Las Fuerzas Armadas rusas sobre las revoluciones de colores

31 de diciembre de 2014

30 de diciembre de 2014 — En la revista del Ministerio de la Defensa de Rusia apareció un análisis sobre el fenómeno de las "revoluciones de colores" como medio para provocar un cambio de régimen en los países cercanos a Rusia, titulado "Ingeniería política de las revoluciones de colores: formas de controlarlas" firmado por el coronel A.N. Belsky y O.V. Klimenko, impreso en el número 3 del 2014 de la edición en inglés de Military Thought: A Russian Journal of Military Theory and Strategy (Pensamiento militar: Una revista rusa de teoría y estrategia militar), publicado en Estados Unidos por Eastview Press.

Los autores empiezan destacando que el mapa geopolítico de los territorios postsoviéticos ha cambiado dramáticamente en los últimos 30 años ya que han vivido con frecuencia las llamadas revoluciones de "color y flores" que han ocasionado el derrocamiento de varios gobiernos en países anteriormente estables. "Según todos los indicios, los cerebros de estos derrocamientos están guiados en esta era por el manejo elaborado de la teoría del caos que ha probado ser efectiva en los hechos. Esta teoría se elaboró muy asiduamente a principios de la década de 1980 en el centro de investigaciones multidisciplinario establecido en Santa Fe (Instituto Santa Fe), Nuevo Mexico, en 1984 para especializarse en hacer estallar caos controlado". El artículo cita una conferencia que se celebró ahí en 1992 sobre la Teoría del Caos y el Pensamiento Estratégico en donde los conferencistas "discutieron a fondo las reglas de procedimiento de un nuevo concepto geopolítico para obtener y retener la superioridad, básicamente provocando el caos en un país hostil por cualquier medio que fuera el más efectivo". Sin embargo, la fuente de conocimiento fundamental de las revoluciones de colores es el libro de 1993 de Gene Sharp De la dictadura a la democracia. Un marco conceptual para la liberación. El libro de Sharp "se ha convertido en una verdadera guía para los 'revolucionarios' contemporáneos y un almacén de recomendaciones prácticas para los movimientos de oposición en Yugoslavia, Georgia, Ucrania, Kirguistán y otros lugares...".

"Las revoluciones de colores que han tenido éxito y las que han fracasado en su intento por dividir países uno del otro en los territorios de la era postsoviética y encerrar a Rusia con vecinos que están muy lejos de ser amistosos con ella", agrega el artículo. "Esto es ciertamente un indicio de que Rusia es blanco de fuerzas que tienen interés directo en aislarla". Los autores remontan los objetivos de esta perspectiva geopolítica hasta Halford Mackinder, que convirtió a Rusia en un blanco geopolítico desde entonces debido a su potencial de ser autosuficiente.

Citan a dos expertos rusos sobre las revoluciones de color, A.E. Granich y D.A. Lushnikov, quienes sostienen que hay varios escenarios que pueden desplegar las revoluciones de colores:

El primero es la clásica estratégica de revolución de color naranja, con la cual "la élite gobernante planea y lleva a cabo un golpe de Estado sorpresa programado para coincidir con próximas elecciones, y, en su secuela, se monta una crisis de legitimidad del gobierno (miembros de la misma élite compiten en las elecciones en contra de candidatos del gobierno)".

En el segundo escenario, "una facción de la élite gobernante conspira para derrocar a sus dirigentes formales y/o sacar a miembros de otra facción (o clan, camarilla o lo que sea) de sus puestos lucrativos".

En el escenario número 3, se exporta la revolución de la periferia a la capital, estilo marcha de Mussolini sobre Roma, "por parte de fuerzas conjuntas de élites regionales y metropolitanas que encabezan una coalición de fuerzas revolucionarias regionales sobre la capital". Esto, dicen, es muy parecido a lo que sucedió en Georgia cuando Saakashvili marchó de Gori a Tbilisi, pero "lo más espectacular fue en Ucrania" en donde el Maidan de Kiev "fue rebasada por bandas de enmascarados portando garrotes del oeste de Ucrania durante tres meses... Los matones fueron entrenados con fondos proporcionados por los servicios especiales de países occidentales (Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido)".

