El chantaje, herramienta histórica británica

25 de junio de 2013

25 de junio de 2013 – Todos esos republicanos y otros que defienden el programa de espionaje de Bush y Obama por medio de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) dirigido a la ciudadanía, deberían de ver bien lo que defienden: los métodos imperiales británicos de chantaje.

Ahora, encima de la denuncia de la semana pasada sobre el espionaje del MI-5 a los diplomáticos que asistían a la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en el 2009, en donde se anunciaron los rescates a los bancos, también salió a colación la denuncia del 2003 sobre los correos electrónicos de la NSA en la era de Bush, quien le solicitó ayuda a la agencia de espionaje británica, GCHQ, para encontrarle los trapitos sucios a los pequeños países "con voto decisivo" en el Consejo de Seguridad Nacional de la ONU, para poderlos presionar a que apoyaran la campaña bélica encabezada por Gran Bretaña en contra de Irak. Katherine Gun, una empleada del Cuartel General de Comunicaciones (GCHQ) británico fue la que en esta ocasión dio a conocer los correos electrónicos en cuestión, a fines de enero del 2003. En la secuela de las revelaciones de Snowden, fue entrevistada por Pacifica Radio el viernes pasado por Dennis Bernstein.

Gun, quien habla chino mandarín, se topó "con un correo electrónico que había enviado la NSA a la GCHQ. Le solicitaba al GCHQ que le ayudara al NSA a interceptar las comunicaciones de seis naciones que tenían un puesto en el Consejo de Seguridad en este entonces... Pedían todo tipo de información, lo que le hizo pensar que esto se podría usar potencialmente para chantajear o sobornar a delegados ante la ONU". Entre los países seleccionados estaban "países más pequeños: Angola, Camerún y Paquistán, creo. Se mencionó a México y posiblemente también a Chile".

En ese entonces, Blair y Bush trabajaban supuestamente para lograr una solución diplomática al conflicto, pero después de ver los correos electrónicos se dio cuenta de que, "esto es evidencia de que la guerra es lo que está en la agenda. Es por eso que decidí que el público tenía que saber esto". Después de mantenerse callada en un principio, Gun decidió -al igual que Snowden- salir públicamente a adjudicarse la responsabilidad; fue arrestada en noviembre del 2003, pero nunca se le hicieron cargos. Bernstein dijo que gracias a sus revelaciones el Consejo de Seguridad votó "no", lo que forzó a Blair y Bush a invadir con su "Coalición de los dispuestos".

Hay más indicaciones de que fue Bush el que encabezó las presiones para que se incrementara la vigilancia interna, incluyendo el libro de 1998 de Angus McKenzie llamado Secrets: The CIA's War at Home. En una reseña del libro hecha en ese entonces por Robert Perry en la revista Consortium dice: "Para mediados de los 1980, el vicepresidente Bush estaba promoviendo el terrorismo como la nueva racionalización de su seguridad interna. Algunos de estos 'terroristas' eran estadounidenses que criticaban las políticas estadounidenses hacia Centro América. Bush también buscó restringir la Ley de Libertad de Información porque 'los terroristas pudieron haberla usado' para obtener información sobre la vigilancia del FBI".

Un artículo en el New York Times de 1988 destaca que, ya desde 1976, el director de la NSA, Lew Allen le había urgido al entonces director de la CIA George H. W. Bush que enjuiciara a soldados estadounidenses que había entregado "resmas" de transcripciones del espionaje estadounidense al Presidente panameño general Manuel Noriega, después de que se negó a hacerlo el Ejército de EU. En ese entonces, también se negó Bush quien quizá no tenía todavía tanta confianza en su aparato.