LOS PRÓXIMOS CINCUENTA AÑOS DE LA TIERRA - LA ECONOMÍA MONETARIA MODERNA

31 de marzo de 2005
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LOS PRÓXIMOS CINCUENTA AÑOS DE LA TIERRA

2. VERNADSKY Y LA ECONOMÍA FÍSICA

••La economía monetaria moderna

LA ECONOMÍA MONETARIA MODERNA

La ganancia en la productividad que ocurre dentro de las fronteras de esa panorámica de la economía física que acabo de presentar, ilustra la base de una forma real de ganancia; una forma de ganancia física, más que monetario–financiera, en la que la primera también puede llamarse el margen de ganancia social generado en los términos de lo que antes describí como un esbozo somero de los rudimentos de una economía física. Esta ganancia física es distinta a la forma ficticia de lo reportado como ganancia financiera, la cual se le atribuye, mediante la práctica contable–financiera corriente, a los embustes de modo implícito feudales de un sistema monetario–financiero del que al presente depende la práctica contable–financiera contemporánea.

No hay nada de malo con la buena contabilidad financiera, en especial si también es honesta. Es clara la necesidad de la contabilidad en una economía moderna, en especial en una en la que timadores tales como los de la banda depredadora de Enron atacaron a diestra y siniestra en la estela de la maquinación dinástica de la familia Bush. Dentro de la práctica legítima de ese modo de contabilidad, el problema por lo general surge en la forma de aquellos embustes adoptados cuya existencia y efectos el lector crédulo o simplemente distraído pasa por alto. La clase de error cualitativamente más grave viene cuando algunos contadores, como el profesor Milton Friedman de la secta francamente satánica de la Mont Pelerin del finado Friedrich von Hayek, se ostentan como economistas, cuando en el mejor de los casos son contadores financieros de una calaña cuyas doctrinas y conclusiones expresas en realidad dependen en demasía de saber menos que nada acerca de una economía real.

No obstante, no debemos permitirle a los contadores, calificados con honestidad o no, diseñar el sistema que usan en su oficio. Más bien, la profesión contable tiene que adaptar la norma de su práctica a la misión que la Constitución y las funciones del gobierno definen como las metas y pautas a aplicarse en el diseño y mantenimiento de los sistemas contables. Por tanto, uno de los problemas hoy, en especial bajo el lunático reinado del actual Gobierno estadounidense de Bush, es que al presente contamos con muy pocos economistas calificados para brindarle a los contadores las normas para su práctica orientadas a la misión que la profesión contable debe seguir. Aun aquellos que están calificados no pueden funcionar de forma eficaz bajo el actual dominio de la locura que emana de la mansión ejecutiva del Presidente y fuentes afines de opinión influyente. Incluso sin la carga adicional de ese Gobierno cabeza hueca, ese problema de tratar de definir normas cuerdas para la práctica contable actual no podría resolverse sin derrocar el imperio del sistema monetario–financiero que hoy reina.

En cuanto a los orígenes de la teoría monetaria popular actual, en este momento de crisis urge aclarar el siguiente asunto.

Tras mis descubrimientos originales en la ciencia de la economía física, por un tiempo me dediqué a continuar los estudios pertinentes en los 1950. Rastreé el tema de la historia del dinero y la contabilidad financiera, desde el intervalo del surgimiento de la usura en el sistema de servidumbre del antiguo sur de Mesopotamia, hasta el intercambio que hubo entre Mesopotamia y los hititas, y después. Este último era un intercambio que providencialmente (para los estudiosos modernos) usaba sistemas de tablillas cuneiformes (en vez de los perecederos pergaminos) como el medio de emisión de letras de cambio, cuyo uso y propósito podrían considerarse bastante modernos. Fue en base a esas muestras de los antecedentes de la sociedad antigua, que rastreé el surgimiento de los sistemas monetarios europeos a través de los canales de desarrollo de esas prácticas tales como las de Tiro y el gran centro de la usura de la secta de Delfos, pasando por aquellos avances del sistema romano que han representado la base duradera de los orígenes de la mayoría de los sistemas monetarios europeos. Mi interés abarcaba las formas modernas que aparecieron desde que la contabilidad por partida doble surgió en la sociedad moderna desde sus orígenes ahora de modo intrínseco anacrónicos en la práctica feudal de la oligarquía financiera veneciana, cosa que al parecer ocurrió ya avanzados los siglos feudales medievales prerrenacentistas del señorío ultramontano.

