Asesores de Correa y LaRouche dialogan sobre el Banco del Sur

19 de septiembre de 2007

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El 12 de septiembre de 2007 se llevó a cabo el siguiente diálogo en el programa Opinión Popular de Patricio Pillajo en Radio 530 AM de Quito, Ecuador, entre Pedro Páez, presidente de la Comisión Técnica Presidencial para el Diseño y Creación del Banco del Sur, y Dennis Small, director general de la revista Resumen ejecutivo de EIR, director adjunto de la revista Executive Intelligence Review y asesor para asuntos iberoamericanos del ex candidato presidencial demócrata Lyndon LaRouche.


Patricio Pillajo: Saludamos al señor Dennis Small, que es director de la revista internacional Executive Intelligence Review de los Estados Unidos y parte del grupo de asesores del ex candidato presidencial demócrata Lyndon LaRouche.

Dennis, muy buenos días. Gracias por permitirnos este contacto telefónico con Washington. Con el objeto de cerciorarnos y constatar la entrevista que realizamos, cuéntanos Dennis: ¿qué horas tenemos en Washington?

Dennis Small: Muy buenos días, Patricio. En estos momentos son las nueve de la mañana con unos tres o cuatro minutos.


Pillajo: Gracias, Dennis. Estamos también dando la bienvenida al doctor Pedro Páez, que es presidente de la Comisión Técnica Presidencial encargada de la nueva arquitectura financiera. Y con ellos vamos a intercambiar varias ideas relacionadas con, justamente, este ámbito: la creación del Banco del Sur, que es uno de los temas que le competen a dicha institución.

A la luz de lo que está ocurriendo en el campo internacional, Dennis, el 11 de septiembre deja heridas no solamente políticas y humanas, pero también económicas. Y es que dicen varios analistas que ésta ha sido la sombra del 11–S, parte de un eslabón también de acontecimientos económicos que no dejan en paz la economía de los Estados Unidos y que tiene que ver, como último capítulo, con el "sacudón" que ha tenido el sector inmobiliario estadounidense. Las cifras son pero muy preocupantes. Incluso la acción de la Reserva Federal de los Estados Unidos, con más de 40 mil millones de dólares para atender la crisis, ¿qué escenario nos plantea, Dennis?

'El mercado hipotecario es sólo la punta del iceberg'

Small: En efecto, tenemos una crisis hipotecaria e inmobiliaria en los Estados Unidos que es enorme, tremenda, que ha sido tema de muchas de las noticias internacionales. Pero es simplemente un síntoma de una crisis sistémica de desplome de todo el sistema financiero internacional. En cierto sentido el problema que padecemos acá con las hipotecas es parecido al problema de la deuda ilegítima que padecen muchos de los países de Sudamérica y de todo el Tercer Mundo.

Y es muy sencillo: lo que ha pasado con este sistema internacional, que se tiene que remplazar con una nueva arquitectura financiera, es que se ha generado un fraude tremendo de generación de deuda impagable, que luego se convierte en activos para la siguiente ronda de más deuda impagable. Y se va creando así una pirámide, una tremenda burbuja financiera internacional con préstamos apalancados sobre préstamos apalancados. Al grado que hoy en día tenemos instrumentos financieros internacionales que suman más de 800 billones de dólares —entre especulación y derivados y demás— cuando el producto interno bruto de todos los países del mundo no es ni el 5% de ese total. Y los derivados y la burbuja están creciendo, cual cáncer, a un ritmo del 20% anual, mientras que el producto interno bruto, si bien nos va, crece al 2 o 3% anual.

El reflejo de esto, dentro de los Estados Unidos, es que tenemos una situación en donde el mercado inmobiliario se está desplomando dramáticamente, con un contagio en todo el sistema bancario, no solamente en Estados Unidos, sino a nivel internacional. Entre septiembre y marzo del año que viene, se espera que van a haber dos millones de embargos hipotecarios en los Estados Unidos —es decir, préstamos hipotecarios que no se pueden pagar—, y eso puede conducir a 7 millones de personas desalojadas.

