Owen: Blair y Cameron están coludidos para bloquear la investigación sobre Irak

1 de junio de 2013

1 de junio 2013 — Lord David Owen, ex secretario de Relaciones Exteriores, ex miembro del parlamento, Consejero Privado, miembro de la Cámara de los Lores, y mucha otras cosas más, acusó al ex primer ministro Tony Blair y al actual primer ministro David Cameron de estar conspirando para bloquear la publicación de ciertos documentos sobre la investigación en torno a Irak, que preside sir John Chilcot. En declaraciones publicadas ayer por Peter Oborne, el más importante comentarista de asuntos políticos del diario Telegraph de Londres, Owen dijo en un evento público del fin de semana pasado, que en la investigación "se está evitando que se revelen extractos que ellos creen que son relevantes de intercambios que hubo entre el presidente Bush y el primer ministro Blair". Los culpables, dijo, son Tony Blair y David Cameron: "No se hubieran podido bloquear los extractos sobre Bush si Tony Blair no los hubiera objetado o si esas objeciones no hubieran contado con el respaldo del actual primer ministro David Cameron. Ambos hombres se están parapetando detrás de convenciones que son totalmente inapropiadas dada la naturaleza de la investigación".

Pero, según Osborne, Owen no paró ahí. Sugirió que Blair y Cameron han llegado a un acuerdo político con el cual Cameron ocultaría los documentos que Blair no quiere que se conozcan y a cambio de esto Blair se va a mantener neutral o incluso va a dar un apoyo político tácito a los tories en las próximas elecciones generales, programadas para el 2015. "El Número 10 [por la residencia del Primer Ministro, Número 10 Downing St.—ndr] revela que están en constante contacto sobre muchos temas con Tony Blair, y la propia gente de Blair lo ha confirmado" dijo. "No es por nada que Cameron se ve a sí mismo todavía como el 'heredero de Blair'. Es difícil que se le escape a uno la conclusión de que el Número 10 espera obtener la neutralidad o posiblemente el apoyo tácito de Blair en las elecciones generales". Owen ha respaldado sus acusaciones en una entrevista publicada el 28 de mayo en el blog Total Politics, en donde indica que la investigación tiene todo el derecho de obtener los documentos que necesite. "Lo que está sucediendo ahora es un mecanismo de defensa de gente que trata de evadir el impacto total de la investigación", dijo. "Es como si todavía no se hubieran dado cuenta de que hay cuestiones muy serias que se deben plantear sobre si se le dijo o no —por ejemplo— la verdad al parlamento".

La investigación Chilcot la convocó inicialmente el ex primer ministro Gordon Brown en el 2009, para sacar, según palabras de Brown entonces, las "lecciones" que se pudieran aprender de la intervención británica en la guerra en Irak entre 2003 y 2011. El informe final estaba programado para darse a conocer a fines del 2011, pero ahora parece que no se va a dar a conocer antes del 2014. Se empantanó después de escuchar muchos testimonios de numerosos funcionarios del gobierno de ese entonces y la publicación de muchos documentos desclasificados, cuando el gobierno, presidido entonces por Cameron, se negó a entregar ciertos documentos para la investigación, en particular aquellos concernientes a las discusiones entre Blair y el presidente de EU, George W. Bush. Según los diversos relatos, incluyendo muchos que ya tenía disponibles la investigación, Blair le prometió a Bush ya en abril del 2002, que si Estados Unidos decidía invadir Irak, Gran Bretaña iba a estar hombro con hombro a su lado. Blair tendría infinidad de razones para mantener en secreto la verdad sobre estas discusiones, no siendo la menos importante, destaca Osborne, que el imperio empresarial de Blair de dar asesoría a dictadores del Medio Oriente y África no podría existir sin el apoyo implícito de la cancillería británica.

Sin embargo, las implicaciones de pescar a Blair son mucho más amplias y así lo entiende Osborne. "Si Chilcot concluyera que Tony Blair mintió sobre Irak (y muchas personas bien ubicadas están convencidas de que así fue) sería una catástrofe de primer orden para el ex primer ministro" escribe Osborne. "Caería en desgracia, justo como le sucedió a Anthony Eden cuando se supo que le había mentido al parlamento sobre la invasión a Suez en 1956. Su vida política y su reputación estarían acabadas. No se trata solo de que no podría regresar al escenario político británico. También se vería forzado a abandonar cualquier ambición que pudiera tener en la escena internacional, como es su deseo expreso de convertirse en presidente de la Unión Europea" o, Osborne pudo haber agregado, de seguir con su campaña de lanzar una tercera guerra mundial en el Medio Oriente.