La necesidad de contar con una especie tolerable de economía monetaria que opere a modo de accesorio de una economía física moderna, nace como un derivado de la naturaleza especial del hombre en tanto especie creativa única, en la que la creatividad, del modo que Vernadsky define el principio noético, reside como una cualidad soberana de los seres humanos individuales.Así, la transferencia en progreso de la generación de riqueza a través del proceso social, requiere de un medio por el cual ciertas funciones del proceso puedan recibir un auxilio en la forma especial relacionada con la institución de un sistema monetario creado por el Estado. La función propia de la administración general del dinero en una sociedad moderna es la de regular el flujo de la actividad productiva y del consumo, de forma tal que fomente un ritmo óptimo de esa clase de crecimiento que sólo puede generarse estimulando el uso y desarrollo de las facultades creativas soberanas particulares de los individuos. Sin embargo, para realizar esa función, la generación y el flujo de dinero tiene que regularlos, en lo fundamental, el gobierno, a fin de evitar que ese idiota que es el dinero tome direcciones aberrantes por su propio impulso inhumano intrínseco, el cual en otro sentido ha de reconocerse como la codicia del usurero.

La cualidad axiomática de perversidad intrínseca de las versiones ahora popularizadas de dogmas feudales, e incluso otras más antiguas, respecto a la idea del dinero, es el supuesto de que éste tiene algún poder físico interno o al menos moral, un derecho natural a la usura que con toda justicia debe actuar como un principio físico de la economía real. Esta noción del dinero en tanto “lucro inmundo”, es algo que ha de considerarse como en esencia satánico por su naturaleza. La mala reputación del dinero en este respecto la certifica el hecho de que Mandeville, aunque era un tipo perverso pintoresco y de una obvia moralidad personal mala, no erró al insistir que el dinero, del modo que lo definió la excrescencia liberal angloholandesa de la tradición veneciana, depende de algo inmundo que viene de fuera del universo real, una suerte de “demonio de Maxwell” que se sospecha quizás salió del infierno, y que según Mandeville, Von Hayek, Friedman y demás recompensa con beneficios públicos el que la nación fomente el vicio.

Sin embargo, la función del dinero, cual debiera ser en la economía de un Estado nacional moderno y en las relaciones entre tales economías, tiene que diferir de la que tenía en la sociedad antigua y medieval o en las expresiones del sistema monetario veneciano de las economías modernas, tanto como el hombre difiere del mono. No hay una ley legítima en sí que prescriba que una cierta tasa de interés sea una propiedad intrínsecamente usurera, legítima del dinero como tal.

Lo que tenemos ahora, como evidencia el sistema del FMI posterior a 1971, es en esencia una continuación de un sistema de usura monetario–financiera medieval; el actual sistema monetario internacional fue calcado y en gran medida es una continuación directa de la tradición ultramontana medieval para que sea la forma dominante intrínsecamente feudal de sistema monetario–financiero de nuestro planeta hoy.A consecuencia de revivir el poder de la oligarquía financiera veneciana al término del siglo 15, y de transformar las operaciones principales de ese sistema oligarca en la forma del sistema de la facción veneciana del liberalismo angloholandés del siglo 18, tenemos la siguiente ironía mortal en la economía mundial actual en su conjunto.

Así, como un resultado combinado del impacto del Renacimiento del siglo 15, el Tratado de Westfalia y el nacimiento del principal rival del sistema liberal angloholandés, el Sistema Americano de economía política, tenemos la siguiente forma paradójica de sistema mundial actual ahora hegemónica. Este problema tiene una historia en la que destacan los siguientes sucesos pertinentes.

Desde los cambios contrarrevolucionarios que entre 1971 y 1972 sufrieron la economía estadounidense y el FMI bajo la influencia delegada a una figura del Gobierno de Nixon como George Shultz, el sistema monetario–financiero liberal angloholandés, ahora aquejado de forma fatal por la enfermedad, y no un sistema estadounidense fundado en la intención original de la Constitución federal de los EU, es el que reina al presente en el mundo. Sin embargo, en cuanto los EU invocaran los principios del Sistema Americano de economía política que encarna su Constitución federal, como propongo que hagamos, tendríamos una situación de conflicto entre dos sistemas mundiales: uno, el sistema estadounidense reanimado, y el opuesto, el sistema monetario–financiero liberal angloholandés. Las ironías históricas principales de esas diversas configuraciones reales y potenciales, son las que siguen.

La importancia del Renacimiento clásico del siglo 15 con eje en Italia, vino del desarrollo de la forma moderna del Estado nacional soberano mediante un retorno abrupto al legado de la Grecia clásica de Platón, quitándose muchos de los arreos tanto del legado imperial romano como de su ultramontano sucesor veneciano–normando medieval.

