"Hemos entrado a la galaxia": Voyager-1 llega al espacio interestelar

14 de septiembre de 2013

13 de septiembre de 2013 — Cubriendo una distancia de un millón de millas por día, el Voyager-I llegó, después de 36 años, al final del sistema solar, y cruzó hacia el espacio interestelar. A una distancia de la tierra de casi 12 mil millones de millas, el instrumento a bordo de la nave espacial que mide las ondas de plasma midió un cambio en la densidad del plasma, lo que indica que el Voyager dejó la heliosfera, la región del espacio interplanetario en donde se origina el plasma a partir del viento solar, y entró al espacio interestelar, en donde el plasma se origina de las explosiones de las estrellas.

En su calidad de primer objeto hecho por el hombre en lograr esta hazaña, el Voyager nos va a proporcionar ahora nuestra primera mirada in situ a la galaxia Vía Láctea de la cual nuestro sistema solar no es más que una de las muchas estrellas con planetas que la pueblan. Como dijo el doctor Ed Stone, quien ha encabezado el proyecto Voyager desde que se inició, durante un informe de la NASA el pasado miércoles 11, nos va a ayudar a responder la pregunta: "¿Qué hay más allá de los planetas?" Ahora, afirmó Stone, "zarpamos hacia los mares cósmicos entre las estrellas".

El sensor de plasmas a bordo del Voyager-I, que hubiera podido aportar medidas directas sobre la densidad y temperatura del plasma, se descompuso en 1980. Así que los científicos dependen ahora de la información obtenida de un fenómeno indirecto, mediante la detección de ondas de plasma que las eyecciones de masa coronal del sol crean periódicamente por el medio interplanetario. Cuando las partículas y los campos magnéticos generados por las explosiones solares llegan hasta el Voyager, un año completo después de que los hechos tuvieron lugar en el Sol, el plasma empieza a vibrar, y la frecuencia de las vibraciones radiales le ayudan a los científicos a determinar la densidad del plasma que lo rodea. Las medidas tomadas indicaron que el plasma era más de 40 veces más denso que lo que ellos habían medido en los estratos más externos de la heliosfera.

Este aumento dramático en la densidad, coinciden los científicos, significa que la nave espacial ha cruzado la heliopausa, la "frontera largamente hipotetizada" entre el sistema solar y el espacio galáctico.

En cuanto a qué nos espera en la ciencia por delante, el doctor Gary Zank, de la Universidad de Alabama en Huntsville, explicó que la ciencia sobre los rayos cósmicos galácticos va a ser un área de estudio fundamental. La nave espacial está ahora en una región en donde los rayos cósmicos son en gran medida "no modulados" (no afectados) por el viento solar. Del mismo modo, "se deposita en el medio interestelar cierto impulso y energía del viento solar", pero el Voyager debe estar en capacidad de hacer un examen comparativo de los rayos solares dentro y fuera del sistema solar.

Se espera que el Voyager-2, que se lanzó en realidad unas semanas antes del Voyager-1, en 1977, llegue a una región distinta del espacio interestelar, quizá en unos tres años.