Los países del GCC unidos todavía bajo la bandera británica

24 de marzo de 2014

24 de marzo de 2014 — En lo interno, los países del Consejo para la Cooperación del Golfo (GCC, por siglas en inglés), enfrentan una severa crisis política y diplomática, aunque externamente, se siguen manifestando fieles a los planes angloamericanos de desestabilizar y desmembrar a las naciones más grandes del suroeste asiático, mediante el terrorismo y la guerra religiosa. El 5 de marzo, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein llamaron a consultas a sus embajadores en Catar por lo que calificaron de interferencia en los asuntos internos de sus países por parte de éste último país.

La disputa está relacionada al continuo apoyo de Catar a la Hermandad Musulmana en Egipto y otros países árabes; en tanto que Arabia Saudita clasificó a la Hermandad Musulmana como grupo terrorista, al igual que a varios otros grupos islámicos armados que están activos en el derramamiento de sangre en Siria e Iraq. Egipto también declaró a la HM como grupo terrorista y sus principales líderes están todos en custodia. De igual manera, Arabia Saudita ha apoyado desde julio del 2013 la revuelta y golpe de Estado militar en Egipto en contra del gobierno de la Hermandad Musulmana.

Viendo al pasado, los saudíes han tenido una relación de amor-odio con la Hermandad Musulmana (HM) durante más de 50 años. Para los saudíes, fueron herramientas útiles en contra de los gobiernos egipcios empezando con el de Gamal Abdul Nasser, en tanto que los saudíes y otros países del GCC le han servido a la HM como ricos financiadores. Pero están en desacuerdo sobre principios teológicos y políticos. Egipto, otrora la columna vertebral demográfica y política de las naciones árabes, está programada para ser debilitada aún más y convertirse en una nación secundaria tras Arabia Saudita en los asuntos regionales.

En cuanto a la declaración de Riad de guerra al terrorismo, fue un ardid que se armó después de que se puso al descubierto que ellos eran los principales patrocinadores del terrorismo islámico en muchos de los países de la región, entre ellos sus principales víctimas, Siria e Iraq. Esto, además de su papel en los ataques terroristas del 11 de septiembre en contra de Estados Unidos y la denuncia de su apoyo a los grupos terroristas chechenios y otros grupos terroristas del Cáucaso en Rusia.

Aunque los países del Golfo Pérsico pudieran apoyar cada uno a diferentes grupos terroristas y políticos, a veces en conflicto uno con otro, en Siria y en Iraq, el impacto neto en conjunto, de todos estos grupos, encaja en el plan angloamericano de cambio de regímenes y fragmentación de naciones siguiendo las líneas divisorias étnicas y religiosas.

Sin embargo, la guerra terrorista saudí-catarí-EAU-kuwaití en contra de Siria e Iraq enfrenta grandes desafíos, dado que los ejércitos sirio e iraquí han recuperado en el terreno posiciones estratégicas importantes por la división de estos grupos terroristas. Los servicios de inteligencia saudí están tratando de reorganizar ahora a un gran número de los diferentes grupos terroristas en un solo ejército llamado Frente Islámico con el fin de lanzar una nueva ofensiva en contra de Damasco. El gobierno de Obama y la OTAN se preparan a apoyar este nuevo ejército, dado que se dice que los saudíes lo están limpiado de los grupos terroristas a favor de al-Qaeda como son el Jabhat Al-Nusra y el Estado Islámico en Iraq y el Levante. Mientras que, esos dos últimos todavía gozan de apoyo por parte de Catar, a la vez que ocupan regiones fronterizas entre Iraq y Siria.