El resurgimiento del poder veneciano durante y después de las últimas décadas del siglo 15 creó una situación en la que, por un lado, cobró existencia una forma de sociedad, el Estado nacional soberano moderno (la república), basada en el principio del bienestar general, junto con una oleada de progreso científico y tecnológico producto de la influencia continua del Renacimiento del siglo 15, y aun después, rebasando los reveses de un período de fines de ese siglo, con el Tratado de Westfalia de 1648. No obstante, con el restablecimiento del poder de la oligarquía financiera veneciana, las prácticas monetario–financieras medievales desafiaron, y a menudo dominaron, el nuevo orden político naciente de los Estados nacionales soberanos.

El resultado ha sido un sistema mundial doble de sistemas monetario–financieros de naturaleza imperialista (es decir, ultramontanos), que datan de las formas políticas y culturales antiguas y medievales de sociedad, y, en contraposición a eso, de la institución del Estado nacional soberano moderno basada en la dedicación al progreso científico y cultural a favor del bienestar general.
Ahora bien, desde 1776 la mayor amenaza para el elemento oligárquico–financiero —o sea, para el partido veneciano— del poder mundial, viene del hecho de que el Sistema Americano de economía política fue el principal paradigma constitucional para el Estado nacional soberano republicano moderno. La Constitución de los EU, en tanto paradigma del verdadero Estado nacional soberano moderno, en repetidas ocasiones ha amenazado, en especial desde la época de la presidencia de Abraham Lincoln hasta la de Franklin Roosevelt, con encabezar una revuelta de naciones que resulte en una preponderancia, en cuanto a poder e influencia mundiales combinados, superior a la forma por instinto ultramontana de poder de la facción veneciana que vino a centrarse en el sistema liberal angloholandés.

Son notables las reformas favorables al Sistema Americano de las políticas económicas de Alemania, Rusia, Japón y otros, que ocurrieron en reacción a las pruebas presentadas en Filadelfia en 1876 en la exposición estadounidense del Centenario, y a la amenaza que percibieron tanto Europa como la facción oligárquico–financiera dentro de los EUA, de que el liderato de Franklin Roosevelt en el período de la guerra de 1939–1945 y su diseño del sistema de Bretton Woods en 1944 resultarían en la propagación y consolidación del Sistema Americano de economía política, a través de las políticas estadounidenses de apoyo a la liberación de las colonias del mundo para convertirlas en Estados nacionales soberanos.

En este respecto, aprovecharon la muerte del presidente Franklin Roosevelt, con ayuda de la complicidad del presidente Harry Truman, para desatar los demonios de la guerra nuclear pro colonialista de un modo que sentara las bases de ese futuro derrocamiento del legado de la política económica de Roosevelt, un derrocamiento instrumentado en sus aspectos esenciales más cruciales en el período de 1971–1982; o sea, cuando Henry A. Kissinger y Zbigniew Brzezinski ejercían el cargo de asesores de seguridad nacional de los EU. Como parte integral de este esfuerzo por anular el legado de Franklin Roosevelt, asimilaron a elementos importantes del sistema nazi en lo que devino el sistema de la posguerra de la OTAN, y en otras posiciones importantes, con la ayuda de los círculos estadounidenses asociados con el notorio Allen Dulles. El régimen del presidente George W. Bush representa el actual estado de fruición de ese repugnante empeño de décadas.

A la fecha, esa política antiestadounidense posterior a 1945 de la facción veneciana ha llegado al grado de crisis en el que, con un llamado sistema de gobierno mundial “posterior a Westfalia” (o “globalización”), no sólo pretende desarraigar el último vestigio del propio Sistema Americano, sino también establecer y consolidar un sistema de gobierno mundial imperial de facto de la facción veneciana que, a través de medidas como las de la actual Comisión Europea, le darían marcha atrás a toda reforma que derive del gran Renacimiento del siglo 15. Para el patriota estadounidense, por consiguiente, la existencia de semejante sistema dentro de nuestras fronteras nacionales equivale a la traición. Una empresa tal, si es que ha de tener éxito en ese sentido, garantizaría el hundimiento inmediato de todo el planeta en una prolongada edad oscura para toda la humanidad, de la que sería inevitable que pocas naciones y pueblos de los que hoy existen salieran en una forma reconocible.

Así, el presente sistema monetario–financiero mundial constituye un anacronismo posfeudal en principio y, de continuar, una amenaza intolerable a la civilización entera. Sin embargo, entre tanto, esta fea incongruencia, este anacronismo perverso, este virtual drácula chupasangre legendario de una ruina oscura y fea del pasado, este sistema monetario–financiero al estilo de la facción veneciana, es la forma encarnada de la ideología predominante de la mayoría de los gobiernos e instituciones internacionales pertinentes que hoy existen. Es el parásito, una enfermedad que domina nuestras economías y gobierna nuestra cultura y vida nacionales como tal: desde dentro.

