad para que los investigadores hicieran su propuesta de investigaciones científicas para la misión. Ocho meses después, la NASA anunció que había seleccionado 8 experimentos, además de investigaciones científicas, a través de acuerdos internacionales, de España y de Rusia. Su espera terminará en el transcurso de las próximas semanas. Los descubrimientos hechos sobre Marte en el pasado, y la infraestructura que se ha construido en la órbita alrededor del planeta por décadas, permitirá los descubrimientos que va a hacer el Curiosity.