Declaración de política presidencial de Lyndon LaRouche

21 de octubre de 2015

20 de octubre de 2015 — La abrumadora mayoría de los estadounidenses sensatos reaccionaron con horror y furia ante el circo de payasos que fue el debate presidencial del Partido Demócrata montado por CNN y Google el martes 13 de octubre. La falta de respeto hacia la institución de la Presidencia que se demostró con la manera en que se arregló el debate, se acerca a la obscenidad que ha caracterizado a los varios debates del Partido Republicano hasta ahora.

En respuesta a la profusión de apoyo que he recibido, solo por decir la verdad de esas abominaciones, debo emitir la siguiente declaración breve sobre la naturaleza de nuestra crisis nacional actual y el marco apropiado para abordar esta elección presidencial vital.

Primero, la cuestión definitoria para el día de hoy es el hecho de que Wall Street está irremediable e irreversiblemente en bancarrota, y no puede haber ninguna mejora seria en las condiciones de vida para la enorme mayoría de los estadounidenses hasta que Wall Street sea clausurado por completo.

El primer remedio y más inmediato para la bancarrota de Wall Street consiste en el restablecimiento de la ley Glass-Steagall.

La verdad simple es que la evaluación honesta del desastroso derrumbe de la productividad real en la economía estadounidense, es que una gran mayoría que crece cada vez más, de nuestros conciudadanos, enfrenta la pérdida del empleo, hambruna, colapso de los servicios genuinos de atención médica, la destrucción del sistema educativo y una desintegración general de la infraestructura básica.

Esto se ha acelerado bajo la presidencia de Barack Obama, pero comenzó antes de esta, en particular durante los períodos de George W. Bush en el cargo.

Cualquier intento por evadir esta verdad fundamental durante las campañas presidenciales en curso, apelando a los “temas” o consignas populistas, condena a Estados Unidos a la destrucción en el período próximo a corto plazo.

Se debe clausurar a Wall Street por completo. Todo el sistema de Wall Street está en bancarrota. Se le tiene que poner fin. Luego, debemos hacer lo que hizo Franklin Roosevelt para superar la Gran Depresión. Hoy en día, tenemos enfrente un desafío mayor, debido, en parte, a las décadas de colapso de las facultades productivas del trabajo en esta nación. Hay que cerrar Wall Street ya, restablecer la Glass-Steagall como medio para reconstituir a la banca comercial viable, y empezar luego un programa de crédito federal para revivir a la economía productiva, mediante la inversión de capital en la infraestructura y otros programas vitales. Tenemos que empezar a dar marcha atrás al colapso de nuestra economía industrial y tenemos que entrenar a una nueva generación de jóvenes para que desarrollen las capacidades para funcionar en una creciente economía moderna intensiva en tecnología.

Esto es lo que deben abordar los candidatos presidenciales de 2016. Cualquier intento por desviarse de este plan esencial equivale a rendirse ante Wall Street y a quienes verían a Estados Unidos desintegrarse por completo.

Un segmento del pueblo estadounidense, horrorizado por el circo de payasos de la semana pasada, exige nada menos que eso. Cualquier candidato que no satisfaga este criterio no tiene cabida en la carrera presidencial. No se trata de un concurso de popularidad, ni de una prueba para ver quien complace mejor a los peores impulsos pragmáticos del abatido y aterrorizado público. Se trata de una elección que determinará si Estados Unidos tiene o no la aptitud moral para sobrevivir.

Yo escucho al pueblo estadounidense que clama por un futuro sin la plaga de Wall Street. Ellos merecen nada menos que eso.