La familia Bush impuso el genocidio con etanol en Centro y Sudamérica

24 de junio de 2013

24 de junio de 2013 — Entre los crímenes estilo Hitler de la familia Bush se encuentra la campaña genocida del 2006-2007 para imponer la producción de etanol en Centro y Sudamérica —lo que el gobierno de G. W. Bush llamó "la revolución del etanol"— apoderándose de tierras dedicadas a la producción de alimentos para producir etanol, a nombre de los especuladores de Londres y Wall Street, dejando morir a cientos de miles por hambre, desnutrición y enfermedades.

La campaña por el etanol fue de hecho una pieza clave de la política de George W. Bush para Iberoamérica, en la que le ayudó su hermano, el exgobernador de Florida, Jeb Bush, quien creó en diciembre del 2006 la Comisión Interamericana del Etanol (IEC por siglas en inglés) para coordinar el lado de las "inversiones"de este plan asesino. En coordinación con el Departamento de Estado la IEC juntó a algunos de los peores depredadores financieros del imperio británico, entre ellos la Royal Deutch Shell, George Soros, los grandes carteles de alimentos (Cargill, Bunge, ADM y otros) y una gama de capitales privados y fondos compensatorios extraterritoriales, que babeaban todos ellos ante la idea de lucrar en grande y matar en grande, mediante la expansión de los biocombustibles en el Caribe, Centro América y América del Sur.

A principios de marzo del 2007, "W" se lanzó en una gira en pro del etanol por cinco naciones, a saber, Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, pero destacando en particular a Brasil, con cuyo presidente Inacio Lula da Silva, iba a firmar una ¡"alianza estratégica" con base en el etanol! El maleable Lula, que Bush y sus manipuladores habían llenado con ideas de transformar a Brasil en la "Arabia Saudita de los biocombustibles", se tragó el anzuelo incondicionalmente. Inmediatamente abrazó la idea de "ayudar" a las naciones de Centroamérica y el Caribe a desarrollar sus industrias de etanol y biocombustibles como la manera de lograr su "desarrollo económico".

La pandilla Bush alentó a los depredadores financieros aliados, incluyendo a los entusiastas inversionistas brasileños de la caña de azúcar y los biocombustibles relacionados, para concentrarse en la empobrecida Guatemala como el lugar de la mayor producción de etanol y biocombustibles para la exportación hacia Estados Unidos. Pero Nicaragua, El Salvador y Honduras también estaban en la lista. Para promover el programa de etanol más agresivamente, Jeb ayudó a crear una "Alianza Bioenergética" continental a principios del 2008, entre cuyos miembros había prominentes productores de etanol en las Américas. Ellos organizaron varias "giras" por toda la región, y estaban eufóricos por las perspectivas del etanol en América Central.

Alberto Moreno, director del Banco de Desarrollo Interamericano (BDI), convirtió al banco en una parte integral de la ofensiva de Bush, y se hizo eco de la predicción halagüeña de Jeb Bush, de que donde no se había podido materializar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la futura "integración" Iberoamericana y los programas de dizque combate a la pobreza y de creación de empleo, se iba a forjar con el etanol. El IEC de Jeb fue uno de los principales patrocinadores del Primer Congreso de Biocombustibles de las Américas, celebrado el 11 de mayo del 2007 en Buenos Aires, en donde el orador estrella fue nadie menos que Al Gore.

¿Integración regional?

Para abril del 2008, habían estallado disturbios por alimentos por todo el Caribe y América Central, provocados por la escasez de alimentos y aumento hasta las nubes en los precios que puso los productos de la canasta básica fuera del alcance de los pobres. La hambruna se cernió sobre la región, y muchos jefes de Estado expresaron su temor de que el descontento social provocado por el hambre iba a afectar su capacidad de gobernar. Los desesperados gobiernos se reunieron en una sesión de emergencia para abordar la destrucción de las capacidades de producir alimentos, inflingido por años de globalización y políticas de libre comercio que los forzaron a producir cosechas como la caña de azúcar y la palma africana para la exportación a la vez que reducían la producción de alimentos para el consumo interno.

La conferencia regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que se celebró en Brasilia el 14 de abril del 2008, estalló en fieras reacciones en contra de la ofensiva de los biocombustibles de Bush (y de Lula), en donde un delegado tras otro atacaron los planes de desviar las cosechas de alimentos hacia la producción de biocombustibles, que el representantes especial de la ONU Jean Ziegler calificó de "crimen contra la humanidad".

Sin embargo, la campaña del etanol de Bush continuó ininterrumpida en el gobierno de Obama, lo que ha dado como resultado hoy niveles de hambruna y miseria en América Central y el Caribe peores que los del 2008. La hambreada Guatemala, la niña dorada del etanol del gobierno de Bush, tiene la tasa más alta de desnutrición infantil en todo el hemisferio occidental (50% de todos los niños menores de cinco años) en tanto que el títere de la reina, Obama, anda ocupado matando estadounidenses al permitir que el 40% de toda la cosecha de maíz de Estados Unidos se utilice en la producción de etanol.

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