El gobierno de Estados Unidos sabe muy bien que los saudíes financian a Al-Qaeda

19 de septiembre de 2013

por Jeffrey Steinberg

19 de septiembre de 2013 — El gobierno de Estados Unidos ha sabido por años que el reino de Arabia Saudita es la mayor fuente de financiamiento del terrorismo yihadista global, incluyendo evidencia directa del financiamiento saudí en los ataques del 11-9. Esto va mucho más allá del capítulo de 28 páginas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-9. El informe que emitió el año pasado la Subcomisión Permanente sobre Investigaciones del Senado, expuso el papel del banco HSBC en el financiamiento del narcotráfico global y del terrorismo, con un capítulo entero dedicado a los sórdidos nexos del HSBC con al banco Al Rajhi Bank, el banco privado más grande de Arabia Saudita, con $59,000 millones de dólares en activos y más de 500 sucursales. El banco fue fundado por los hermanos Al Rajhi, bajo la dirección de Sulaiman Abdul Aziz Al Rajhi, presidente del consejo directivo del banco y uno de los financistas principales de Al Qaeda, según varios informes del gobierno de EU, tanto de la CIA como del Departamento del Tesoro.

Durante el allanamiento en marzo de 2002 a las oficinas en Bosnia de la Fundación Internacional de Benevolencia, una institución de caridad saudí para canalizar dinero a Al Qaeda, los investigadores desenterraron el disco duro de una computadora, el cual reveló el aparato de financiamiento del grupo terrorista, al cual se le identificaba como "la Cadena Dorada". Entre los 20 principales financistas de Al Qaeda identificados en un documento del disco duro se menciona a Sulaiman Al Rajhi. Al mismo tiempo que ocurrió el allanamiento en Bosnia, el FBI realizaba otro allanamiento en el norte de Virginia, en las oficinas de la Fundación SAAR, una entidad de fachada del grupo de Al Rajhi vinculada a la Hermandad Musulmana y otras células terroristas de hueso colorado alrededor del mundo. La "Operación Búsqueda Verde" seleccionó a la Fundación SAAR y a su grupo afiliado, Grupo Safa, de fachadas de caridad y de negocios, todos vinculados al régimen saudí.

En 2003 la CIA elaboró un informe que luego se filtró al diario Wall Street Journal titulado "Al Rajhi Bank: canal de las finanzas extremistas".

Hay otros bancos saudíes y grupos financieros que se les ha ligado al mismo aparato muy bien tejido, todos los cuales operan bajo la protección del Ministerio de Asuntos Religiosos de Arabia Saudita. Entre esos bancos se cuenta el Banco de Taqwa, el cual fue designado oficialmente por el Departamento del Tesoro de EU como Entidad Terrorista Designada Especialmente. Un informe del Departamento del Tesoro señala que "el grupo Al Taqwa ha actuado desde hace tiempo como asesor financiero de Al Qaeda, con oficinas en Suiza, Lichtenstein, Italia y el Caribe". El banco Akida Bank Private LTD, otro banco saudí ligado al lavado de dinero de Al Qaeda, incluye a Sulaiman Al Rajhi en su junta directiva. El banco lo dirigía Youssef Nada, un conocido financista de células terroristas que reciben apoyo saudí.

La Comisión del 11-9 descubrió que el banco Al Rajhi Bank estuvo implicado directamente en la transferencia de fondos a los secuestradores a través de la Organización de Ayuda Islámica, la cual mantenía cuentas en el banco Al Rajhi. Fue a través de esas cuentas que se transfirieron los fondos a Abdulaziz Al Omari, uno de los secuestradores del 11-9, solo cuatro días antes de los ataques.

Los nexos del banco HSBC al banco Al Rajhis Bank, según el informe de la firma SPCI, desde que el HSBC se apropió del Republic National Bank de Nueva York, el cual le vendió el notorio Edmond Safra al entonces banco HongShang. Cuando era de Safra, se reveló que el Republic National Bank lavaba los ingresos de un narcotraficante de heroína turco que operaba desde la compañía Shakarchi Trading Company desde Suiza. Cuando el HSBC se apoderó del Republic National Bank, las cuentas existentes de Al Rajhi fueron tomadas por el HSBC de Nueva York.

El nivel de la traición que implica la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, en particular después de los ataques del 11-9, es inconcebible. Ya es hora pasada de que se corten esos nexos y que todo el aparato criminal detrás del 11-9 sea procesado judicialmente, sin exceptuar a nadie.