La mañana después de la mala noche de Obama

19 de noviembre de 2012

19 de noviembre de 2012 –- A raíz de las audiencias del Congreso a puerta cerrada con el general David Petraus el pasado viernes 16, Obama y sus controladores británicos tienen bastante de que preocuparse. La Casa Blanca de Obama no solo se mantiene en su encubrimiento y mentiras descaradas, como destacó Lyndon LaRouche el viernes por la noche en su videoconferencia de los viernes, sino que ha quedado plenamente establecido que el gobierno abandonó a su suerte para morir a cuatro estadounidenses durante el incidente de Benghazi, luego de que se había desmantelado la seguridad el consulado en las semanas y meses antes del ataque. La única explicación a estos crímenes deliberados, es la que da LaRouche y el Informe Especial de EIR sobre el aparato saudí-británico que llevó a cabo el primer 9-11 con la complicidad de traidores en Estados Unidos, y que todavía está incólume y operando en el segundo 9-11 que tuvo lugar en Benghazi.

Hay una amplia cobertura de prensa sobre lo que dijo Petraeus en las audiencias del viernes con relación a los puntos del memorando de la CIA sobre el ataque de Benghazi, en el sentido de que fue ejecutado por un grupo terrorista ligado al-Qaeda y que el memorando fue modificado por otro despacho del gobierno que no se ha dado a conocer aún (pero que obviamente se trata de la Casa Blanca de Obama, como el mismo se encargo de señalarlo) que luego se lo pasó de esa manera modificado a Susan Rice para que diera la versión falsa al público en televisión nacional.

En un esfuerzo totalmente patético para dar una explicación de sus mentiras, la Casa Blanca desplegó de inmediato a sus sofistas expertos, para que salgan con una argumentación plausible, como informó la cadena noticiosa ABC News, que reporta a un incógnito "alto funcionario estadounidense familiarizado con la elaboración del memorando", quien intenta explicar que "la información sobre el ataque que involucra a individuos ligados a al-Qaeda salió de fuentes secretas" y que por lo tanto esas referencias se tenían que quitar de la versión pública del memorando para proteger a las fuentes, y también "para estar precavidos de señalar particulares y evitar luego un círculo vicioso de una cadena de suposiciones que se refuercen sin confirmación". El diario neoyorkino The New York Timesy el diario londinense Guardian reportaron que el mismo Petraeus le dijo a las Comisiones del Congreso que se habían eliminado las referencias a al-Qaeda en la versión que dio Susan Rice "para evitar darle una pista al grupo de lo que sabían las autoridades de Estados Unidos".

Así mismo, la Casa Blanca se desplegó ampliamente para presionar a los demócratas del Congreso para que se cuadren en defensa a Susan Rice. Esto generó una lógica muy tortuosa como la explicacion que dió el senador demócrata de Dakota del Norte, Kent Conrad: "Ella [Rice] hizo lo que era responsable hacer, totalmente, al responder preguntas en base a lo que era la parte no secreta y que había acordado con la comisión de inteligencia que reflejase sus opiniones no clasificadas como secretas en el momento que echo mano del memorando". Traduciendo: la verdad estaba clasificada como secreto; las mentiras no, así que no le quedó más que decir mentiras.

También la senadora demócrata Dianne Feinstein saltó en defensa de Rice, y dijo que quienes la atacaban de manera injusta pretenden "asesinar su carácter... No creo que se le debe ridiculizar por esto. Ella hizo lo que yo hubiera hecho o cualquier hubiera hecho que tuviese que aparecer en un programa de televisión de fin de semana". El Guardian tuvo que reconocer que tanto Feinstein como los demás "salieron a defender la [a Rice] con firmeza el viernes por primera vez, posiblemente como resultado de presiones de la Casa Blanca tras bambalinas".