Lo que dice Lyndon LaRouche, en cuentas resumidas, es que se tiene que poner un muro contrafuego para parar eso. Se tiene que poner un alto total a los embargos; no se debe echar a nadie a la calle. Y se tiene, también, que crear una situación donde los bancos se vean protegidos de estos incumplimientos necesarios, mientras se reorganiza todo el mercado inmobiliario y todo el sistema financiero internacional a un nivel que corresponde a la producción real.


Pillajo: Okey, Dennis, si nos permites alternar con el profesor Pedro Páez... Doctor, bienvenido al programa: ¿cómo puede "blindarse" la economía de Ecuador, en general, frente a estos temas? Se dice que cuando Estados Unidos estornuda a Ecuador y al resto del mundo le da gripe. Pero esto no es un estornudo, parece un proceso mucho más agudo. ¿Cómo precautelar nuestros intereses? ¿Es posible?

Pedro Páez: Muchas gracias por la invitacion y muy contento de estar aquí en contacto internacional con Dennis. Nuestra comisión, si me permite decirlo, está haciendo todos los esfuerzos por fortalecer y desarrollar estos contactos que permitan el diálogo y el debate riguroso, responsable, respecto a la nueva arquitectura financiera internacional, que es justamente la respuesta a lo que usted está diciendo. Es decir, el problema que tenemos ahorita es algo parecido a lo que vivió el Ecuador con la crisis financiera que explotó en el 98 y en el 99. En realidad, la crisis financiera estaba afectando desde mucho antes en el Ecuador. Ya en el 96 [surgieron] los síntomas —la caída del Banco Continental— de algo que estaba sucediendo y se estaba replicando más o menos en todos los bancos. Y a través de respiración artificial se iba lanzando la pelotita más adelante, más adelante y más adelante, pero a costo de ir comprometiendo a volúmenes cada vez más masivos de la economía ecuatoriana y comprometiendo los ahorros de segmentos cada vez más amplios de la población.

Entonces, en momentos en que ya no fue posible seguir postergando el estallido de la crisis, ya los grandes banqueros habían organizado estratégicamente su retirada para dejar que sea la gente pobre del país, que seamos los millones de ecuatorianos los que tengamos que cargar con el muerto.

Algo parecido está pasando a nivel internacional. Los fundamentos de la crisis se vienen gestando desde hace mucho tiempo y, como bien ha mencionado Dennis, lo que está pasando ahora no es sino una situación sintomática de procesos muchísimo más profundos. Es decir, el problema de la crisis no está exclusivamente en el mercado hipotecario. El mercado hipotecario sin duda tiene una cantidad de ramificaciones, pero eso es solamente la punta del iceberg de procesos mucho más complejos que están pasando en la economía internacional y, específicamente, en la dinámica de la economía norteamericana.

Entonces, el problema que tenemos ahorita es que se han venido desarrollando durante todo este tiempo, pero están acelerando, una serie de mecanismos para hacer que el resto del mundo, las naciones dominadas, las clases sociales dominadas, subordinadas, carguen con el muerto, carguen con los platos rotos. La nueva arquitectura financiera que estamos planteando, el Banco del Sur —por ejemplo—, en primer lugar sería parte del blindaje con el cual podríamos defender los intereses de la América Latina para responder de la mejor manera en estas circunstancias internacionales.

Hay que proteger a los bancos y a los propietarios de vivienda

Pillajo: Pero se trata de un blindaje que se va a armar en el largo plazo. Pero, mientras tanto, ¿qué hacer? Dennis, usted dice —explicando expresiones del ex candidato LaRouche—, que es necesario poner una barrera de fuego. El Presidente de Estados Unidos, George Bush, anuncia ayuda para las familias endeudadas con hipotecas, entre otras medidas. La intención es flexibilizar el funcionamiento de la Agencia Federal de Vivienda —dicen— para que puedan garantizar la deuda de los propios propietarios en dificultades. ¿Es ésa la barrera que puede funcionar? Y, más aún: ¿estamos a tiempo de armar un blindaje sobre la marcha de esto que se puede agudizar? Dennis.

