RESEÑA DE LIBROS: El senador Bob Graham habla de los sauditas y el 11 de septiembre

24 de septiembre de 2012

por Jeffrey Steinberg

18 de septiembre de 2012.- Enseguida se reproduce el artículo de Jeffrey Steinberg que aparece en la edición del 21 de septiembre de EIR Online [1] con el título de El senador Bob Graham es un hombre con una misión.

Graham, Bob, Asuntos de Inteligencia: la CIA, el FBI, Arabia Saudita y el fracaso de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo; Random House, New York, 2004, 298 páginas, $24.95.

Antes de retirarse como senador federal de Estados Unidos en enero del 2005, el senador Bob Graham (demócrata de Florida) durante una década fue miembro de la Comisión Selecta sobre Inteligencia del Senado, de la cual era presidente durante el período en torno a los ataques en Nueva York y Washington DC del 11 de septiembre del 2001. Presidió además la Comisión Conjunta del Congreso sobre las Fallas de Inteligencia de EU en torno a los ataques del 11/9.

Desde cualquier punto de vista, como servidor público, el senador Graham se pudo haber retirado a Florida y haber gozado del rango de estadista respetado. Sirvió durante 38 años en un puesto de elección popular, empezando en la Cámara de Representantes del estado de Florida y el Senado de Florida, pasando después a ocupar el cargo durante dos mandatos como el gobernador más popular y exitoso del estado, y después fue electo para el Senado de Estados Unidos, en donde sirvió durante 18 años.

Pero el ex senador Bob Graham es un hombre con una misión. Luego de haber presidido la investigación de la Comisión Conjunta del Congreso sobre el 11 de septiembre, hasta el día de hoy él está convencido hasta de que dos presidentes sucesivos, George W. Bush y Barack Obama, deliberadamente encubrieron el papel del Reino de Arabia Saudita, incluyendo a miembros prominentes de la familia real saudí y al Directorio General de Inteligencia Saudita (GID), en los ataques del 11 de septiembre.

En 2010, frustrado por el constante encubrimiento de la mano real saudí detrás del mayor ataque terrorista en la historia en contra de suelo estadounidense, el senador Graham escribió una novela, en la que destapaba totalmente el papel de los sauditas, exponiendo el caso sin delatar ninguno de los secretos de seguridad nacional.

En 2004, antes de su retiro del Senado de Estados Unidos, Bob Graham publicó una reseña objetiva de los hallazgos de la Comisión Conjunta, evitando cuidadosamente cualquier revelación pública de inteligencia clasificada. Ese libro, Intelligence Matters, es una exposicion aguda del encubrimiento sistemático por parte de las agencias de inteligencia y judiciales de EU. Dentro de los límites de lo que podía publicar, el senador Graham expone también como caso irrefutable que elementos dentro del gobierno saudí tuvieron un papel directo en los sucesos del 11 de septiembre.

Más allá de las 28 páginas

Durante mucho tiempo, la furia más grande del senador Graham estuvo dirigida en contra de la Casa Blanca de Bush y Cheney, por impedir la publicación de un capítulo de 28 páginas del borrador del informe de la Comisión Conjunta, que pone al descubierto el papel del entonces embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos, príncipe Bandar bin-Sultan, en el financiamiento de los ataques del 11 de septiembre.

Parte de este enojo se enfoca ahora en contra del ocupante actual de la Oficina Oval, Barack Obama. En entrevista con Dylan Ratigan de MSNBC en septiembre del 2011, el senador Graham confirmó que había tratado, en repetidas ocasiones, de hacer que el Presidente Obama reabriera la investigación sobre el 11 de septiembre, empezando con la desclasificación del capítulo de 28 páginas. Le dijo a Ratigan que el personalmente había hablado con John Brennan, el asesor más alto sobre contra terrorismo del Presidente Obama y ex funcionario de carrera de la CIA, y le había implorado que hiciera que el Presidente pusiera al descubierto los secretos sobre el 11 de septiembre y la conexión saudí. Hasta ahora, a casi 4 años de la presidencia de Obama, no se ha movido ni un solo dedo para acabar con el encubrimiento.

Si algo ha sucedido es que el presidente Obama ha apretado los amarres del expediente saudí sobre el 11 de septiembre, ordenando a principios del 2009 a su Fiscal General que interviniera en un caso ante los juzgados federales para garantizar que la familia real saudí gozara de inmunidad soberana en contra de cualquier enjuiciamiento.

