Los asesinatos de Obama: el Pentágono sabía que los asesinatos con drones iban a fomentar el terrorismo

1 de may de 2015

1 de mayo de 2015 — Por si el sentido común no les hubiera indicado que los asesinatos con drones (aviones robot) no iban a parar el crecimiento de las redes terroristas, o que las tácticas de estado policial solo aumentarían la cantidad y la intensidad de la violencia doméstica, ahora existen las pruebas. El libro nuevo Kill Chain: The Rise of the High-Tech Assassins ("Cadena de asesinatos: el surgimiento de los asesinos altamente tecnificados") por Andrew Cockburn, el director de Harper's Magazine de Washington, revisa la estrategia de "High Value Individual" (HVI) adoptada por la CIA de George H.W. Bush, que sufrió una metamorfosis en las "cartas del juego" de Dick Cheney durante la guerra en Iraq de George W. Bush, y siguió con la "guerra con drones" de Obama, primero en Afganistán, luego en Libia, Siria y el tercer conflicto en Iraq con el EIIS, ahora ya durante 14 años, y que ahora se sabe que es una estrategia fracasada en lo que se refiere a reducir el terrorismo.

De hecho, el terrorismo no ha hecho más que aumentar, Y Obama sabía que esto sucedería.

Aunque pareciera hoy que la CIA nunca se ha opuesto a los asesinatos, el honor de poner de blanco a los líderes de nuestros enemigos en realidad le pertenece a la DEA, en donde se originó la estrategia durante la resucitada "guerra a las drogas" de George H.W. Bush a fines de la década de 1980. La Guerra a las Drogas original, como se diseñó con Ronald Reagan, había tenido éxito en reducir el suministro de drogas en las calles estadounidenses, y en las manos de los niños. La versión de Bush fue un fracaso desde el principio.

En 1990, H.W. Bush nombró a Robert Bonner, un fiscal y juez veterano, para que encabezara la nueva Guerra a las Drogas en la DEA. Según Cockburn, Bonner facilitó una tregua entre la CIA y la DEA —entidades que constantemente tenían roces porque a través de los años venían operando bajo estrategias y objetivos diferentes— bajo lo que se denominaba la "estrategia de cabecillas" es decir atacar a los líderes de los carteles para su eliminación, reduciendo teóricamente las drogas en las calles estadounidenses al causar "confusión y desorden" en el campo enemigo. El poder de fuego de la CIA, incluyendo sus bombarderos silenciosos supersónicos y los primeros drones, que cuando terminó la Guerra Fría los dejó buscando objetivos, se fusionó con la inteligencia de la DEA en la persecución de, primero, Pablo Escobar del Cartel de Medellín, seguido de muchos otros más.

En papel, la guerra de Bush triunfó, según indican las cifras de la DEA que los precios en las calles de la cocaína iban al alza, lo que indicaba que se estaba disminuyendo la demanda. Sin embargo, en 1994, después de que Bill Clinton tomó posesión de la Casa Blanca, un análisis nuevo y más riguroso de las cifras de la DEA, hecho bajo la dirección de Brian Sheridan, director de la Oficina sobre Política de Control de Drogas del Departamento de la Defensa, reveló que había ocurrido exactamente lo opuesto. Los precios en las calles habían bajado de hecho, de $80 a $60 el gramo durante 1993, dejando a los estrategas hurgando por explicaciones que justificaran su ideología fallida.

Aunque buena parte de este aspecto del análisis todavía sigue siendo clasificado, la respuesta la dio el picapedrero de los números Rex Rivolo —quien hizo el análisis original dirigido por Sheridan— al aplicar la teoría económica de "competencia monopolística" al imperio de las drogas. Según la descripción de Rivolo "si se les divide (los cabecillas de las drogas/carteles)... se sabe que el precio va a caer. Y efectivamente... nosotros manejábamos la competencia". La guerra a las drogas de Bush fue un fracaso, y así se diseño.

Sin embargo, esta ideología fracasada se inculcó en la manera de pensar de los estrategas, que habría de aplicarse muy pronto al problema nuevo del día: el crecimiento del terrorismo y las redes terroristas. Ahora bajo un nombre nuevo, llamado "High Value Individuals" (Individuos de Alto Valor) y dirigido principalmente hacia los tenientes de Saddam Hussein en la guerra en Iraq (e.g. las "juegos de cartas" de Dick Cheney) entonces bajo George W. "matorral" Bush. Pero, los resultados eran predeciblemente los mismos. En el 2007, después de cuatro años de asesinatos HVI, este mismo Rivolo fue llamado para que examinara los datos del Ejército, esta vez del comandante de operaciones en Iraq General Ray Odierno. Lo que Rivolo encontró fue que, en oposición directa a lo que alegaba Bush, la política de HVI era un fracaso; de hecho, se podía demostrar que los incidentes terroristas habían aumentado después de la eliminación de un "cabecilla" terrorista. Como dice la conclusión subestimada del informe de Rivolo: "La Estrategia HVI, nuestra principal estrategia en Iraq, es contraproducente y necesita reevaluarse".

Esto fue en el 2007.

Obama tomó posesión de su cargo en el 2009, "reinventando" rápidamente la estrategia de blancos HVI como "asesinatos con drones" y como reemplazo de la estrategia de "torturas" de Dick Cheney, que también ahora ha probado ser un fracaso. Obama acogió con tanto gusto su guerra con drones —que en esencia no es más que una versión tecnificada de la misma estrategia fracasada de matar "cabecillas" HVI de los gobiernos de los dos Bush— que llegó a filtrar orgullosamente la existencia de una "lista de asesinatos" presidencial al New York Times. Sin embargo, a la luz del trabajo de Rivolo y como ahora pone totalmente al descubierto Cockburn, el gobierno de Obama, con pleno conocimiento previo, ha estado causando la proliferación del terrorismo y sus redes de apoyo por todo el mundo árabe, a la vez que utiliza esto como justificación para erigir una política interna de estado policial supuestamente para "combatir" la misma amenaza que él ha creado.

Obama es "el Bush tercero". Sus presidencias juntas han llevado al país al borde de la destrucción y al mundo al borde de la guerra termonuclear. El tiempo está más que maduro para eliminar del poder este "legado" y que una nueva Presidencia, construida sobre la economía política de Alexander Hamilton y se restablezca la diplomacia exterior de John Quincy Adams.