Small: No, lo que está proponiendo Bush de ninguna manera es un blindaje o un muro contrafuego. Lo que está haciendo simplemente es hablar de un mecanismo para inyectar más liquidez al mercado inmobiliario; no para rescatar a los propietarios de viviendas, sino para rescatar a los fondos de especulación, que son los dueños de esas hipotecas.

Lo que se tiene que hacer es congelar por completo los pagos de las hipotecas porque están subiendo dramáticamente con el alza de las tasas de interés en el mercado acá. No se pueden seguir haciendo esos pagos. A los fondos de especulación, a los mismos fondos buitres que han tratado de destruir a Argentina y que ahora quieren destruir a Ecuador y a todos los países del Tercer Mundo, no se les puede refinanciar ni rescatar. Ésos son los que se tienen que hundir. Las funciones básicas del sistema bancario, en el sentido de suministrar crédito para el desarrollo y no crédito para la especulación, eso es lo que se tiene que proteger.

Entonces, la propuesta de ley del señor LaRouche —que por cierto está en estos momentos bajo consideración por varios congresistas en los Estados Unidos—, es crear una ley de Protección a los Bancos y Propietarios de Vivienda que asegure que la gente no sea desalojada y que se suspendan los pagos de las hipotecas mientras se reorganiza, es decir, se reduce dramáticamente toda esa burbuja especulativa.

Lo que Bush está proponiendo es todo lo contrario: es alimentar más al cáncer y destruir al paciente. Lo que propone LaRouche es salvar al paciente extirpando el cáncer.

Y yo veo un paralelo en esto con lo que se ha propuesto —lo que dice el doctor Páez y lo que han dicho los argentinos, los venezolanos y otros— respecto al funcionamiento del Banco del Sur, que es una propuesta que, por eso mismo, el señor LaRouche ha respaldado.


Pillajo: Pero la arquitectura, la reingeniería propuesta es a mediano y largo plazo. ¿Mientras tanto?

Small: No. Lo que pensamos nosotros es que no solamente no es a largo plazo, sino que no puede ser a largo plazo. Estamos en un momento donde todo el sistema financiero —no nada más el de la posguerra, sino realmente lo que hemos tenido por 200 o 300 años— está haciendo agua. Estamos en una crisis sistémica. Estamos en momentos parecidos a lo que pasó con el desplome de la Unión Soviética en el 90–91. Y vamos a tener, quizás en septiembre o en octubre, una crisis bancaria sistémica que va a requerir —nos guste o no— de medidas dramáticas a corto plazo.


Pillajo: ¡Qué grave! ¿Qué incidencia tendrá esto en la economía como, digamos, elementos ya tangibles de impacto en nuestra sociedad, en nuestros países, doctor Páez?

Páez: Bueno, parte del problema es la propia incertidumbre. Su pregunta, justamente, nos avoca a una situación medio dramática respecto a qué es lo que va a pasar. Todo depende; no podemos tener la rienda de nuestro destino, sino que todo depende de cómo le vaya a los Estados Unidos, de cómo los Estados Unidos se digne resolver "su crisis" o se digne poner paños de agua tibia, como está mencionando Dennis, ¿no es cierto?

El problema es que es fundamental que países como los nuestros se organicen, no necesariamente en soluciones de mediano o de largo plazo (puede haber soluciones más inmediatas) para mejorar o para elevar sus grados de soberanía. Es decir, su capacidad de resolver respecto a su destino y que tengan una relativa autonomía respecto al desempeño, al curso de los acontecimientos de los mercados internacionales, sobre todo en los mercados financieros internacionales. Seguir sujetos a la dictadura de los mercados financieros internacionales es suicida; más aun cuando esos mercados financieros están en pleno desplome.