Tanto el senador Graham como altos funcionarios de inteligencia de EU han confirmado que las nuevas evidencias revelan que el encubrimiento va más a fondo. Para empezar, el FBI está implicado hasta el tuétano en encubrir un caso actual. En su reseña de 2004 sobre la investigación del Congreso sobre el 11 de septiembre, el senador Graham denunció al FBI por negarse a permitir que investigadores de su equipo —incluyendo dos agentes especiales del FBI prestados por el Buró— entrevistaran a un informante del FBI, quien había alojado a dos de los principales secuestradores del 11 de septiembre en San Diego, California. El FBI, bajo órdenes de la Casa Blanca de Bush, se negó a concederle permiso a la Comisión para que entrevistara al agente de campo del FBI que tenía el contacto con el informante, incluso después de que salieron a la luz pública detalles de la relación del informante con los dos secuestradores, Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar, en la revista Newsweek y otras publicaciones. Finalmente el FBI secuestró a su informante bajo el Programa Federal de Protección de Testigos para asegurarse que ninguna de las investigaciones lo alcanzara.

En 2011, se conoció aún más evidencia del encubrimiento del FBI, producto del sólido trabajo investigativo del autor Anthony Summers y Dan Christensen, el editor de Broward Bulldog, una publicación en línea en el condado de Broward, Florida. Lo que Summers y Christensen descubrieron fue que otro acaudalado saudí, con ligas cercanas a la familia real, había estado en contacto con otros tres de los secuestradores en la zona de Sarasota, Florida, entre ellos el supuesto líder del equipo de secuestradores, Mohammed Atta. Atta, Marwan al-Shehi y Ziad Jarrah visitaron la casa en Sarasota de Abdulazzi al-Hiijjii, su esposa Arnoud y el padre de ella Esam Ghazzawi, en diversas ocasiones.

Misteriosamente, toda la familia Hiijjii huyó de su casa en una exclusiva urbanización privada el 30 de agosto de 2001, menos de dos semanas antes de los ataques del 11 de septiembre. Claramente salieron huyendo de prisa ya que había comida sobre la mesa, carros en la entrada de su casa, el agua corriendo en la piscina y pañales sucios en uno de los cuartos. Pasando por los aeropuertos de Dulles y Heathrow, los al-Hiijjiis llegaron de regreso a Riyadh, Arabia Saudita, en vísperas de los ataques del 11 de septiembre.

El FBI fue alertado sobre los vínculos de los al-Hiijjii con los secuestradores del 11 de septiembre por alguaciles locales y por el jefe de seguridad de la elegante urbanización privada en donde vivía la familia saudí. Menos de 24 horas después de los ataques del 11 de septiembre, los agentes del FBI habían inundado todo el complejo, entrevistando vecinos y revisando a fondo la casa. Finalmente, rastrearon registros telefónicos que revelaban comunicaciones telefónicas ¡con 11 de los secuestradores!

El FBI nunca le dijo ni siquiera una vez al senador Graham, ni al equipo de la Investigación Conjunta del Congreso, o al equipo de la subsecuente Comisión sobre el 11 de septiembre, sobre los vínculos de Sarasota con los secuestradores del 11 de septiembre. Después se confirmó que al-Hiijjii y su suegro, Esam Ghazzawi tenían ligas estrechas con miembros de la familia real saudí. Así mismo, ambos estaban en la lista de vigilancia del gobierno de EU bajo sospecha de financiar al terrorismo antes de los ataques del 11 de septiembre.

Todo esto fue encubierto por el FBI, que alega que se han investigado las pistas pero que llegan a un punto muerto.

San Diego y Bandar

El 15 de agosto de 2002, el senador Graham estaba en Tallahasee, Florida cuando recibió una llamada urgente de la directora del equipo de la Comisión sobre el 11 de septiembre, Eleanor Hill, quien le pidió que buscara un teléfono seguro para darle un informe sobre ciertos nuevos descubrimientos sorprendentes. Irónicamente, el senador Graham tuvo que ir a la oficina del FBI para recibir la llamada. Hill le dijo a Graham que dos de los investigadores del equipo —Mike Jacobson y Tom Kelly— habían estado revisando los archivos de la oficina del FBI en San Diego y que habían descubierto información sobre los vínculos del informante del FBI con los dos secuestradores de la costa oeste, al-Mihdhar y al-Hazmi. Jacobson había sido fiscal y analista de contrainteligencia para el FBI y Kelly había trabajado como Asesor Jurídico Adjunto del FBI, antes de ser asignados para trabajar en la Investigación Conjunta del Congreso.

