Para que la Presidencia de EU cumpla su misión, hay que sacar a Obama y eliminar todos los vestigios de la liga de Bush

27 de marzo de 2015

27 de marzo de 2015 — Para restaurar la misión de la Presidencia de Estados Unidos —sin lo cual Estados Unidos no puede sobrevivir— se tiene que sacar al Presidente Obama de su cargo, y eliminar todos los vestigios de la familia Bush. Después de la experiencia de ocho años de Bush-Cheney, luego de los 12 años anteriores de George H.W. Bush, en los cargos de vicepresidente y de Presidente, es una abominación sin límites que reaparezca otro nombre de Bush como posible candidato presidencial republicano.

Hasta el momento en que Obama sea removido del cargo, así como todas las demás rémoras de Bush, la Presidencia de Estados Unidos estará inutilizada. Solo después de hacer una limpieza tal se podrá restaurar la misión de la Presidencia. La enfermedad de la familia Bush no comenzó con George W. Bush o ni siquiera con George H.W. Bush. Empezó con Prescott Bush y su colusión con los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Esa colusión con los nazis persiste hasta la fecha, dentro de la presidencia de Obama, en la forma de la ex asistente de Dick Cheney para seguridad nacional, Victoria Nuland, quien es el enlace del gobierno de Obama con los neonazis y oligarcas ucranianos.

El problema Bush fue constante en el gobierno de Reagan, cuando se escogió a Bush como vicepresidente. Su influencia llegó a ser más dominante aún con el tiempo, luego del intento de asesinato contra el Presidente Reagan, a principios de su primer año en el cargo.

Esa enfermedad de Bush y la sombra de esa enfermedad que cubre toda la Casa Blanca de Obama, es lo que está a punto de ocasionar una guerra contra Rusia y en el Golfo Pérsico.

La verdad más de fondo que no se puede pasar por alto es que todo el sistema financiero transatlántico está totalmente en bancarrota sin remedio. Estados Unidos y Europa Occidental están en bancarrota, y las zonas circundantes se han vuelto papilla como resultado de esa realidad.

Estados Unidos enfrenta una decisión existencial: O se elige a un Presidente calificado, luego de sacar al Presidente Obama de su puesto por medios constitucionales, o la única esperanza para la supervivencia de Estados Unidos es llegar a algún tipo de acerado con Rusia y China, para evitar la guerra y para entrar al proceso euroasiático del BRICS.

Todos los problemas de Hillary Clinton provienen del hecho de que hizo una mala elección, cuando aceptó la píldora venenosa que le ofreció Obama para unirse al gobierno como Secretaria de Estado. Si se hubiese quedado en el Senado de EU, con el respaldo de 16 millones de votantes demócratas, hubiese mantenido su independencia, profundizado su experiencia y evitado la trampa en la que cayó al asociarse con el gobierno de Obama.

Afortunadamente, ahora hay un precandidato para postulación presidencial demócrata, Martin O'Malley, que está hacienda lo correcto, poniendo el programa por encima de la personalidad, y sentando las bases para que Estados Unidos ingrese al nuevo paradigma global que se ha puesto en marcha por el BRICS, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) y el creciente conjunto de naciones que se incorporan a ese nuevo acuerdo en que "todos ganan". Esto constituye el rechazo a la geopolítica de guerra. Este es el fundamento apropiado para crear un nuevo gobierno en Estados Unidos y poner al país de nuevo en la senda de Benjamin Franklin y de Alexander Hamilton.

Para restaurar una genuina presidencia estadounidense, se debe remover a la liga Obama-Bush, antes de que empiecen otra guerra demente. Las últimas acciones de Bibi Netanyahu han abierto las puertas a los más orates de los republicanos para iniciar otra guerra en el Golfo Pérsico.

Así que, ha llegado el momento para deshacerse de Obama. Se le debe obligar a renunciar mañana mismo. El efecto jovial que tendrá una acción tal, garantizaría la prevención de una guerra y sentaría las bases para restaurar la misión histórica de la Presidencia de Estados Unidos, tal y como la concibieron Franklin y Hamilton, y como lo consagra la Constitución Federal de EU.