Y aun así nuestros economistas y contadores le rinden pleitesía en el altar a ese monstruo pagano que hoy oprime a las naciones y los pueblos. Estos acólitos de la tradición de la facción veneciana proponen explicar la economía y delinear las políticas de nuestra república, rindiendo un servicio devoto a ese Moloc del monetarismo contemporáneo.

El otro aspecto a subrayar, de nuevo, es que la mera existencia de ese sistema monetario–financiero hoy, no sólo es un anacronismo chupasangre (humana) histórico en y de por sí. Ha devenido en parte integral de nuestros sistemas de gobierno y de economía, a tal grado que el anfitrión no puede seguir viviendo sin deshacerse ya de ese parásito.

Mas nuestra actual mayoría de economistas y contadores necios sigue explicando cómo funcionan, o cómo deberían funcionar, las economías estadounidense y mundial, según el interés particular de una reliquia ajena del feudalismo que no tiene ninguna función tolerable en una forma exitosa de economía moderna.

Esto significa que tenemos que abandonar esa necia doctrina de la mentada teoría que hoy enseñan en la mayoría de nuestras universidades y otros lugares pertinentes como economía. Tenemos que librar a nuestros dirigentes políticos de ese súcubo monetarista ajeno que ahora carcome sus cerebros. Más importante que eso, tenemos que liberarnos para que pueda llegarse a una forma sana de economía o de toma de decisiones económicas, con ayuda de la erradicación de cualquier sistema de control mental que pretenda explicar una economía en términos de la libre circulación del dinero mediante los llamados “sistemas de banca central independiente” o su equivalente.



El personaje sacrosanto de la Sociedad Mont Pelerin de Von Hayek fue el notorio Bernard Mandeville, quien tenía una inclinación religiosa rabiosamente gnóstica a favor de los “vicios privados, beneficios públicos”. Friedman, el compinche de Von Hayek, expresó su devoción por esa misma deidad holandesa en una entrevista de televisión con Phil Donahue, en abril de 1980, donde Friedman propuso la legalización del narcotráfico como un “bien económico”. La carrera de Friedman en tanto especie dudosa de economista empezó como estudiante de contabilidad, cuando intervino Arthur Burns para transformarlo, como quien besa a la rana, en un dizque economista. La señora Joan Robinson de la Universidad de Cambridge, resumía con justicia a Friedman como el economista del post hoc, ergo propter hoc. Como el asesor económico calificado de pelagatos como el presidente Richard Nixon y el gobernador Arnold Schwarzenegger, algunos críticos astutos podrían interpretar el consejo económico de Friedman, como “regresemos a la Edad de Piedra”.

Los académicos por lo general afirman que el sistema de partida doble propio de los Medici, derivó del desarrollo anterior que hizo la Casa de Bardi.

Esto tiene que ver con la debilidad sistémica decisiva a la que ya me he referido aquí antes, en el pensamiento del sistema soviético. El dogma materialista, como lo representan las fragancias relativamente más fuertes de la versión del “materialismo” de Engels, niega la existencia de los procesos cognoscitivos que distinguen al hombre de los simios, en tanto que fomenta la desconfianza de la “intelectualidad”. De ahí que, las ventajas técnico–militares del sistema soviético, donde no podían despreciarse las facultades creativas del individuo, como lo ejemplificaba Vernadsky o mi fallecido amigo Pobisk Kuznetsov, fueron un factor social que devino en la fuente principal de fortaleza estratégica del sistema soviético, y en una herencia fundamental de Rusia hasta el presente.

De hecho, la función de los préstamos internacionales después de 1971 en el sistema del FMI de la Bechtel de George Shultz y compañía, tiene la misma clase de efecto benéfico para el deudor que el que podría asegurarse un mono en la trampa atrapa monos de un granjero malasio. El banquero sirve a la nación deudora para su cena.

De modo implícito, el desarrollo de la idea de la forma soberana moderna del Estado nacional europeo data de Carlomagno, en tanto que este proceso de lucha por su desarrollo continuó hasta el emperador Federico II (Hohenstaufen). La propuesta explícita de Dante Alighieri, como en el tema del idioma nacional italiano y su uso, y en su De monarchía, fue la propuesta inmediata más significativa a favor del Estado nacional moderno, hasta que fue superada por la Concordantia cathólica de Nicolás de Cusa y por la serie de escritos suyos que cimentaron el ejercicio de la ciencia experimental moderna, como su De docta ignorantia. Los primeros Estados nacionales modernos fueron el de Luis XI de Francia y el del seguidor de la revolución de éste, Enrique VII de Inglaterra.

 

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