Estamos, en el caso del Ecuador, en una situación particularmente grave —en el contexto latinoamericano—, porque si toda Latinoamérica tiene pulmonía cuando Estados Unidos se resfría, en el caso del Ecuador es más grave, porque nosotros estamos atados al dólar. Y, entonces, hemos renunciado a la política monetaria, hemos renunciado a la política cambiaria. Prácticamente tenemos una política fiscal gastada y, entonces, nuestras capacidades de poder responder a cualquier choque exógeno, cualquier choque externo, son mínimas.

Es fundamental acelerar nuestros esfuerzos de manera seria y responsable para construir las instituciones que nos permitan defender la situación del país, la situación de vida de la gente, de producción de la gente, para el futuro inmediato, pero también para una coyuntura larga.

El Banco del Sur, un paso hacia una nueva arquitectura financiera mundial

Pillajo: ¿Qué puede y debe hacer el Banco del Sur como institución, o cualquier otra entidad planteada que se cree en el marco de esta llamada arquitectura financiera? ¿Qué es lo que podría hacer una institucionalidad dentro de la llamada reingeniería financiera, Dennis, para precautelarnos no solamente a Latinoamérica, sino que hablamos de un interés global de las secuelas de estas crisis?

Small: Bueno, empecé con una discusión sobre la naturaleza de la crisis sistémica porque hay que empezar con el diagnóstico para saber exactamente cuáles son las medidas correctas recetadas; es lo mismo en la medicina como en la economía. El hecho es que los países de Sudamérica no solamente tienen que defenderse —como estábamos hablando hace un momento—, sino que simultáneamente se tienen que asociar con esas fuerzas internacionales que están en proceso de lograr un cambio total del sistema financiero internacional.

Si no logramos ese cambio generalizado, si no logramos resolver el problema del dólar tomando medidas como las que tomó Franklin Delano Roosevelt, por ejemplo, en 1933... Él también paró los embargos y los desalojos hipotecarios, de la misma manera que lo propone LaRouche. Entonces, se tienen que lograr esos cambios internacionales.

Lo que me parece de suma importancia con el Banco del Sur es que es, a la vez, un paso para defender y blindar las economías de Sudamérica para que se puedan desarrollar y que no las sigan saqueando a través del pago de una deuda ilegítima apalancada e irreal, sino que también es un paso en la dirección de una nueva arquitectura internacional.

Ahora, concretamente, me parece muy importante que no haya cambio libre de las monedas iberoamericanas o de cualquier unidad monetaria que se establezca y el dólar. Tiene que haber control de cambios, tiene que haber control de capitales, y se tienen que establecer, no solamente en Sudamérica, sino internacionalmente, tipos de cambio fijos. Tenemos que regresar a la idea original del Bretton Woods.

Ahora bien, reconozco, y es un hecho como lo decía ahorita el doctor Páez, que Ecuador tiene un problema muy particular por la dolarización que se le impuso al país a través de un proceso de saqueo horrible. Pero aliado a los otros países de Sudamérica, y éstos aliados a su vez con fuerzas en Rusia, en China, en India y dentro de los propios Estados Unidos, que estamos organizando este cambio internacional, hay manera de defender las economías y el nivel de vida de la población, a la vez que se logra esa reingeniería o arquitectura nueva internacional.

El futuro del dólar y del sistema monetario

Pillajo: ¿Es el tema de la moneda, el ámbito internacional, digamos, central de este tipo de respuestas, doctor Páez? Porque a muchos les asusta que incluso el sistema político se haya vuelto el caballito de batalla para muchos: "Vamos a defender el dólar en la Constitución, porque todos queremos el dólar". De hecho, es una propuesta de una consulta —te cuento Dennis— que están planteando sectores económicos en la provincia del Guayas: "Defender el dólar —dicen— a rajatabla, ya que vamos a cambiar la Constitución".

Pero, ¿es el tema de la moneda el quid de la cuestión de nuestro país?

Páez: Bueno, aquí, como anécdota, resulta que somos más papistas que el papa. Hay quienes quieren que en la Constitución que se va a redactar en la próxima Asamblea Constituyente, conste el dólar como moneda nacional. Pero lo chistoso es que ni en los propios Estados Unidos consta el dólar como moneda nacional en la Constitución.

