Revisando el 'escándalo Lewinsky': Clinton fue atacado por buscar un Nuevo Bretton Woods

29 de enero de 2014

29 de enero de 2014 — Después de los comentarios de Lyndon LaRouche sobre el ex presidente Bill Clinton en el diálogo con el Comité Político del lunes 27 de enero [1], es importante repasar de nuevo el verdadero contexto estratégico del fraude de enjuiciamiento político que hicieron los republicanos en contra del entonces Presidente. Las consecuencias estratégicas del enjuiciamiento de Clinton todavía resuenan de manera profunda hoy. Al desestabilizar la presidencia de Clinton en un momento crítico cuando el sistema financiero trasatlántico atravesaba por una crisis, la pandilla de Londres y Wall Street evitó que el Presidente Clinton completara un viraje estratégico en dirección al llamado que había hecho en ese entonces Lyndon LaRouche, a favor de un Nuevo Sistema de Bretton Woods que eliminara el poder de los especuladores, que ya habían arruinado a Malasia, Corea del Sur, Brasil y Rusia con sus ataques a sus divisas y las fugas de capitales de corto plazo.

El presidente Clinton, en su discurso ante el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York en septiembre de 1998, había denunciado el mercado de $1.5 billones al día en especulación con divisas de corto plazo y prometió cambiar el sistema. Lanzó una comisión internacional que estudiara como reformar el sistema financiero global, en sincronía con la activa campaña de LaRouche en ese entonces a favor justamente de dicha transformación.

En vez de un regreso a los métodos del Sistema Americano, Clinton enfrentó un intento de sacarlo del cargo, promovido por un concierto de banqueros de Wall Street, fanáticos del partido Likud, republicanos derechistas y dos demócratas destacados, el vicepresidente Al Gore y el senador Joe Lieberman.

Aunque nadie puede excusar al Presidente Clinton por sus fallas personales, le tendieron una trampa con base en su perfil y la activaron con la intención de sus enemigos de destruirlo y ponerle fin prematuro a su Presidencia.

En julio de 1995, Monica Lewinsky, una depredadora sexual quien ya tenía un largo historial de acosar a hombres mayores en posiciones de autoridad, se le dio un puesto como pasante sin sueldo en el equipo del jefe de personal de la Casa blanca, Leon Panetta. Ya para ese entonces el Presidente Clinton era el blanco de un fuerte asalto del Partido Republicano, que llevó a la investigación del fiscal independiente Kenneth Starr. Lewinsky obtuvo el puesto en la Casa Blanca mediante conexiones familiares. Su mamá, Marcia Lewis, estaba comprometida con el acaudalado magnate de los medios de la Ciudad de Nueva York, R. Peter Strauss, un importante donador del Partido Demócrata quien fungió como director de la Voz de las Américas bajo el Presidente Jimmy Carter. Un ejecutivo de bienes raíces de Nueva York cercano a Strauss y a Lewis, Walter Kaye, llamó a la Casa Blanca para asegurarle el puesto a Lewinsky. Al final de su puesto como pasante, Lewinsky fue contratada para un puesto pagado en la Oficina de Asuntos Legislativos de la Casa Blanca.

El perfil de Lewinsky era tan obvio que en abril de 1996, fue transferida de la Casa Blanca a una posición en la oficina de relaciones públicas del Pentágono, explícitamente con base en el hecho de que acosaba al Presidente Clinton. Fue en el Pentágono donde la contactó Linda Tripp, quien le pasó la información sobre el relato de Lewinsky de su "affair" con el Presidente al fiscal independiente Starr.

El escándalo Lewinsky cambió la historia. Aunque el contacto con Clinton ocurrió entre 1995 y 1996 no fue sino hasta el momento crucial cuando Clinton estaba por realizar un importante cambio en su política debido a la aceleración de la crisis financiera global, dos años después, que soltaron la guillotina. Si Clinton hubiera seguido adelante con la iniciativa de un Nuevo Bretton Woods, nunca se hubiera derogado la Glass-Steagall, que solo se volvió posible ante las condiciones orquestadas por el asalto de los derechistas republicanos y Wall Street en contra de la Presidencia de Clinton.

Como sucedió, los esfuerzos de Wall Street, el Likud, los derechistas y los Demócratas traidores como Gore y Lieberman, todos agentes británicos, no pudieron acabar completamente con el Presidente Clinton. La iniciativa lanzada en septiembre de 1998 por Helga Zepp-LaRouche con el Comité para Salvar la Presidencia, repelió estas fuerzas, pero ya se había hecho tanto daño que todavía hoy estamos pagando sus consecuencias estratégicas.

La mano británica directa para enjuiciar a Clinton

Además de todo el elenco de agentes británicos, principalmente en el Partido Republicano, que encabezaron el golpe ilegal para enjuiciar al Presidente Clinton, hubo un agente directo del MI6 británico en el terreno para dirigir el proceso en la práctica. Ese fue Ambrose Evans-Pritchard, un operativo del MI6 de segunda generación (su padre fue un importante "académico" de inteligencia británico, enfocado en Libia y el Norte de África). Evas-Pritchard fue desplegado a Estados Unidos como jefe de la oficina del diario británico Daily Telegraph en Washington, DC, desde donde prácticamente dirigió el asalto contra la Presidencia de Clinton. Evans-Pritchard no solo condujo la carga por el enjuiciamiento a través de columnas casi diarias en contra de Clinton, sacando el escándalo de Paula Jones y otros. El era el enlace directo del MI6 con las redes de las "milicias" radicales en todo Estados Unidos, quienes tenían entonces su propia campaña con amenazas de violencia y de viles calumnias contra el Presidente. Evans-Pritchard era la fuente regular de filtraciones provenientes de la investigación del fiscal independiente Kenneth Starr.

Evans-Pritchard era también un abierto enemigo declarado de Lyndon LaRouche. En cierto momento, el papel personal de Evans-Pritchard en la campaña contra Clinton fue demasiado descarado, y lo tuvieron que sacar y llevárselo a Londres para reasignarle su trabajo en el área de economía del mismo diario, donde sigue hasta la fecha. Fue la Campaña para Salvar la Presidencia, encabezada por LaRouche, la que expuso a la luz pública tanto en Estados Unidos como en el mundo el papel de Evans-Pritchard, lo cual obligó su reasignación, aunque no antes de hubiese ya jugado su parte en la destrucción de la presidencia de Clinton precisamente en el momento en que Bill Clinton se dirigía a trastocar todo el sistema monetarista angloholandés.