La Bahía de Guantánamo y el nuevo 9-11

17 de septiembre de 2012

17 de septiembre de 2012 — El periódico Wall Street Journal informó el viernes 14 de septiembre, que funcionarios de Estados Unidos están analizando comunicaciones interceptadas entre los líderes de Al Qaeda del Maghreb Islámico (AQMI) y miembros del grupo Ansar al-Sharia, grupo que se cree llevó a cabo el ataque contra el consulado de Estados Unidos en Benghazi el martes 11 de septiembre. "Funcionarios estadounidenses investigan indicios de que un grupo local de militantes libios sostuvo una serie de conversaciones el martes con miembros radicales de Al-Qaeda sobre el ataque que sucedió ese día en el consulado de Estados Unidos en Benghazi, como la primera señal de una posible coordinación en el ataque, entre las milicias locales y el movimiento terrorista mundial", informaron los periodistas Siobhan Gorman y Adam Entous del Journal. El diario cita a un ex funcionario estadounidense, que dijo, "el modo en que AQMI viene discutiendo esto sugiere en modo contundente que estuvieron involucrados en la conspiración".

El domingo 16, Al-Qaeda emitió una nueva declaración en la Península Arábiga, en la que afirma que el asesinato del embajador Stevens se llevó a cabo en venganza por el asesinato del segundo en el mando de la organización, Abu Yahya al-Libi, quien fue ejecutado mediante un avión robot en junio en Pakistán. Al-Libi era libio, y después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, fue capturado y encarcelado en la base aérea de Bagram, cerca de Kabul, hasta que presuntamente se escapó y de nuevo se unió a Al-Qaeda. El fundó la filial de Al-Qaeda en Libia, el Grupo de Combatientes Islámicos Libios.

Según un veterano funcionario de inteligencia de Estados Unidos, Al-Libi no se escapó, sino que le fue entregado al gobierno de Arabia Saudita. Al-Libi ingresó en el programa de "rehabilitación de terroristas" del ministerio del interior saudí y luego fue liberado. Pronto se reintegró a Al-Qaeda y rápidamente reapareció entre los grupos como uno de sus líderes más combativo.

Otro que se sospecha es miembro del Grupo de Combatientes Islámicos Libios, Sufyan bin-Qumu, es el jefe del grupo Ansar al-Sharia, el cual se cree que llevó a cabo el asalto paramilitar fuertemente armado al consulado de Estados Unidos en Benghazi, el martes 11 de septiembre. Según documentos que diera a conocer Wikileaks, bin-Qumu, por doce años formó parte del Ejército de Libia, y fue encarcelado por traficar con drogas y por violación. Se escapó de la cárcel libia, se fue a Sudán y se unió a Osama bin Laden. De Sudán pasó a Kabul, a mediados de los años de 1990, donde trabajó para una organización de "beneficencia" saudí, la organización Al Wafa, identificada tanto por el Concejo de Seguridad de la Naciones Unidas como por el Departamentos de Estados de Estados Unidos como un frente para recabar dinero para Al Qaeda. Muy pronto después de los ataques del 11 de septiembre, a bin-Qumu lo capturaron en Pakistán y lo embarcaron rumbo a la Bahía de Guantánamo, en Cuba. Allí permaneció detenido por 5 años. En septiembre del 2007 fue enviado de regreso a Libia y mantenido por corto tiempo en prisión, hasta que fue puesto en libertad bajo algún tipo de acuerdo entre Gaddafi y las milicias islámicas.

Cuando comenzó la rebelión contra Gaddafi a principios del 2011, bin-Qumu sobresalió como líder de la Brigada de Darnah (Darnah es una ciudad en el oriente de Libia, que es el principal centro de reclutamiento de terroristas suicidas, de acuerdo a un estudio reciente hecho por el Centro de Combate del Terrorismo de West Point), de la cual formaban parte en su mayoría libios que pelearon en Afganistán durante el período en que el Talibán gobernaba en los años de 1990.

Asombrosamente el 24 de abril de 2011, el periódico New York Times, publicó un perfil de bin-Qumu bajo el encabezado, "Un libio, que estuvo preso, es ahora un especie de aliado de Estados Unidos". El perfil del New York Times termina diciendo que los rebeldes libios niegan tener vínculos con Al-Qaeda, y hasta ahora los estadounidenses están dispuestos a creerles. Citó a un militar estadounidenses que dijo, "nos preocupa más la infiltración de Al-Qaeda que viene de fuera, que la de los nativos. La mayoría de ellos tienen una agenda local, así que no representan una amenaza tan grande para Occidente".