El problema real, yo le insisto, [es que] hay distintos tipos de medidas en que se puede ir avanzando; obviamente cada cual con su propio ritmo, sus propias oportunidades, digamos. El caso específico de la moneda: primero es necesario recalcar el hecho de que la creación de esta moneda de cuenta está ligada a la constitución de un sistema de paridades, de un sistema de condiciones de pagos, y no necesariamente que tiene que ver básicamente con el manejo contable de los bancos centrales en su primera etapa, que no tiene nada que ver necesariamente con la circulación de las monedas. Es decir, dejará el peso argentino en Argentina, los reales en Brasil, los bolívares en Venezuela y, si se quiere, aquí el dólar en el Ecuador. O sea, eso no tiene nada que ver.

Los ritmos que se están planteando, el impulso que está ejerciendo el Ecuador en términos de la necesidad de integrar los distintos pilares en un solo esfuerzo, en un solo salto cualitativo en el proceso de integración latinoamericana, es la necesidad de ligar el problema de la banca de desarrollo —que sería el Banco del Sur— con la creación de funciones de banca central latinoamericana y con la función de esta moneda regional, que permita tener alternativas frente a un dólar que se está cayendo.

A nivel de todo el mundo, la organización internacional del crédito está cambiando. Y, aunque no se lo digan, incluso los aliados más cercanos de los Estados Unidos están tomando las precauciones del caso para un proceso que podría ser similar a una "corrida" bancaria en el caso del dólar. Es decir, fíjese: los países que eran de la antigua Unión Soviética, que a raíz del desplome del muro de Berlín se han convertido en aliados muy cercanos de los Estados Unidos, están pensando muy seriamente en la propuesta de Rusia de convertir al rublo en una moneda de reserva, por ejemplo. Hay países petroleros que empiezan a pedir ya a sus compradores que no les paguen en dólares, que les paguen en otras monedas; en yenes, en euros.


Pillajo: Algo más fuertecito...

Páez: Claro. Entonces empieza a desinflarse la demanda artificial mundial de que ha gozado el dólar, digamos, a partir de este privilegio de ser el hegemón a nivel mundial en cuanto a las divisas. Se desinfla esa demanda artificial que permite que los Estados Unidos puedan darse el lujo... Por ejemplo, usted acaba de mencionar hace un momento el hecho de que la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, inyectó el equivalente a un producto interno bruto del Ecuador, más de 40 mil millones de dólares. ¡Eso es el equivalente a un producto interno bruto del Ecuador! Lo inyectó en el último mes para salvatar —como bien lo ha dicho Dennis— no a la gente, a los propietarios de vivienda, a la gente que hace producción, a los trabajadores en los Estados Unidos, sino para de hacer el salvataje de los fondos buitres —¿no es cierto?—, para evitar que se desplomen las cotizaciones en las bolsas de valores de ese tipo de mecanismos especulativos y las burbujas especulativas que han venido operando y que han sostenido la tasa de ganancia a niveles tan altos de manera artificial.

Entonces, el momento en que los signos de problemas se sigan agudizando en los mercados internacionales, pues, hay que tener cuidado de que no seamos nosotros los últimos en llegar a la ventanilla y que digan, "Ya no hay plata", ¿no?

Es importante que haya un proceso en el que haya una reorientación, por ejemplo, de las reinversiones de las reservas monetarias internacionales de América Latina, que hoy básicamente también están financiando la guerra de Iraq, por ejemplo.

Hacia un Nuevo Bretton Woods

Pillajo: Profesor, lo que recomienda el señor Small, que no haya cambio libre entre las monedas regionales y el dólar. ¿Qué implicaciones tiene esta sugerencia? ¿Qué es lo que se está buscando, qué se buscaría con esto?