Al día siguiente, Hill le llamó de nuevo al senador y de nuevo le pidió que fuera a una línea telefónica segura. "Hallamos más en los archivos del FBI en San Diego" le dijo a Graham. "Hay dos rastros de dinero que llevan a Omar al-Bayooumi".

Al-Bayoumi era un agente conocido del Directorio General de Inteligencia (GID) saudí, que había sido desplegado a la zona de San Diego para que espiara a los estudiantes sauditas que pudieran estar ligados a Al Qaeda. En enero del 2000, al-Bayoumi y Osama Basnan, otro agente del GID, recibieron una nueva tarea: albergar a dos individuos de nacionalidad saudí recién llegados, al-Hazmi y al-Mihdhar. Al-Bayoumi y Basnan cumplieron fielmente con las órdenes, proporcionando alojamiento a los dos recién llegados a San Diego, un carro y ayuda para que se registraran como estudiantes en la escuela de aviación.

Durante el tiempo que al-Bayoumi y Basnan estaban "encargados" de los dos futuros secuestradores, al-Bayoumi estaba recibiendo paga a través de varios frentes sauditas, incluyendo las cuentas bancarias del embajador saudí, príncipe Bandar bin-Sultan y su esposa, quien es hermana del príncipe Turki bin-Faisal, en ese entonces jefe del GID saudí.

Al-Bayoumi era un empleado fantasma de una compañía saudí, Ercan, que tenía contratos con Dallah Avco Aviation, una compañía contratista saudí propiedad de Saleh Kamel, un acaudalado saudí, quien era miembro de la "Cadena Dorada", una red de empresarios y príncipes sauditas súper ricos, que financiaban a Al Qaeda. Cuando los supervisores de Ercan se quejaron en 1999 de que al-Bayoumi no se presentaba a trabajar, el director general de Aviación Civil Saudita le escribió al gerente de la compañía, amenazando con dar por terminados todos los contratos con la firma si ellos no mantenían a al-Bayouni en la nómina de pagos.

Desde el inicio de su empleo en Ercan, al-Bayoumi recibió un salario mensual de $2,800 con una asignación para gastos de $465 al mes. Sin embargo, cuando los dos futuros secuestradores sauditas llegaron al sur de California, al-Bayoumi recibió un aumento en su asignación para gastos a $3,700 al mes.

Cuando el senador Graham le pidió una explicación a la directora Hill sobre este súbito aumento a al-Bayoumi, afirmó claramente, "ciertamente parece como si al-Bayoumi hubiera sido el conducto del dinero de Ercan y probablemente de Dallah Avco a al-Hazmi y al-Mihdhar".

La otra fuente de financiamiento, aún más controvertida, de los secuestradores en San Diego también provino de al-Bayoumi y su socio Osama Basnan (Basnan había sido arrestado por tráfico de cocaína varios años antes y el embajador saudí en Washington intervino para que se retirasen los cargos). El príncipe Bandar personalmente le dio unos $15,000 a Basnan supuestamente para servicios médicos de su esposa; y la esposa del príncipe Bandar, princesa Haifa bin- Faisal, le entregó un cheque mensual a la esposa de Basnan por $3,000. Juntando todo esto, el canal Bandar le aportó a Basnan entre $50 y $72,000 en el periodo previo a los ataques del 11 de septiembre. El príncipe Bandar, cuando después se le confrontó con los pagos a los agentes de inteligencia saudí encargados de los secuestradores del 11 de septiembre, lo descartó como una simple "acción de caridad".

Lo que no sabía el senador Graham

Al mismo tiempo que Bandar y su esposa le daban fondos a Basnan y al-Bayoumi para que establecieran el equipo de la costa oeste del 11 de septiembre, el embajador saudí estaba recibiendo un estimado de $2 mil millones de dólares en "honorarios" del acuerdo de intercambio de petróleo por armas Al Yamamah, que él había arreglado entre el gobierno británico y el Ministro de la Defensa saudí. De 1985 hasta el tiempo de los ataques del 11 de septiembre y después, el acuerdo Al Yamamah generó más de $100 mil millones en ganancias que se colocaron en cuentas bancarias extraterritoriales, administradas conjuntamente por los saudíes y los británicos, para realizar operaciones encubiertas a nivel mundial. Además Bandar y otros funcionarios y príncipes saudíes recibieron enormes pagos, algunas veces hasta de miles de millones de dólares.

