Putin no cambia sobre Siria en la cumbre del G-8; Obama está en problemas

19 de junio de 2013

19 de junio de 2013 — La troika belicosa de Cameron, Hollande y Obama se debieron haber dado cuenta de que pasarían un momento imposible con el Presidente ruso, Vladimir Putin, en la cumbre del Grupo de los 8 (G-8) durante las discusiones sobre Siria, luego de que el líder ruso le dijo a los periodistas en la víspera de la reunión que Occidente estaba respaldando caníbales en su celo por derrocar a Assad. El diario Washington Post bloqueó por complete el comentario de Putin, pero la edición dominical del Washington Times y el New York Times del lunes 17 informaron debidamente los comentarios del Presidente ruso: "Uno no tiene que apoyar realmente a la gente que no solo asesina a sus enemigos, sino que les abre sus cuerpos, come sus intestinos en frente del público y de las cámaras. ¿Esta es la gente que quieren apoyar? ¿A esos son a los que les quieren dar armas? Entonces esto probablemente tiene muy poca relación con los valores humanistas que han predicado en Europa por cientos años".

A pesar de esa clara advertencia de que se estaban buscando problemas, Cameron, Hollande y Obama trataron desesperadamente de convencer a Putin de que cambie su política y respalde la salida de Assad. El domingo 16, Putin y Cameron tuvieron una polémica reunión bilateral, seguida de una igualmente polémica reunión de Putin con Obama el lunes 17. Cuando Obama y Putin se sentaron juntos con los periodistas al salir de su reunión de dos horas, casi no se miraron uno al otro y dejaron muy en claro que no habían encontrado ningún terreno común en la crisis de Siria.

El lunes en la noche, los ocho jefes de Estado y de gobierno se reunieron a puertas cerradas por varias horas, durante las cuales hubo un esfuerzo para apandillarse en contra de Putin para forzarlo a que firmara un comunicado final que pedía sacar a Assad de su cargo. Cameron incluso filtró un cuento falso a la prensa, cuando se dirigían a la reunión cerrada, diciéndoles que Putin estaba a punto de abandonar a Assad.

Al final, Putin dejó en claro que el suministro de armas que sigue hacienda Rusia al gobierno soberano de Siria se enmarca en el derecho internacional, pero que el suministro de armas que hace occidente a los rebeldes sirios era ilegal. Al término de la cumbre, el segmento del comunicado final del G-8 que trataba de la crisis de Siria reiteró su llamado a la Segunda Conferencia de Ginebra y no hizo ninguna mención de la salida de Assad.

Lyndon LaRouche comentó sobre el resultado de la cumbre del G-8, y señaló que la posición firme de Putin le ha creado grandes problemas a Obama y a los británicos. El empuje para derrocar a Assad se enfrenta a una firme resistencia incluso dentro del gobierno británico proveniente de los demócratas liberales y de facciones del Partido Laborista de la oposición. Obama está recibiendo una paliza por el anuncio que hizo en la víspera de la cumbre, de que Estados Unidos comenzaría a darle armas abiertamente a los rebeldes sirios debido a la supuesta evidencia de que el gobierno sirio utilizó armas químicas contra los rebeldes, lo cual claramente Putin rechazo como infundado. Ya Obama enfrenta duras críticas en el país por su decisión de tomar el lado de los rebeldes sirios en lo que cada vez más se desenvuelve como una guerra sectaria manipulada por los británicos entre los sunnitas y los shiítas, lo cual solo puede conducir a una guerra de genocidio que dure por generaciones entre los 1,400 millones de musulmanes que hay en el mundo.

Al cierre de la cumbre del G-8, Putin se mostró confiado y se reunió con la prensa rusa, donde dijo que a pesar de que las reuniones bilaterales que sostuvo con Cameron y Obama no produjeron ninguna cuerdo, las pláticas entre los jefes de Estado y de gobierno del G-8 habían sido fructíferas, y que otros también habían expresado sus dudas sobre la supuesta evidencia de que el gobierno sirio utilizó armas químicas, y habían reconocido más bien que es posible que los rebeldes sirios estén utilizando armas químicas, probablemente proporcionadas por algunos círculos en Turquía e Irak. Putin dijo también que hubo otros líderes del G-8 que criticaron la política de armar a los rebeldes sirios. "En general", le dijo a los periodistas, "yo creo que fue una discusión bien interesante, una discusión entre gente que le gustaría encontrar medios unificados y efectivos para resolver la cuestión siria".