Páez: Bueno, mire, ahí es indispensable el repensar el esquema monetario internacional; eso es indudable. El propio mercado está generando espontáneamente una reorganización de la distribución del crédito a nivel internacional, en el que el papel que tenía antes Manhattan y la City de Londres como poderes hegemónicos de la banca, está disminuyendo frente al ascenso de lo que son los mercados financieros europeos, de lo que son los polos financieros en Asia. Y por eso es importante que América Latina también tenga su propio mercado financiero que pueda establecer sus propias reglas. Dentro de ese esfuerzo, es muy importante tomar en cuenta otras medidas de sanidad cambiaria que permitan recuperar la gestión macroeconómica soberana de un país.


Pillajo: ¿Quiénes más podrían integrarse a ese gran acuerdo, a esa reingeniería internacional, Dennis, a ese Nuevo Bretton Woods?

Small: Bueno, justo en estos momentos, en tres días, se va a celebrar en Alemania una conferencia con el señor LaRouche y con representante de varios países eurasiáticos —de China, de Rusia, de India, de países europeos, de los propios Estados Unidos y de México—, para discutir esta reorganización por bancarrota del sistema financiero internacional y la necesidad de organizar un Nuevo Bretton Woods, un nuevo sistema internacional en torno a la idea de generación de crédito; no para pagarle al cáncer, sino para generar desarrollo y, especialmente, grandes obras de infraestructura.

La propuesta del señor LaRouche es que una alianza de cuatro potencias, en particular, sería el eje en torno al cual el resto de los países del mundo se podría aglutinar para forzar este cambio. Y esas cuatro potencias vendrían siendo Rusia, China, India y, necesariamente, los propios Estados Unidos. Pero un Estados Unidos no en la línea de George Bush y de Dick Cheney, sino con una orientación al estilo de Franklin Delano Roosevelt, que es lo que representa Lyndon LaRouche.

Se requiere, en efecto, un cambio dramático internacional. Esto no es algo para el futuro lejano. Esto es algo que, nos guste o no, ya está en la agenda en estos días por la misma crisis. Y se tiene que lograr esta reorganización donde todo el sistema mundial del dólar, que pase por un proceso de reorganización por bancarrota. Es decir, todos estos 800 billones de dólares de instrumentos financieros especulativos quedan congelados y se reorganiza el sistema financiero y bancario para que cumpla con los requisitos sobre los que originalmente se fundaron los Estados Unidos, el Sistema Americano de economía.

Éste, por cierto, es un tema sobre el que ha escrito bastante el presidente Rafael Correa de Ecuador. Nosotros en los Estados Unidos nos fundamos en contra del sistema británico colonial de especulación. Y si los Estados Unidos logramos regresar a ese cauce original del Sistema Americano de Washington, de Lincoln y de Franklin Delano Roosevelt, eso ayudará mucho para que los esfuerzos muy positivos que se llevan a cabo en otras regiones —en Sudamérica con el Banco del Sur, algunos de los intentos que ahorita comentábamos en Rusia, lo de China, India y demás—, eso crearía una correlación de fuerzas internacionales adecuada para acabar de una vez por todas con este sistema desastroso de la globalización.

No podemos seguir pagando deuda sobre deuda sobre deuda, que es ilegítima y que está destruyendo a la economía productiva. Tenemos que reorganizarlo todo para fortalecer la economía y las grandes obras de infraestructura. Ésta es la intención del señor LaRouche en su actividad política en los Estados Unidos. Y nos complace mucho, por lo tanto, poder tener este tipo de intercambio con gente que está pensando y abordando una problemática muy parecida en sus respectivas naciones.

Momentos revolucionarios exigen cambios revolucionarios

Pillajo: Pasamos a escuchar las conclusiones de nuestros invitados. Dennis, a modo de síntesis y de conclusión de esto, ya que hemos topado con asuntos de tiempo. Por favor.

Small: Estamos en un momento de grandes cambios y terremotos financieros internacionales y nacionales. Nos guste o no, esto es lo que está ocurriendo con la crisis mundial y la de Estados Unidos. En momentos así de revolucionarios se requieren cambios revolucionarios. El actual sistema se va a hundir. Si nos hundimos todos con ese sistema, vamos a tener una nueva Era de Tinieblas, una depresión económica terrible, y situaciones muy parecidas a las que llevaron a Hitler, Mussolini y Franco al poder en Europa. No podemos permitir esto.

