¿Será posible la unión del Ejército sirio y el Ejército Siria Libre (FSA) en contra de las milicias de Al-Qaeda?

1 de octubre de 2013

1 de octubre de 2013 — Las divisiones al interior de la oposición armada siria entre Al-Qaeda y los grupos menos extremistas asociados con el Ejército Siria Libre (FSA por siglas en inglés) se han venido reportando ampliamente en las últimas semanas, en particular la "deserción" de tres brigadas del FSA para unirse a Al-Nusra la semana pasada, pero Robert Fisk del diario londinense The Independent parece que tiene la noticia en exclusiva de un acontecimiento mucho más extraordinario: elementos del FSA están hablando con el Presidente de Siria, Bashar al Assad, sobre una solución "solo Siria" al conflicto [1].

"Hace seis semanas, una delegación de dos hombres llegó en secreto a Damasco: civiles de Aleppo que representaban a elementos del Ejército Siria Libre, el grupo rebelde compuesto en gran parte de combatientes que desertaron del ejército del régimen en el primer año de la guerra", escribe Frisk. "Vinieron con las garantías por su seguridad, y se reunieron, así me dijeron, con un alto funcionario del equipo del Presidente Bashar al-Assad. Y eran portadores de una iniciativa extraordinaria en el sentido de que había la posibilidad de iniciar conversaciones entre funcionarios del gobierno y el FSA quienes 'creían en una solución siria' a la guerra.

Fisk escribe que la delegación presentó cuatro puntos: "que tiene que haber un 'dialogo interno sirio'; que se tienen que mantener las propiedades públicas y privadas; que se tiene que condenar y ponerle fin a los conflictos étnicos, sectarios o civiles; y que todos tienen que trabajar por una Siria democrática en donde prevalezca la supremacía de la ley. No se hizo ninguna demanda, al menos en esta fase, sobre la salida de Assad". ¿La respuesta del gobierno? "En verdad debe hacer un diálogo dentro de la patria Siria; un diálogo sin precondiciones y cualquier miembro del FSA que participe va a contar con las garantías presidenciales sobre su seguridad".

Fisk pasa a señalar los cambios que han ocurrido en ciertas zonas rebeldes del país: "En siete zonas controladas por los rebeldes en Aleppo, la mayoría bajo el control del FSA, los empleados públicos pueden regresar a trabajar en sus oficinas y las instituciones del gobierno y las escuelas se pueden reabrir. Los estudiantes que en estos dos últimos años se volvieron milicianos, van a ser desarmados y van a regresar a sus salones de clases".

Las implicaciones de estos acontecimientos son obvias para Frisk: "Desde hace meses, funcionarios que están con el régimen han explorado las posibilidades de ganarse de vuelta como aliados a los desertores del ejército y el crecimiento de Al-Nusra y otros grupos islámicos ciertamente desilusionó a muchos miles de miembros del FSA que sintieron que les habían robado su revolución en contra del gobierno. Y en zonas como la provincia Homs, es un hecho que los enfrentamientos entre el FSA y el ejército han cesado prácticamente. En algunas poblaciones y villas controladas por el gobierno, el FSA ya está presente sin ser molestado.

"Y las ventajas para Assad son claras. Si pueden persuadir a los hombres del FSA de regresar a las filas del ejército del régimen en completa seguridad, grandes zonas del territorio controlado por los rebeldes van a volver bajo control del gobierno sin disparar un tiro. Un ejército reforzado por sus otrora desertores podría volverse entonces en contra de Al-Nusra y los afiliados a Al-Qaeda a nombre de la unidad nacional".

Fisk cierra destacando que si el gobierno de Obama hubiera seguido el consejo de John McCain, las armas que EU le hubiera abastecido al FSA ya estarían en manos de Al-Nusra, vía las tres unidades del FSA que desertaron, la semana pasada. Los combatientes islámicos se han convertido también en la mayor amenaza a la "existencia misma" de las comunidades cristianas en Siria, y se pueden ver los enormes daños ocasionados a las iglesias en Raqqa, controlada ahora por Al-Nusra, y el asalto en contra del poblado cristiano de Maaloula, al norte de Damasco, descrito como el último sitio en la tierra en donde todavía se habla el idioma de Cristo, pero en donde los combatientes de Al-Nusra se regodearon perversamente en destruir las casas de los cristianos.