Fue esta canasta de efectivo la que financió los ataques del 11 de septiembre y las huellas digitales saudíes y británicas están en las transacciones por todos lados de.

Los viajes de al-Mihdhar

Si bien, con ayuda de los dos agentes saudíes de la GID Basnan y al-Bayoumi, Khalid al-Mihdhar se inscribió en la escuela de entrenamiento de vuelo en el sur de California, en junio del 2000, seis meses después de entrar a Estados Unidos abandonó EU para llevar a cabo otra tarea decisiva para los ataques del 11 de septiembre.

En los siguientes 13 meses viajó por toda Europa y el Medio Oriente, llegando primero a Alemania y depués de ahí se fue a Yemen. La tarea de Al-Mihdhar era reclutar los "músculos" de la operación, los hombres que se iban a encargar de someter a los pilotos, tripulación y pasajeros mientras los secuestradores entrenados como pilotos dirigían los aviones hacia los blancos.

Al-Mihdhar viajó del Medio Oriente al Sureste Asiático terminando finalmente en Afganistán. A pesar del hecho de que había asistido a una reunión a fines de 1999 en Kuala Lampur, Malasia, en donde aparentemente se planeó el complot, al-Mihdhar no tuvo problema para obtener una nueva visa para volver a entrar a Estados Unidos en julio de 2001.

El hecho de que al-Mihdhar y al-Hazmi fueron financiados por un frente del Ministerio de Aviación Civil saudí y por el embajador saudí en Washington DC, y el hecho de que al-Mihdhar fuese un personaje clave en el reclutamiento de la mayoría de los 19 secuestradores del 11 de septiembre, destaca el papel de funcionarios saudíes de alto rango y la realeza en el plan. La complicidad del Presidente Bush y su sucesor, el Presidente Obama, en el encubrimiento de este patrocinio saudí del 11 de septiembre es quizá el mayor crimen en contra del pueblo estadounidense desde el encubrimiento del asesinato del presidente John F. Kennedy.

La constante búsqueda del senador Graham

El 11 de septiembre de 2012, el senador Graham publicó un comentario firmado en la página editorial del Huffington Post que empieza: "El transcurso del tiempo desde el 11 de septiembre de 2001, no ha disminuido la desconfianza que muchos de nosotros sentimos en torno a la historia oficial sobre cómo sucedió el 11 de septiembre y, lo que es más significativo, quienes lo financiaron y apoyaron. Once años después, ha llegado el momento de que las familias de las víctimas, los sobrevivientes y todos los estadounidenses conozcan toda la historia detrás del 11 de septiembre... No es solamente una cuestión de la necesidad de completar los registros históricos. Es asunto de la seguridad nacional actual. Si los terroristas tuvieron una red de apoyo antes del 11 de septiembre, ¿qué nos hace pensar que hoy se ha desbandado o se ha retirado? Pudiera estar todavía ahí, capaz de apoyar a al-Qaeda u otros grupos extremistas que odian a Estados Unidos, de los cuales hay muchos".

Después de referirse a las 28 páginas suprimidas de su informe de la Comisión Conjunta del Congreso, el senador Graham agregó: "Tristemente, esas 28 páginas representan solo una fracción de la evidencia de la complicidad saudí que nuestro gobierno continúa protegiendo del público". El senador Graham citó otro documento condenatorio, "un informe de 16 páginas de la CIA titulado 'Apoyo Financiero con base saudí para las organizaciones terroristas' ". Cuando las familias de las víctimas del 11 de septiembre presentaron una demanda bajo la Ley de Libertad de Información exigiendo el documento (se cita en las notas del informe de la Comisión del 11 de septiembre), "nuestro propio gobierno redactó cada una de las palabras del texto sustantivo".

El senador Graham concluye: "Lo que supo la Investigación Conjunta —y que ha salido a la luz desde entonces— muestra adonde apunta el proverbial dedo de la sospecha. Apunta a Arabia Saudita, y necesitamos conocer toda la verdad".