Termina el período post 11-S, en tanto que se desintegra la política Wall Street de los republicanos

12 de diciembre de 2014

12 de diciembre de 2014 – Una fuente conocedora de los intríngulis de Washington, feliz por la divulgación del Informe del Senado sobre la tortura, le dijo a EIR que ni Obama ni los republicanos pudieron impedirlo, a pesar de sus esfuerzos. En su opinión, este hecho le pone punto final a la dinámica posterior al 11-S. Mucho más está por verse ahora, y de lo que se trata es que Estados Unidos retorne a su legado saludable de antes del 11 de septiembre de 2001, es decir, antes de George W. Bush, y también de George H.W. Bush. Lyndon LaRouche comentó que "puede fallar, pero creo que va llegar a algo".

Porque, ¿qué fue el 11-S? Fue un ataque de la monarquía británica, utilizando piezas saudíes, que tenía el propósito de someter a Estados Unidos a la dictadura de Dick Cheney, bajo la presidencia nominal del cabeza de coca, George W. Bush.

EIR ha publicado detalles sobre el patrocinio de los saudíes en el 11-S empezando con el entonces embajador saudí en Washington, príncipe Bandar, y el proceso mediante el cual la monarquía británica creo a la monarquía saudita de hoy día, y como los británicos financiaron la operación saudí del 11-S a través del acuerdo corrupto clandestino Al Yamamah entre la empresa británica BAE y los saudíes, el cual Tony Blair impidió que se investigase.

Lo que ha mostrado hasta ahora EIR, quedará resaltado públicamente en una investigación del gobierno de Estados Unidos, una vez que Obama sea obligado a publicar las 28 páginas clasificadas del Informe Conjunto del Congreso sobre el 11-S, como lo prometió hacerlo en el 2008.

La dictadura que era la meta del 11-S, y que casi lo logra, no se trataba de una dictadura de George W. Bush como individuo (él apenas si clasifica como individuo). Se trataba de una dictadura de la monarquía británica, a través de su clase financiera imperial: la familia financiera imperial de Prescott Bush, quien financió a los nazis; de George H.W. 'Rubbers' Bush, el fanático del control poblacional, y finalmente, el descerebrado George W. Bush. Y no se olviden del hermano Jeb, uno de los fundadores del mentado "Proyecto para un nuevo Siglo Americano" de los neoconservadores maniáticos belicosos.

Fue muy bueno, pero muy bueno lo que hizo la senadora Dianne Feinstein, dijo Lyndon LaRouche, precisamente cuando los republicanos trataban de meter a Jeb Bush. Estados Unidos estaría condenado a la bancarrota o peor, si este intento de los republicanos continuase. Pero no les será fácil seguir adelante, en especial ahora. El estadounidense quedaría desconcertado, dijo LaRouche: no está a favor de la tortura ni nada por el estilo.

En términos generales, lo que sucede es que el Partido Republicano, la política Wall Street del Partido Republicano, está en proceso de desintegración.

En esta situación, la amenaza general de guerra termonuclear es el punto más fuerte para derrotar el plan republicano.

En vez de cualquier maldición que acompañaría a cualquier tendencia hacia la candidatura de Jeb Bush, tenemos que crear un futuro —luego de que Hillary retire probablemente su candidatura— en el que la base de la discusión para una sucesión presidencial sean los principios fundadores de Estados Unidos, los cuales solo representa LaRouchePaC hoy día, y en esto puede jugar un papel importante Bill Clinton para generar un verdadero equipo de campaña presidencial. Como lo destacó Helga Zepp-LaRouche anoche, un Estados Unidos desde esa perspectiva se unirá rápidamente al sistema de naciones que promueve el BRICS unidos para el desarrollo de la economía física real, libre del imperialismo.

La noche del jueves, apenas a unas cuantas horas de que se cumpliera la amenaza de cerrar el gobierno por falta de presupuesto, se votó un proyecto de ley que no podía ser aprobado por la Cámara de Representantes, porque los demócratas objetaron la cláusula que obligaría a la Corporación Federal de Seguros a los Depósitos que garantizara las inversiones bancarias en derivados financieros, algo prohibido por la propia reforma financiera de Obama, la ley Dodd-Frank. En la primera ronda de votación, ningún demócrata aprobó el proyecto, a pesar de venir de la Casa Blanca, y los líderes ya habían acordado que lo pasarían, pero se opusieron a lo que correctamente tildaron de la "disposición Wall Street".

No es coincidencia que esto ocurre cuando el precio del petróleo se desploma, con lo cual se pone en riesgo a los títulos valores de derivados financieros que apostaron al fracking y que suman unos $500 mil millones de dólares que ahora solo valen chatarra, y eso sostiene a los miles de billones en derivados totales. "La cuestión es Wall Street", dijo LaRouche, "y lo cerca que estamos de un estallido financiero". En esta situación, señaló, "no se puede evadir la cuestión de Alexander Hamilton y el sistema americano de economía". Se tiene que dejar de pensar en dinero, en esas montañas de papel de deudas incobrables, y ver la economía física que se tiene que salvar.