Se requiere una reorganización financiera internacional, un Nuevo Bretton Woods, como el que ha propuesto LaRouche. Y, dentro de eso, los pasos hacia el Banco del Sur que se han dado —con una importante colaboración de Ecuador— son extremadamente positivos e importantes a nivel internacional.

Dentro de Ecuador como tal, quienes proponen que la dolarización es la solución, bueno, es un poco risible, Hablándoles desde los Estados Unidos, les puedo decir que eso es como respaldar al cáncer y decir que hay que votar a favor del cáncer. La dolarización es un problema, no es un beneficio para Ecuador, a mi parecer.

Las instituciones de la vieja arquitectura financiera internacional están en bancarrota

Pillajo: Pues lo vemos aquí, muchos desde el lado de la activación del consumo, de que es lindo tener dólares, de que no nos ha dado estabilidad. Y nosotros decíamos esta semana que hay que ver más bien los fines antes que los medios. Debemos optar —con el dólar, con el yen, con el euro y con un nuevo sucre— por tener estabilidad, tener certeza, certidumbre en lo que respecta a nuestro manejo económico, a nuestro manejo monetario. Gracias, Dennis, por sus conclusiones.

Finalmente, al doctor Pedro Páez le preguntamos: ¿y cuándo, cuándo tenemos el Banco del Sur, si ésa es una alternativa válida para hacer frente a estos problemas?

Páez: Bueno, estamos avanzando. Y no solamente que avanzamos en la construcción del Banco del Sur, sino que la mera presencia de las mesas de negociaciones técnicas, serias, para la construcción del Banco del Sur, está moviendo a las demas instituciones del sistema financiero de la vieja arquitectura financiera a apresuradamente mostrar que están queriendo cambiar. Rápidamente se ha visto que el Banco Mundial está haciendo cambios internos. Por primera vez en el Fondo Monetario Internacional los candidatos del Fondo Monetario Internacional se desesperan por hacer campaña electoral y por decir: "Yo soy el candidato de la reforma. Conmigo las cosas van a cambiar". ¿Por qué? Porque esas dos instituciones paradigmáticas de la vieja arquitectura financiera internacional están en bancarrota. No solamente que hay una bancarrota moral por el rechazo generalizado a las políticas neoliberales y a los fracasos de lo que han conseguido esas políticas neoliberales, sino por el hecho de que sus carteras se han desplomado; no hay quien les pida prestado a ellos.

Al mismo tiempo, el propio señor Bush recientemente estuvo en Montevideo, y ofreció 50 millones de dólares y comprometió 150 millones de dólares más que podía recaudar de entre sus amigos petroleros árabes, para inyectar recursos justamente en aquéllas que han sido publicitadas como las prioridades del Banco del Sur: la soberanía alimentaria, la microempresa, la soberanía energética y otros temas sociales que han sido descuidados por los bancos existentes.

Entonces, hay que ser optimistas. Hay una serie de problemas y hay una serie de presiones para que el Banco no salga, obviamente, porque estamos afectando verdaderamente a intereses muy poderosos. Van a seguir habiendo las presiones. No se puede saber exactamente cuál va a ser el camino político que las cosas sigan, pero al nivel técnico las comisiones estamos trabajando; la estructuración del Banco del Sur, el diseño del Banco del Sur y la nueva arquitectura financiera internacional siguen desarrollándose. Y, más allá de las voluntades políticas, de las presiones políticas, la fuerza de los acontecimientos hace necesario que nuestros pueblos cuenten con estos instrumentos que les permitan defenderse en un escenario financiero internacional tan volátil.


Pillajo: Muchísimas gracias, doctor Páez.

Hemos dialogado con el doctor Pedro Páez, presidente de la Comisión Técnica Presidencial encargada de la nueva arquitectura financiera. Nos ha acompañado desde Washington el señor Dennis Small, director de la publicación Executive Intelligence Review.

Dennis, muchísimas gracias.