En el cuarto escenario, "algunos miembros de la élite explotan las consecuencias de los disturbios que arrasan a un país en protestas directas o indirectas contra el jefe de Estado o gobierno o en contra de algunos otros factores".

Estas no son reglas inflexibles, estos escenarios pueden ocurrir combinados o uno en vez de otro. Según Granich y Lushnikov incluso puede haber otros escenarios, pero el punto es que "son intentos de un golpe de Estado para reemplazar el régimen gobernante, disfrazados de revolución política". El otro punto que destacan, citando a otros expertos, es que estas llamadas revoluciones de colores en realidad no son revoluciones en el sentido estricto del término, porque, en palabras de A.A. Veshnyakov, ex director de la Comisión Central Electoral de Rusia, "sus objetivos y sus resultados finales no producen ningún cambio en el sistema socioeconómico actual; en realidad, las élites gobernantes (o algunos de sus segmentos) fueron reemplazadas por otros grupos rivales movidos por sus propios intereses económicos y políticos". Otro experto ruso, S. Markov, define las revoluciones de colores "como una nueva especie de chanchullo político para sacar a los políticos del poder". Los autores Belsky y Klimenko consideran esto como "una revolución del siglo 21, una revolución maquinada por organizaciones no gubernamentales, una revolución en la era de la globalización".

Ahora, ¿qué hacer al respecto? Los autores se lamentan de las condiciones actuales de la juventud rusa. Carecen de compromiso con los valores nacionales y se ha "quitado el acento" en las orientaciones sociales y morales. "Los jóvenes actualmente son más mundanos, egocéntricos e incluso antihumanos", señalan. "Para ponerlo en términos prácticos, muchos de ellos son descuidados para cumplir con sus responsabilidades civiles primarias, son socialmente inmaduros e inmorales, intolerantes y agresivos, todo lo cual se traduce rápidamente en una creciente delincuencia entre los jóvenes, aparte de otros vicios". Esto complica la cuestión de proteger a la nación. Identifican varios factores éticos, políticos, religiosos y psicológicos detrás de este derrumbe de valores y señalan que "la sociedad en Rusia y el marco social en sus países aliados parecen haber abandonado los valores e ideales supremos. En su lugar, la sociedad es ahora un medio ambiente de egoísmo desenfrenado y una moralidad en caos". Estas condiciones son "a menudo explotadas por los extremistas y fuerzas de oposición de todo tipo para alcanzar sus objetivos destructivos, manipulando multitudes de jóvenes privados de cualquier sentido de idealismo, moralidad o patriotismo, en revoluciones de color en contra del gobierno en turno".

En respuesta a esto, "Rusia y otros países de la OTSC [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva] deben orientar sus esfuerzos a la creación de condiciones socioculturales y educativas óptimas para formar individuos desarrollados armoniosamente, en su inteligencia y en la búsqueda de su propia mejora y su autorrealización, para que sea responsable y conciente de su condición civil", señalan los autores. "Creemos que el primer paso se ha dado hacia la revitalización moral de la nación en la Estrategia de la Política Nacional del Estado de la Federación Rusa hasta el 2025, aprobado el Presidente del país en un decreto que firmó en 2012". Proponen que los países de la OTSC "aprovechen el bagaje de valores sociales" de sus países "y movilicen a sus bases locales para prevenir las revoluciones de colores" mediante "el desarrollo de una idea consolidada para la OTSC" y "formulando una estrategia para la formación patriótica, moral y cultural de la generación joven...".

"Solo se puede fomentar el patriotismo mediante los esfuerzos conjuntos de los organismos del gobierno y de las organizaciones no gubernamentales", concluyen los autores. "Estos esfuerzos se deben enfocar en lo que une a pueblos de varios orígenes étnicos, religiosos y de afiliaciones políticas y en su deseo común para hacer fuerte a su país. La educación ética de la generación joven producirá entonces los resultados deseados".