Los bancos malos ahora se van al infierno

11 de marzo de 2011

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.

10 de marzo de 2011

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Había enviado el siguiente mensaje, el entrecomillado, en respuesta a una pregunta sobre la cuestión de la anulación del "rescate" mediante la urgentemente necesaria reaplicación de la ley Glass-Steagall. La misma respuesta, con las siguientes adiciones, se debe expresar como respuesta general a todas las interrogantes con respecto a la cuestión de las implicaciones de la reaplicación del estatuto Glass-Steagall para evadir una crisis de desintegración general de todo el sistema estadounidense. Le añado un sufijo indispensable a la copia de ese mensaje enviado previamente en respuesta al corresponsal mencionado.

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MI RESPUESTA A ESE CORRESPONSAL FUE:

"Se sacará de la clasificación común de deuda pública una cantidad equivalente a billones de dólares estadounidenses, reduciendo de este modo las obligaciones de las cuentas federales y de la banca mercantil, según la práctica actual, y se transferirán a cuentas especulativas que ya no serán obligaciones ni de la banca mercantil ni de los gobiernos federal o estatal.

"Esto significa, ciertamente, que la mayor parte del negocio de la banca se hundirá hasta perder la existencia. Eso castigará a los relativamente más pocos, pero salvará las vidas de la gran mayoría y la existencia de nuestra misma república. Así que, ¿Y qué? El inocente no está obligado a pagar las deudas de juego.

"Los que pierden en las cuentas de deudas de juego, no tienen fundamentos legítimos para quejarse. Ya han estafado demasiado a nuestra nación por demasiado tiempo, y ahora la estafa ha llegado a su muy necesario fin.

"Salvó a Estados Unidos en 1933. Salvará a EU de una destrucción total en contrario, hoy día".

A eso, ahora le agrego la siguiente ampliación:

El corresponsal había incluído una pregunta del tipo siguiente: "Si, pero, que hacemos con esos billones de deuda?" Por lo tanto, le agrego el siguiente comentario que ya estaba implícito en mi respuesta original.

La única respuesta competente a esa pregunta es: "Los bancos que no sean redimibles al volver a la forma de banca mercantil bajo la ley Glass-Steagall original, se les aconsejará que paguen la deuda ellos mismos, dado que esas deudas no son deudas legítimas de las instituciones de banca mercantil ni en su forma ni en su carácter".

En suma, los bancos que ahora se pueden clasificar como banca mercantil, no están obligados a pagar esas deudas en realidad sin valor, esencialmente especulativas que no satisfacen el equivalente de la norma para las deudas definidas propiamente como deudas mercantiles según nuestro sistema constitucional. Son en esencia deudas de juego incurridas al riesgo de los banqueros privados al margen de la órbita legítima de un sistema de banca mercantil, y por lo tanto representan deudas de juego nominales, que no se deben considerar como deudas del gobierno o del sistema de la banca mercantil de nuestro Estados Unidos.

Esto, ciertamente, conducirá al cierre de la forma especulativa de deudas de juego de muchos bancos mercantiles e instituciones privadas semejantes que no pueden redimir esas deudas por medios distintos que la misma norma especificada por la ley Glass-Steagall. ¿Y eso qué?

Esa reforma urgentemente necesaria crea un inconveniente para alguna gente, pero no una injusticia real; las pérdidas del tahúr pueden ser dolorosas, pero eso no las hace obligaciones preceptivas de nuestro sistema constitucional de gobierno. Estados Unidos no paga las deudas de juego ajenas, ni paga deudas que tienen de una cualidad equivalente a "inversiones en 'pasarelas' " en el juego de mesa del "Monopolio".

Bajo el sistema de autogobierno establecido como ampliación de la declaración de principio fundamental en el Preámbulo de nuestra Constitución Federal, la verdadera riqueza y las obligaciones en que incurre se expresan en un sistema de crédito bien regulado, no en intereses monetarios; un sistema de crédito centrado en las misiones del crédito público y el fomento de las inversiones físicamente útiles en el mantenimiento y el aumento de las facultades productivas del trabajo que son los temas primordiales del objeto propio del interés público, y por ende, también, esas empresas que se dedican propiamente a propósitos que se consideran razonablemente como contribuciones a la mejora y mantenimiento del bienestar físico de la nación, exactamente como bajo el sistema de crédito establecido según el estatuto constitutivo original de la colonia de la Bahía de Massachussets, un estatuto que ha sido el modelo original del plan de gobierno sobre el cual se basó la existencia de nuestro Estados Unidos, y el cual constituye la diferencia del sistema de Estados Unidos con los sistemas monetaristas de la vieja Europa.

El nuestro es un sistema crediticio, no...

La supresión del esfuerzo para obligar al Gobierno Federal a pagar las deudas de juego ajenas, es actualmente la precondición absoluta para salvar la existencia de nuestro Estados Unidos, e implícitamente, de otras naciones afectadas de la comunidad trasatlántica. Si no ponemos en ejecución esa norma que he prescrito aquí, la civilización que hemos conocido llegará a su fin en la crisis de desintegración más larga y profunda de la historia conocida. Esa es la única opción disponible para las naciones y sus poblaciones en este momento de la crisis mundial presente.

Entonces, y solo entonces, podría Estados Unidos retornar a los principios constitucionales mediante los cuales nuestra república ha probado, repetidamente, la senda requerida para obtener una verdadera recuperación económica física, por persona y por kilómetro cuadrado del territorio de nuestro Estados Unidos. Deudas sin valor equivalentes a los billones de dólares de Wall Street y formas semejantes de deudas de juego ahora, serán simplemente eliminadas o dejadas a que prosperen, vivan o se pudran según sus propios medios. La existencia continuada de nuestro Estados Unidos lo exige, y el propósito de nuestra Constitución Federal también lo exige. Que se haga eso ahora, o el mundo se va al Infierno económico aquí en la Tierra durante una generación o más por venir.

La recuperación económica arreglada de este modo, será la premisa para emitir crédito federal para la acción inmediata que se requiere para "rescatar" las funciones públicas esenciales de los estados respectivos de nuestro Estados Unidos, y para organizar el crédito federal necesario para la adición de más de siete millones de plazas de empleo productivo físicamente. El Presidente Franklin Roosevelt estaba correcto; sus críticos eran entonces unos tontos, o en el caso de los tiranos de Wall Street, peor, y lo son más aún ahora.

Si no se hicieran esas correcciones, la economía mundial presente estaría condenada a un derrumbe casi inmediato hacia una nueva era de tinieblas global extendida desde el momento inmediato por venir, hasta varias generaciones por venir, en todo el mundo. Esa es la verdad de las cosas; esa es en realidad la única opción ante nosotros. Aprobar y poner en práctica la Glass-Steagall ya, o planear para disfrutar una corta vida en ruta hacia una llegada anticipada al Infierno planetario.

Obviamente, en realidad, el rescate financiero iniciado en 2008 no fue nada más que un boleto hacia el Infierno al que se deberían mandar a todos los "bancos malos" compasivamente, ya.

- - Lyndon